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Portugal es el primer país del sur de Europa que pone máquinas en los supermercados que devuelven tickets canjeables por dinero a los consumidores si retornan las botellas de plástico y las latas de bebidas vacías para mejorar el reciclaje, lo que se denomina un Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR). Para ello se ha creado la marca Volta, cuyo máximo responsable es Leonardo Mathias (59 años, Lisboa), un ex secretario de Estado de Economía luso con experiencia en finanzas y banca que debe sacar adelante el que está considerado como uno de los mayores proyectos ambientales puestos en marcha en Portugal. Hace unos días, estuvo en Madrid para contar su experiencia a los envasadores y distribuidores que están trabajando en un SDDR propio para España. Según cuenta, si el sistema portugués representa un enorme desafío logístico y de cambio de hábitos, el español es casi 10 veces más grande: “Será la mayor start-up [empresa nueva] española”, destaca.



Son las tres de la tarde y el asfalto de Madrid quema. El aire se siente tan pesado que las ondas de calor, esas que se ven al mirar un punto vacío, podrían cortarse con un cuchillo. Carlos Correa no mira el móvil ni los pedidos: busca sombra. Un parque, un centro comercial, cualquier resquicio de aire fresco se ha convertido en un refugio contra el infierno de la intemperie. “O me quedo esperando donde corre la brisa, donde hay un poco de sombra, o no llego al final del turno”.


El viaje en el que nació Meteoríticas recuerda a la película Thelma & Louise, aquella road movie protagonizada por dos mujeres que triunfó en los noventa. Brasil, 2017. Tres científicas conducen durante dos días, desde Río de Janeiro hasta Bahía, siguiendo el rastro de un meteorito. El trío, que se conoció en los pasillos de la universidad, sale del laboratorio, se cala el sombrero de ala ancha, y viaja en un coche alquilado por polvorientas carreteras que se adentran en tierras cada vez más áridas.



Gabriella Conti, economista del University College de Londres, lleva años investigando algo de lo que todavía existe escasísima evidencia científica: el coste económico de la menopausia. Este periodo biológico de las mujeres ocurre entre sus 45 y 55 años, cuando muchas de ellas están en lo más alto de su carrera profesional. Y, según explicó Conti en una conferencia reciente en la Fundación Areces de Madrid, la menopausia puede afectar a múltiples dimensiones de la vida. Los costes económicos incluyen la incapacidad temporal para trabajar con la misma productividad que antes, la sobremedicación por motivos psicológicos y el mayor uso de los servicios sanitarios. Y si la mujer abandona el mercado laboral, se convierte en una carga adicional para la Seguridad Social. Todas las mujeres pasarán antes o después, y de forma más o menos problemática, por la menopausia. Sin embargo, esta es una dimensión que no ha interesado a los economistas. Hasta ahora.

La víspera de los cuartos de final contra Bélgica, a Luis de la Fuente le entró un ataque de risa en la rueda de prensa. Un periodista mencionó que a Dani Olmo el penalti que falló Eloy en 1986 le resultaba tan remoto como Marco Aurelio. Al seleccionador, en el trance de prepararse para la ocasión histórica de clasificar a España para la segunda semifinal mundialista de su historia, le costó trabajo apaciguar la carcajada. No parecía demasiado nervioso, y en parte es por Marco Aurelio.

Jesucristo resucitó al tercer día tras su crucifixión. Ernesto Castro (Madrid, 35 años) ha necesitado un poco más de tiempo para su renacimiento. Hace un año y medio, el filósofo y ensayista, popular entre los mileniales por sus vídeos de YouTube en los que reflexiona sobre temas de la cultura contemporánea como el 15-M, el trap o el poliamor, abandonó a sus 170.000 feligreses para recorrer esa ruta del calvario llamada depresión. En una visita al monasterio de Santa María de Montserrat tuvo una revelación. Castro, profesor universitario de Estética criado en el más estricto ateísmo, se convirtió al catolicismo frente a la imagen de la Virgen. Hace unas semanas, reapareció en las redes —“La caverna, el infierno en la Tierra”, dice— para anunciar que se ha bautizado y confirmado y que está en comunión con Dios.

Diez años desde el primer Mad Cool (2016), tiempo en el que se han celebrado nueve ediciones, ya que la pandemia frustró la de 2020 y 2021. Cuarto año consecutivo en el recinto Iberdrola Music, en el barrio de Villaverde, sur de Madrid, un espacio ya consolidado después de cambiar varias veces de localización a lo largo de su trayectoria. Cuatro jornadas, del miércoles 8 al sábado 11 de julio, en las que actuaron 70 grupos y donde pasaron muchas cosas. Este es un balance de la edición 2026 del festival capitalino.
Tener un teléfono móvil inteligente propio es una de las cosas que más desean niños y adolescentes. Ya no solo porque “todos sus amigos tienen uno”, sino porque representa la puerta de entrada al mundo digital: a los grupos de WhatsApp, los videojuegos, las redes sociales y una mayor sensación de independencia y autonomía. Para muchas familias, el verano parece un buen momento para dar ese paso: hay menos presión académica, los padres y madres tienen más margen para preparar el dispositivo y fomentar un uso adecuado y responsable, y los niños y adolescentes cuentan con más tiempo para aprender a utilizarlo y adaptarse a los límites que se establezcan, que servirán de referencia para el resto del año. Sobre todo, esto también sobrevuela la idea de que, con las vacaciones, será más fácil acompañar ese estreno.


A las afueras del oeste de El Cairo, junto a la autopista de Dabaa, se despliega una red de carreteras extensas que recorren un paisaje donde el erial del desierto se ve interrumpido cada ciertos kilómetros por anchos canales de regadío, campos de cultivo y plantas industriales. No se trata de espejismos, ni de un oasis, sino de un proyecto masivo de ganancia de tierras.