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Vacunarse contra la nostalgia no es incompatible con echar la vista atrás y señalar aciertos; se pueden celebrar los logros del pasado sin santificarlo y señalar sus defectos sin demonizarlo. En esto pensaba mientras veía el pasado domingo el programa que dedicó Anatomía de... a Homo zapping.
Durante años, Attahiru Bala, un profesional de la salud en la zona rural de Bwen, en Nigeria, siguió una estricta rutina diaria para asegurarse de que sus linternas frontales y lámparas de pie permanecieran completamente cargadas para estar preparado ante emergencias nocturnas. En este pequeño pueblo de la región de Baruten, al norte del país africano, no hubo suministro de electricidad hasta hace tres años, cuando una compañía comenzó a instalar una microrred de energía solar. Un año antes de que se hiciera la luz en Bwen, Bala vivió una noche infernal. “Tuve una emergencia para atender un parto por la noche, pero olvidé que no había cargado mis lámparas”, narra.
En este ensayo breve y contundente, la periodista e historiadora tunecina Sophie Bessis (1947), especializada en las relaciones norte-sur y en la condición de la mujer en África y el mundo árabe, traza la historia de una falsificación: la de la popularización del término “civilización judeocristiana”.

Será por el k-pop, por el cine o simplemente porque está buenísima, pero la cocina de Corea ha pasado de ser casi desconocida en España a tener una importante presencia en muchas ciudades. Mientras la oferta de restaurantes coreanos crece, no está de más aprender a preparar en casa algunas recetas fáciles de ese país que no requieran demasiados ingredientes exóticos (o que si requieren alguno, sea fácil de encontrar en tiendas de productos asiáticos).

Échale la culpa a su exuberante huerta, al Mediterráneo o a la habilidad de los locales con la cocina, pero pocas regiones cuentan con un repertorio culinario tan espléndido como el de Murcia. La cantidad de platos tradicionales incontestablemente deliciosos sorprende en una comunidad autónoma de una sola provincia, y uno no se acaba de explicar por qué muchas de sus especialidades no son demasiado conocidas fuera de sus fronteras.





El nombre de Koji Yanai empezó a circular en el mundo como el del productor de Perfect Days, la película dirigida por Wim Wenders que le valió a Koji Yakusho el premio al mejor actor en Cannes en 2023, y representó a Japón en la 96ª edición de los premios Oscar de 2024. Ahora, el cine lo ha vuelto a llevar a los escenarios internacionales como cofundador del Fondo Cinematográfico para el Desplazamiento (DFF, por sus siglas en inglés), un proyecto de apoyo a cineastas que tuvieron que abandonar por la fuerza sus países o cuya obra trata el tema del desplazamiento. Que el papel de Koji Yanai como directivo de la multinacional de moda rápida Uniqlo sea menos conocido responde a una estrategia corporativa.

“Las manos juegan un papel bien importante”, dice Alicia Pacas mientras va cerrando y dándole forma a la pupusa que acaba de elaborar frente a un reducido público en una de las cocinas de Infinito Delicias, en Madrid. Palmea la masa de maíz rellena de chicharrón, frijoles y queso hasta que, lo que comenzó siendo una bola, se convierte en una tortilla plana y gruesa. “A hacer las pupusas aprendí después de la guerra”, afirma mientras comprueba —directamente con la mano, como solo una experimentada cocinera podría hacer— el calor de la superficie donde, poco después, se cocinará esa pupusa junto a otras tantas, que el público degustará acompañadas de música.
Un misterio que ha tardado casi medio siglo en resolverse y que puede arrojar algo de luz sobre un dilema bastante cotidiano, sobre todo en vacaciones: cómo debe alguien que visita un lugar durante varios días decidir a qué restaurante ir cada jornada con el objetivo de maximizar su experiencia. Para entenderlo, hay que rebobinar hasta finales de los años 70, cuando el físico estadounidense Richard Feynman (1918–1988) —Premio Nobel de Física en 1965 por su trabajo en la electrodinámica cuántica (QED), que estudia cómo interactúan la luz y la materia— quedó con su amigo, el escritor y cineasta Ralph Leighton, para almorzar en el restaurante tailandés Indra, en Glendale (California). Este dudaba entre pedir su plato preferido, el pollo al jengibre, o probar algo nuevo que pudiera sorprenderle. Un dilema que asalta a casi todos los comensales cuando conocen de antemano la carta: ¿ir a lo seguro o descubrir una receta nueva, aun a riesgo de que no guste?
Los neoyorquinos no han esperado para hacer sentir su molestia con la visita de Donald Trump en una de las noches deportivas más importantes de las últimas décadas en la ciudad. En un Madison Square Garden a rebosar, mientras sonaba el himno nacional antes del comienzo del primer partido de las Finales de la NBA en Nueva York en 27 años, los aficionados estallaron en abucheos cuando el presidente de Estados Unidos —el primero en funciones en asistir a un juego de final de la liga nacional de baloncesto— apareció en su palco, rodeado de cristales antibalas, y proyectado en la pantalla gigante. El republicano esbozó una sonrisa burlona de vuelta para dar inicio al encuentro entre los Knicks y los San Antonio Spurs en una serie que lideran los neoyorquinos 2-1 pese a caer ante los texanos este martes.