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Han pasado 20 años desde que el 6 de julio de 2006 Aquí no hay quien viva echara el cierre a la portería de Desengaño 21. Sus vecinos nunca vivieron la larga crisis económica, la covid, una guerra en Europa y tres presidentes del Gobierno. YouTube entonces daba sus primeros pasos, y el streaming era un palabro que ninguno habría entendido. Aun así, la serie hoy domina a la perfección las nuevas pantallas y logra un hito difícilmente equiparable: sus cinco temporadas están disponibles en las siete principales plataformas de televisión en España. Allí, e incluso solo con los datos de cuatro de ellas, sus capítulos acumulan un promedio mensual de 5,9 millones de espectadores únicos en streaming, como detalla un barómetro de la consultora Barlovento Comunicación.
Como cada vez es más difícil separar lo real de lo virtual, quise creer que había una IA desequilibrada tras la última polémica del Xokas. Influencer, para quien tenga la suerte de no conocerle, cuyos hitos mediáticos han sido congelar basura para no tener que bajarla a diario y considerar “un crack” a un amigo que se mantenía sobrio para aprovecharse de “pibas colocadas”. Pero no era IA, ha pasado. Les ilustro. Después de que la actriz Ester Expósito dijese en el podcast de La Pija y la Quinqui que no quiere dialogar con nazis, el streamer, no sabemos si dándose por aludido, respondió que no merece la pena estar con alguien como ella por su “pensamiento político”. Que “es mejor estar con un seis”. Como si hubiese una posibilidad de que sucediese, cuando solo juntar sus nombres en la misma frase provoca que se ericen los vellos. Ya no digo nada de que les ponga número a las mujeres, pero me intriga qué cifra se pondría a sí mismo.
Que sí, Antonio, que ya sabemos que el gazpacho andaluz es rojo y lleva tomate. Que solo se le puede poner lo que le ponía tu abuela, y que lo demás son moderneces absurdas. ¿Ya te has calmado? Venga, que no es para tanto. Los gazpachos blancos existen desde hace mil años –es un decir– en Andalucía, y remiten a un pasado anterior al siglo XVIII, cuando el consumo del tomate todavía no se había generalizado.

El seitán es una proteína de origen vegetal –concretamente, del gluten de trigo– que suele usarse en guisos, salteados y otros platos calientes, como si en cuanto suben las temperaturas perdiera el derecho a salir de la nevera. Craso error: su textura, su capacidad saciante y el hecho de que se comercialice listo para comer hace que funcione muy bien en ensaladas potentes, de esas que no te dejan con hambre una hora después.
La irrupción de la inteligencia artificial en montones de sectores es imparable. Pero igual que llegan las ventajas, llegan las trampas. Un tribunal laboral del norte de Brasil afrontó hace unas semanas una denuncia laboral de un empleado que había estado tres años trabajando fraudulentamente. Parecía un caso normal, aburrido, pero dio un giro inesperado. Las abogadas del demandante habían ocultado en su petición una instrucción oculta dirigida al sistema de IA del tribunal, llamado Galileu. El texto era en blanco sobre fondo blanco, invisible para el ojo humano, pero no para la IA. Ahí le pedían a la IA que contestara la demanda de forma superficial y no impugnara los documentos. Sin embargo, la propia IA lo detectó y el juez sancionó a las abogadas, con quienes este periódico ha intentado hablar sin éxito a través de su perfil de LinkedIn.
Diez Estados miembros de la Unión Europea reclaman diluir el calendario y las condiciones de la próxima reforma del Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (ETS, sus siglas en inglés). El texto, firmado por Bulgaria, Chipre, Chequia, Estonia, Grecia, Hungría, Italia, Polonia, Rumania y Eslovaquia, eleva la presión sobre la Comisión Europea, que presentará el viernes su propuesta de revisión de ETS cuando la regulación —pese a los rigores cada vez más claros de la crisis climática— se ha convertido en un asunto enormemente divisivo en la UE y atacado por amplios sectores; también por la ultraderecha. Los diez países aluden a la competitividad y piden recalibrar el ritmo y el coste de la transición para un bloque de economías que combinan una base industrial pesada con una factura energética ya elevada. El Régimen de Comercio de Derechos de Emisión arrancó en 2005 e impone un sobrecoste a aquellas industrias que expulsan más CO₂, el principal gas de efecto invernadero.