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Imaginemos una situación aparentemente sencilla. En un instituto hay varios profesores que pueden impartir una misma asignatura. Uno de ellos lleva acompañando al mismo grupo desde 1.º de ESO y estaba previsto que continuara con ese alumnado en 3.º. Conoce sus fortalezas y dificultades, ha construido una relación de confianza con las familias, coordinado medidas de apoyo con el resto del profesorado y desarrollado materiales específicos para quienes presentan mayores dificultades de aprendizaje. Otro profesor acaba de adquirir una categoría administrativa superior y, en virtud del sistema de reparto vigente, tiene prioridad para elegir grupo. Como consecuencia, la continuidad educativa del primero se rompe y el grupo pasa a manos de un docente que, aunque pueda ser igualmente competente, nunca ha trabajado con ese alumnado.
La temperatura más alta registrada en la historia en España es de 47,6 °C y se dio el 14 de agosto de 2021 en La Rambla (Córdoba). Esto es con los sistemas de medición oficiales de la Agencia Española de Meteorología (Aemet), siguiendo siempre los mismos criterios, y en sitios donde no incide directamente el sol, pues puede haber otros registros que no tienen validez. Tras dos olas de calor en lo que va de verano y con el progresivo incremento de los días abrasadores, la pregunta es: ¿hasta qué punto está España cerca de un récord de 50 grados?

El viernes pasado, tras el España—Bélgica, necesitaba bajar de revoluciones antes de acostarme, así que me di al zapeo, una actividad que he tildado de retro en esta misma columna hace poco. No tuve que viajar lejos: la película que protagonizaba la entrega semanal de Historia de nuestro cine, en La 2, era ¿Quién puede matar a un niño?, de Chicho Ibáñez Serrador. El chiste se hace solo: para relajarme, me senté —me tumbé, si les soy sincera— frente a una de las mejores películas de terror de la cinematografía de nuestro país.

Decir “lo siento” no es suficiente. Al menos no para todas las personas. Mantener un vínculo afectivo se complica cuando hay malentendidos. A veces las conexiones no se rompen por falta de amor o empatía, sino por falta de herramientas para solucionar los conflictos. Y es que todos tenemos necesidades diferentes; para algunos basta con recibir un “perdón” y otros prefieren las acciones antes que las palabras. Un gesto como el de John Cusack en la película Digan lo que digan (Say Anything, en versión original), cuando sostiene un radiocasete frente a la ventana de su amada para reproducir una canción y, sin decir nada, recuperar la conexión entre los dos. Para identificarlas, el pastor y consejero matrimonial estadounidense Gary Chapman propuso los cinco lenguajes del perdón: expresar arrepentimiento (“lo siento”), aceptar la responsabilidad, restituir, cambiar de comportamiento y pedir perdón (“¿me perdonas?”). Un modelo que “la gente toma como horóscopos. Como: ‘esa es mi personalidad, eso es lo que yo soy y es lo que hay’, cuando son una herramienta para conocer qué me sirve y qué no me sirve”, aconseja el psicoterapeuta especialista en relaciones éticas y creador de la red de apoyo Gotitas de Poliamor Jaime Gama.
¿Qué pasa cuando se cruzan la cultura francesa del pan con los sabores de la cocina del sureste asiático? Pues que nace el banh mi, un fantástico bocata surgido en Vietnam en la época de la colonización de Indochina, en el que el cerdo cocinado a la manera local, las verduras encurtidas y las hierbas aromáticas encontraban acomodo dentro de una baguette.
Alguien capaz de ganar un Campeonato de la Unión Soviética (URSS), el de 1971, por delante de tres campeones del mundo (Tal, Smyslov y Kárpov -quien lo fue cuatro años después-), un subcampeón (Bronstein) y otros rivales muy temibles, como Polugaievsky, su rival en la partida de este vídeo) sólo puede ser un fuera de serie. Vladímir Savon fue el protagonista de esa hazaña; sin embargo, sólo es conocido por los aficionados muy versados en la historia porque en la URSS era, en realidad, un gran maestro de segunda fila, si se compara con las estrellas más conocidas.
“Somos humanos y hay días que tienes un impulso”, así explicaba la periodista y tertuliana Marta Gómez Montero este lunes su regreso al plató de Malas lenguas con Jesús Cintora en La 2, justo dos días después de abandonar el programa entre sollozos y asegurando al presentador que prefería “comer mierda” antes que estar ahí“.