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Un nuevo chatbot “oficial y soberano” del Gobierno ayudará al profesorado de la enseñanza pública realizando la primera versión de las evaluaciones de los alumnos, las adaptaciones curriculares de los chavales que las necesitan, y otros documentos que los docentes tienen que redactar a lo largo del curso, además de facilitarles la creación de actividades para el aula. El llamado Programa de Inteligencia Artificial para la Educación cuenta con un presupuesto de 140 millones de euros y, según han adelantado a EL PAÍS fuentes conocedoras del mismo, se pondrá en marcha entre este año y el siguiente. El objetivo es aliviar a los profesores de la carga burocrática, que ha aumentado a raíz de la reforma educativa y se ha convertido en una de las principales causas de su malestar según reflejan tanto las encuestas de los sindicatos de enseñanza como los estudios oficiales. El plan incluye un plan para formar a los docentes en la materia.
Sara Canals (Andorra, 35 años) comenzó a finales de 2022 a cubrir para Cadena SER información desde Washington. Desde hace unas semanas, también se encarga del podcast Una Casa Blanca (SER Podcast). Con él aborda y analiza en profundidad temas en torno a la institución que no aparecen en la sección de noticias de última hora.
Cuando Richard E. Grant (68 años) encargó una escultura gigante del rostro de Barbra Streisand para el jardín de su casa de Richmond (Londres), el actor todavía no había conocido en persona a la cantante, pero era un gran admirador suyo. Coincidió con ella por primera vez en 2020, en una fiesta organizada por la diseñadora Donna Karan en Nueva York, cuando la empresa de efectos especiales a la que le había solicitado el busto estaba todavía trabajando en él. “Hablé con ella cara a cara y al final le dije: ‘Tengo algo que confesar... He encargado una escultura de más de medio metro de altura de tu cabeza, favoreciendo tu perfil izquierdo —que es desde donde le gusta que le hagan las fotos— para mi jardín’. Y ella me respondió: ‘Estás loco”, ha revelado el intérprete en el podcast Roots, de la Real Sociedad de Horticultura (RHS) del Reino Unido.
“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta”. Así empieza una de las novelas más importantes de la literatura universal contemporánea que, escrita por el autor ruso Vladímir Nabokov, introducía al lector en la mente de Humbert, un pederasta que narra la historia sobre cómo se obsesiona con una menor de edad. Durante la novela, su voz responde a la de un narrador no fiable, es decir, uno que hace dudar al lector de la veracidad del relato.
Si dejáramos hablar solo al dinero, no habría discusión: en estrictos términos pecuniarios, las semanas de la moda son, como el turismo, un gran invento. El impacto en las economías de las ciudades por donde pasa el gran espectáculo (digan circo, si prefieren) de la industria del vestir cada seis meses avala por sí mismo un sistema centenario de probada resiliencia ante cualquier vicisitud, ya sea la inestabilidad geopolítica, la desaceleración del consumo, los vaivenes de los mercados e incluso las crisis sanitarias. Ahí están los 400 millones de euros anuales que ingresa París entre las presentaciones de prêt-à-porter —mujer y hombre— y alta costura, según cifra la Federación de la Moda Francesa, que se disparan hasta los 1.200 millones sumando lo que dejan las ferias textiles celebradas a la par. O los cerca de 500 millones totales derivados de las pasarelas de Milán (239 millones solo con la femenina en septiembre de 2025, por ejemplo, un crecimiento del 12% respecto a la anterior de febrero, en estimaciones de la Camera Nazionale della Moda). Hasta las más mermadas Nueva York y Londres mantienen el músculo, con 800 y 300 millones de euros, respectivamente, que revierten en las arcas municipales y, por extensión nacionales, al año. Hoteles, bares y restaurantes, tiendas, servicios de transportes, agencias de producción y relaciones públicas, modelos y fotógrafos, estilistas, peluqueros y maquilladores, técnicos de luz y sonido —más de 600.000 puestos de trabajo directos e indirectos en París, alrededor de 560.000 en Milán, casi 200.000 en Nueva York—, aquí ganan todos. Menos quienes deberían ganar de verdad.
De joven, Adolfo Aguilera tuvo un accidente de moto en Madrid, cerca de Manuel Becerra. Entonces tenía muchos amigos, pero no se atrevió a llamar a ninguno para que recogiese su moto. Tuvo que pagar a un taller. “Yo salí dos veces del armario. La primera cuando me acepté como hombre gay y la segunda como motero. Entre mi círculo de amistades no lo comentaba, era una afición fuera del mundo gay. Pensaba que iban a decir: ‘Mira al tonto ese, que va de machito”, recuerda. Ahora tiene 66 años y una Honda VFR1200 gracias a la que ha conocido a grandes amigos y, sobre todo, a su actual pareja.

A finales de octubre de 2021, el Ministerio de Igualdad contactó a la jurista Adilia de las Mercedes ―especializada en Derechos Humanos, en salud sexual y reproductiva y en legislación internacional y experta para organizaciones como Naciones Unidas y gobiernos de Asia, Europa y América― para encargarle lo que desde la institución llamaron un “esqueleto” para la reforma de la ley del aborto en la que el ministerio estaba trabajando. Según la documentación, aquel “esqueleto” acabó siendo el borrador de la norma, aprobada en 2023. Nunca le pagaron realmente por ello y le prohibieron decir que era la autora. Y la documentación es la demanda que ahora la jurista ha interpuesto contra Igualdad ante la Audiencia Nacional. Solicita que los contratos por aquel trabajo se consideren nulos, alega que el ministerio se apropió de forma ilegal de ese trabajo, que lo invisibilizó, que existió violencia institucional, y que todo lo anterior fueron hechos que “solo pueden calificarse como discriminación por razón de origen nacional por parte de la Administración” ya que ella, con nacionalidad española desde hace años, nació en Guatemala. Tiene 47 años y 25 de carrera profesional. En aquel momento, la ministra era Irene Montero y en el escrito aparecen, sobre todo, cinco altos cargos de aquel equipo, que han rechazado las acusaciones.


“Tengo 45 años y llevo desde los 17 en la carnicería, estoy pa jubilarme ya”, bromea David de la Riva Rodríguez, haciendo gala de ese humor sin aditivos —como los embutidos que fabrica— de los pueblos de montaña. Quien ha probado sus productos espera que no lo haga, aún, por mucho tiempo. No en vano este pequeño charcutero de Campomanes, una localidad de 600 habitantes en el valle del Huerna, es considerado un auténtico maestro del tradicional embutido asturiano ahumado con leña de roble.



Esta semana se espera la sentencia del primer gran juicio sobre redes sociales y la adicción de los menores a las mismas, que tendrá lugar en Los Ángeles, California. Sin embargo, Nuevo México se le ha adelantado por apenas unas horas con una condena ejemplar. Un jurado ha determinado que Meta, la propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, es culpable de utilizar sus plataformas sin la seguridad necesaria, lo que hace que los depredadores sexuales puedan contactar con los niños con más facilidad, y que lo hace a sabiendas. Eso supone una violación a las leyes del consumidor de Nuevo México, e implicará una multa para la empresa tecnológica de 375 millones de dólares (unos 323 millones de euros) en daños para el Estado, en uno de los mayores golpes jurídicos de la historia para la plataforma. Aun así, es mucho menos de los alrededor de los 2.000 millones que calculaba la fiscalía para pagar a los, afirman, más de 207.000 menores que accedieron mensualmente a sus webs.

La sabiduría popular —y las clínicas de reproducción asistida— llevan décadas aconsejando a los hombres que se abstengan de eyacular varios días antes de que entreguen una muestra de semen. Parece de sentido común: hay que acumular esperma para tener más cantidad. Pero la ciencia lleva tiempo insinuando que esa estrategia puede ser contraproducente. Ahora, el mayor metaanálisis realizado hasta la fecha sobre el tema confirma que el esperma almacenado se deteriora, y que, si lo que se busca es mayor fertilidad, hay que eyacular con regularidad, ya sea mediante actividad sexual o masturbación. Hacerlo produce gametos de mayor calidad y con menos daño en el ADN.