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Leo Messi, que con apenas 20 años todavía no sabía lo que era levantar un Mundial ni convertirse en el futbolista que marcaría la historia, sostenía con cierta timidez un bebé de seis meses que chapoteaba dentro de una bañera. Un patito de goma entre ambos arrancó las sonrisas de los presentes y deshizo la tensión que suele imponer una cámara. Nadie prestó demasiada atención a aquella fotografía, parte del calendario solidario de Sport de 2008, hasta hace dos años. Casi dos décadas después, la escena adquiere un significado imposible de prever: este domingo, el joven futbolista que bañaba al niño y aquel bebé se enfrentarán en la final del Mundial entre Argentina y España. Messi y Lamine Yamal. El vigente campeón que ha dominado el fútbol frente al futbolista llamado a liderar la siguiente generación. “He crecido un poquito, y Leo también. Ojalá sí que pueda enfrentarme a él en una final, ya que no se pudo en la Finalissima”, bromeó Lamine Yamal a Dazn recientemente sobre la fotografía. “Lamine era muy simpático. Se ganó a Messi en dos sonrisas”, recordada hace dos años a EL PAÍS Joan Monfort, fotógrafo de la escena. Una imagen, tan inocente como fortuita, que invita a hablar de legado y sucesores, y que este domingo tendrá un capítulo más.
A España le espera la campeona del mundo, de América y del orgullo. Nadie se rebela como ella contra su propia muerte. Lo volvió a hacer en las semifinales, pero con una diferencia sustancial respecto a las penurias que sufrió con Cabo Verde, Egipto y Suiza: esta vez no sobrevivió a su precariedad, sino que desató una tormenta de fútbol que arrasó en la segunda parte a una selección inglesa muy cicatera.
Diez Estados miembros de la Unión Europea reclaman diluir el calendario y las condiciones de la próxima reforma del Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (ETS, sus siglas en inglés). El texto, firmado por Bulgaria, Chipre, Chequia, Estonia, Grecia, Hungría, Italia, Polonia, Rumania y Eslovaquia, eleva la presión sobre la Comisión Europea, que presentará el viernes su propuesta de revisión de ETS cuando la regulación —pese a los rigores cada vez más claros de la crisis climática— se ha convertido en un asunto enormemente divisivo en la UE y atacado por amplios sectores; también por la ultraderecha. Los diez países aluden a la competitividad y piden recalibrar el ritmo y el coste de la transición para un bloque de economías que combinan una base industrial pesada con una factura energética ya elevada. El Régimen de Comercio de Derechos de Emisión arrancó en 2005 e impone un sobrecoste a aquellas industrias que expulsan más CO₂, el principal gas de efecto invernadero.