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Una veintena de multinacionales —entre las que figuran Google, Microsoft, Ikea, Coca-Cola, Amazon, Volvo y las españolas Iberdrola y Acciona— lanzan este lunes una declaración conjunta en la que respaldan el Régimen de Comercio de Emisiones de la Unión Europea (conocido por sus siglas en inglés ETS) y defienden el “mantenimiento de la integridad” de esta herramienta, la más importante en la lucha contra el cambio climático que tiene la UE. Este posicionamiento claro llega en un momento en el que algunos gobiernos de los Veintisiete, con Italia a la cabeza, han pedido la suspensión del ETS. Al otro lado, en una posición similar a la de este grupo de empresas, están otros ocho países europeos, entre los que destaca España, que defienden este sistema al considerarlo “la piedra angular de la política climática de la UE”.
Joan Laporta continuará como presidente del FC Barcelona después de imponerse con autoridad en las elecciones de este domingo a Víctor Font con el 68,18% (32.934) de los votos, después de haberse escrutado el 100% de las papeletas. Ejercieron su derecho a voto 48.480 socios, el 42,34% del censo. En términos relativos fue la participación más baja desde el 1997 (34,38%); en absolutos, en cambio, la menor desde el 2015 (47.270). “Ha habido una candidatura, la que ha perdido, que presentó una propuesta de división y confrontación. La mayoría de los socios, una mayoría muy amplia, ha votado la nuestra: la de defender al Barça contra todos y contra todo. Es un apoyo a la obra que hemos hecho; nos han dado fuerza para que continuemos la obra iniciada. Este resultado nos da fuerza, nos hará imparables”, destacó Laporta, que pidió un aplauso para Hansi Flick, Deco, Bojan y los técnicos de la cantera.
El Partido Popular comenzó a gobernar en Castilla y León allá por el siglo XX, cuando el muro de Berlín seguía en pie, el último grito en comunicaciones era el fax y casi ningún español había probado el sushi. Han pasado casi 40 años desde aquel 1987, y con ellos han pasado el dominio de la vieja Convergència en Cataluña, el monocultivo nacionalista en el País Vasco o la identificación automática entre PSOE y Junta de Andalucía. Han pasado casi 40 años, y el PP sigue ganando y tiene todas las posibilidades de seguir gobernando en Castilla y León. Con algún mérito extra: hacerlo con un político, Alfonso Fernández Mañueco, que nunca ha debido un voto al entusiasmo. Con la memoria cercana de unos fuegos en los que la Junta distó de tener su mejor hora. Frente a un candidato socialista, Carlos Martínez, con fama de serio y de gestor. Y con un Vox que creía jugar en campo propio y que, según las encuestas, iba a arrancar la rama dorada del 20% de los votos.

La división entre fuerzas políticas similares, sin una diferenciación nítida, al menos en programas electorales regionales, se paga. En Castilla y León, se ha comprobado, como también se constató el mes pasado en Aragón, y, en sentido contrario, en Extremadura. Allí, la coalición de Podemos e Izquierda Unida obtuvo un resultado extraordinario, al doblar casi su representación, superando el resultado de 2015 en pleno auge de Podemos. La subida del PSOE en Castilla y León, con respecto a los comicios de hace cuatro años, a diferencia de lo ocurrido en Aragón y Extremadura, insufla algo de fuerza y optimismo de cara al futuro, aunque se mantiene la preocupación al mirar a su izquierda. Con la división entre sus fuerzas, ahora en pleno replanteamiento, al menos por parte de Izquierda Unida, los comunes, Más Madrid y Sumar, las posibilidades de conformar mayorías se alejan sin remedio.