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Parecía como si la hubieran abducido. Y esas cosas en Hornachos no pasan. En este pueblo pacense de jornaleros y carboneros de 3.400 vecinos, en la ladera de una sierra que lleva su nombre, cuya tierra sembrada de olivos y vid ni siquiera atrae mano de obra migrante, lo más raro que había pasado ese año había sido cuando se perdió Juan, que fue encontrado al día siguiente desorientado en el campo. Un municipio donde las vecinas cuidan de las hijas de los otros, donde la gente se conoce por el apodo y sabe cuándo el familiar de otro ha tenido que ir al hospital. Un lugar donde una mujer de 59 años como Francisca Cadenas no podía desaparecer sin que nadie se lo explicara en un tramo de 50 metros, en 15 minutos. En una calle sin salida, solo a través de un callejón por donde no pasan los coches. Porque esas cosas no pasaban en municipios como este. Hasta que se perdió Francis el 9 de mayo de 2017. Y de repente, Hornachos se miró a sí mismo por primera vez con sospecha: “Ha tenido que ser uno de nosotros”. El juez decretó este sábado prisión provisional para dos vecinos por asesinato.
Detrás del arresto de José M. G. el miércoles como presunto autor del incendio en el que murió su expareja, Dolores; la madre de ella, Antonia; y Laura Valentina, una vecina, hay un historial de violencia machista perpetrada siempre en Miranda de Ebro, una localidad de 36.000 habitantes al noreste de Burgos. José, de 60 años, es lo que se conoce en lenguaje técnico como un agresor persistente, uno de esos hombres que a lo largo de su vida ejercen violencia contra más de una mujer. Es el supuesto autor de la agresión machista con más víctimas —entre muertas y heridas— desde que hay registros. Acababa de salir de la cárcel, donde había cumplido su segunda condena por agredir y atar con cadenas a una expareja. La jueza lo envió a prisión sin fianza el viernes tras un interrogatorio de hora y media. Se enfrenta a tres delitos de asesinato, entre otros. Algunas de sus agresiones del pasado, según su entorno, han quedado impunes.
“Más de un millón de personas han visto la charla Tedmed de Marc. Más de 7.000 millones, no”. La página de presentación de Marc Abrahams en la web de la comunidad que dirige, Improbable Research (“investigación improbable”), da pistas sobre quién es y cómo el sentido del humor gobierna su vida. Matemático aplicado por Harvard, Abrahams (Newburyport, EE UU, 70 años) fundó Wisdom Simulators, una empresa que usaba ordenadores para que la gente practicara tomando decisiones imposibles. Es decir, antes de los Ig Nobel, ya le obsesionaba la improbabilidad.

Karina Sainz Borgo (Caracas, 44 años) revolucionó el panorama literario español e internacional con la publicación de su primera novela, La hija de la española (Lumen, 2019), traducida a más de 20 idiomas; se consolidó como una novelista sólida con El tercer país (Lumen, 2021), y experimentó con La isla del doctor Schubert (Lumen, 2023). Ahora publica Nazarena (Alfaguara, 2026), una saga familiar en la que ocho hermanas viven en una casa como en una jaula, al mismo tiempo que está inmersa en la promoción de Aún es de noche en Caracas, la película de Mariana Rondón y Marité Ugás basada en La hija de la española, que se estrenó en los cines de Chile, Argentina, Bolivia, Colombia, México, El Salvador, Guatemala, Costa Rica y Panamá y que llegará a finales de marzo a Netflix.


Quedamos a la una de la tarde en un bar de menú en una de esas callejuelas de detrás de la Gran Vía de Madrid donde lo mismo te encuentras a los colegas de la oficina comiendo solos con el móvil que a unos guiris tratando de descifrar lo que es el potaje de vigilia y las torrijas. Coronas llega pelín tarde, avisando cada cinco minutos por SMS, eso sí, porque no gasta WhatsApp, pero lo cortés no quita lo valiente, ni viceversa. Vestido entre motero y hippie, con unas gafas de presbicia colgando del cuello, se pone a las órdenes del fotógrafo y empieza provocando: “La entrevista está muy bien, pero tú y yo sabemos que lo que importa es la foto”. Va de farol, porque luego entra, noblote, a todos los trapos.

Javier Coronas (Barcelona, 56 años) inició su carrera como locutor y colaborador en medios de comunicación en Zaragoza, pero confiesa que, cuando empezó realmente a disfrutar de la vida, fue cuando se la jugó profesionalmente y decidió dedicarse al humor en exclusiva. De eso hace un cuarto de siglo. Desde 2008, es el presentador de Ilustres ignorantes (Movistar Plus+), la tertulia de humor por la que han pasado cientos de invitados con la única premisa y guion de sacarle punta a a todo y a todos. Sus regalos absurdos para los invitados son tan míticos como sus capotes y estocadas a sus compañeros. Desde septiembre de 2025, Raúl Cimas ocupa en la mesa el hueco dejado por la baja de Javier Cansado mientras se recupera de un cáncer.
Andaba yo preparando un libro que me exigía reunirme con periodistas talluditos para que me contasen historias, y amenacé con llamarle “un día de estos” para sonsacárselas. “Llámame cuando quieras —me dijo—, pero como tardes mucho, igual me llamas después de muerto”. Era paradójico que alguien tan supersticioso, tan coqueto y que se enfadaba tanto si le llamaban viejo bromease con ese desparpajo sobre la muerte.
Un cuento de Woody Allen recrea un célebre pasaje de la Biblia, cuando Dios se le aparece a Abraham y le ordena matar a su hijo Isaac. Así que Abraham se levanta y le dice: “Isaac, ponte los pantalones”. Cuando le explica que tiene que matarlo porque se lo ha dicho Dios, el chaval no se cree que su padre le haga caso, así como así, sin decir nada. Su mujer también le echa la bronca por creerse lo primero que le cuenta uno que pasa por ahí a las dos de la madrugada. Pero cuando Abraham se dispone a sacrificar a su hijo, el Señor interviene para pararlo, le dice que era una broma y le asombra que se lo haya creído. “Nunca sé cuándo hablas en serio”, lamenta el patriarca.

La belleza resalta a las personas, pero también puede opacarlas. Para Olatz Schnabel, su arrebatadora belleza nunca fue un problema. “Al revés, lucir bien me ha abierto muchas puertas”, reconoce en conversación con EL PAÍS. “Conozco a mujeres increíblemente guapas que son muy inseguras. De alguna manera, no son capaces de verse bellas. A mí me pasó. De muy joven, no me acababa de ver guapa. Ahora, cuando veo una foto mía de esa época, pienso: ‘Pero si era la bomba. ¿Cómo no me daba cuenta?”, explica sentada en el salón de su casa, un gran ático con vistas al Palacio Real en Madrid. Mientras habla, su perro, Tuno, le lame vorazmente sus zapatos aterciopelados de Manolo Blahnik.

Las líneas amarillas indican lo que gana esa persona en un día. Las líneas rojas indican el precio total de la consulta.