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La muerte de un hombre de 38 años, uno de los dos participantes que entraron en parada cardiorrespiratoria en la última media maratón de Madrid, celebrada el pasado mes de abril, volvió a instaurar en la esfera pública el debate sobre los posibles riesgos para la salud cardiovascular de las grandes pruebas de resistencia (maratones, ultramaratones, triatlones, ironman, etc.). La atención mediática que generan estos sucesos, unida a la aparición de algunos estudios que alertaban de la existencia de una hipotética dosis segura máxima, más allá de la cual los efectos adversos del ejercicio para el corazón podrían superar a sus beneficios, despiertan de forma puntual la alerta sobre la práctica de unas pruebas deportivas que cada vez ganan más adeptos.
Quizá recordéis la escena de Minority Report en la que Tom Cruise manipulaba enormes pantallas transparentes moviendo las manos con unos guantes especiales. Cuando la película se estrenó en 2002, aquella interfaz parecía un ejercicio de imaginación pura, una forma vistosa de representar cómo sería la tecnología dentro de décadas. Sin embargo, poco más de veinte años después, el control por gestos, las pantallas táctiles avanzadas o la realidad aumentada son tecnologías plenamente desarrolladas. Algo parecido ocurrió con las videollamadas que asombraban en Blade Runner en 1982, o con la inteligencia artificial capaz de mantener conversaciones naturales que Tony Stark utilizaba en Iron Man en 2008. Escenas que entonces pertenecían al terreno de la ciencia ficción hoy resultan sorprendentemente familiares. Y no es casualidad: en la actualidad, el mercado está empezando a llenarse de dispositivos que parecen sacados del cine futurista, pero que ya se pueden comprar —o estarán disponibles muy pronto— y empiezan a formar parte de nuestra vida cotidiana. Estos son algunos de los más sorprendentes.
La obra de Banksy se ha construido sobre la crítica política y social de sus dibujos con plantilla y el misterio que ha rodeado su verdadera identidad. En distintos momentos de la historia reciente, medios e investigadores han dedicado todos sus esfuerzos a tratar de desvelar quién es la persona o el colectivo que se oculta detrás de todas las máscaras y sombras sobre las que se ha escondido uno de los representantes más importantes del arte actual. Ahora, un reciente informe de Reuters ha roto el misterio al certificar que Robin Gunningham es el nombre real del creador. Se trata del mismo hombre al que se había identificado ya en 2008, la diferencia es que su entorno ni confirma ni desmiente esta reconfirmación, la clave que otorga a esta investigación una autoridad hasta entonces desestimada por quienes hacían de portavoces de Banksy.
Madrid se ha convertido, casi sin querer, en un unicornio europeo: ese ejemplar rarísimo cuyo valor proviene precisamente de su excepcionalidad. Una ciudad idílica y, además, barata. Para los ricos, claro está. La revista inglesa Monocle, que cada año publica su ranking de calidad de vida, calificó la capital española como la segunda ciudad más habitable del mundo en 2025, solo por detrás de París. En 2015, ocupaba el puesto 16. El salto no es menor. Madrid es, según la publicación, la mejor ciudad para la salud, gracias a “un equilibrio favorable entre vida laboral y personal y una comida deliciosa”.
La soledad fue el precio glosa la vida de Carmen Díez de Rivera en un libro escrito por la filóloga y escritora catalana Carmen Domingo. Su lectura genera una evocación agridulce en quienes conocimos de cerca a la mujer que, tras la Reina, más alto cargo político ocupara durante la Transición de la dictadura a la democracia, como consejera áulica del Rey y jefa de Gabinete de Adolfo Suárez.


Es de libro: hecha la ley, hecha la trampa. El alquiler de temporada fue hace dos años la vía de escape ante la regulación del precio de los alquileres en Cataluña y rompió el mercado. Regulado desde enero el alquiler de temporada y de habitaciones en la comunidad (debe ajustar el precio al índice oficial a no ser que sea alquiler vacacional), los operadores con menos escrúpulos del mercado buscan nuevas fórmulas para seguir al margen del control de rentas. El termómetro suelen ser los portales de internet y los contratos que se firman. En algunos los portales, desde hace semanas abundan los anuncios de pisos de alquiler de temporada que incluyen esta precisión: “Para uso recreativo, cultural o de ocio”, justo los casos en los que los caseros pueden esquivar el control de precios. Por pisos de dos habitaciones y contratos a partir de un mes, piden importes que superan de largo los del índice oficial pero están por debajo del astronómico coste del alquiler de un piso turístico.
A medida que los efectos de la guerra en Oriente Medio causada por el ataque de EE UU e Israel a Irán se hacen más evidentes y golpean el bolsillo de la mayoría de los ciudadanos, el debate sobre la transición hacia una economía libre de combustibles fósiles vira con más fuerza hacia la seguridad. “Nuestra adicción a los combustibles fósiles está desestabilizando tanto el clima como la seguridad global”, sostiene António Guterres, secretario general de Naciones Unidas. “Debemos acelerar una transición justa hacia las energías renovables”, añade. “Las renovables ofrecen seguridad climática, energética y seguridad nacional”.

Para entender qué es la porrusalda –o purrusalda– no hace falta más que desgranar su nombre, que viene del euskera: porro u purru hace referencia a “puerro” y salda a “caldo”. Se prepara en el País Vasco, La Rioja y Navarra y es una clara representación de la cocina sencilla que nace de lo que da la huerta. En este caso, puerros, zanahorias, patatas, y a veces, cebolla o ajo. Lo mejor de este plato, si me preguntan, es que es accesible en todos los sentidos: lo puede preparar alguien que no ha entrado en una cocina en su vida porque es facilísimo, es económico y apto vegetarianos y veganos.