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Ataca las patatas fritas sin compasión. “Perdón, parezco un glotón, pero es que me he levantado a las seis de la mañana, he venido a Madrid desde León, he tenido una reunión, ahora una comida con mi socia y después me voy a Valencia a buscar unas localizaciones para Volando voy [uno de los programas que presenta en Cuatro]. ¡Tengo un hambre!”, se justifica. Así es Jesús Calleja (León, 60 años). Un torrente de energía y locuacidad que le ha llevado a la cima del éxito. Incansable aventurero y optimista nato, lleva dando vueltas por el mundo desde los 17 años.

Cuando subes desde Murcia capital hacia la comarca del noroeste por la autovía RM-15, hay una visión poderosa que llama siempre la atención y obliga a mirar a la derecha. Un castillo soberbio sobre un espolón rocoso, de un color albero pálido, hecho de costosa sillería finamente labrada y con una torre del homenaje que parece un funambulista en equilibrio sobre el precipicio. Es el castillo de Mula, levantado por los marqueses de los Vélez en el siglo XVI y considerada una de las obras militares más imponentes y mejor conservadas del Renacimiento español.
En la desembocadura de una tradición asentada sobre las ruinas de la Antigüedad clásica, las vanguardias de principios del siglo XX dieron un vuelco a los cánones milenarios al dignificar y buscar inspiración, por primera vez en la historia del arte occidental, en la creación emanada del continente africano. En la estela de aquel cortocircuito provocado por pintores como Matisse o Picasso, el mecenas Alfred C. Barnes levantó en Filadelfia su imponente colección de arte impresionista y modernista con la escultura africana como eje central, en un momento en el que florecía en la Nueva York de los años veinte el Renacimiento de Harlem, el movimiento cultural que definiría la nueva negritud en EE UU a partir de las ideas del filósofo Alain Locke.

El título de esta receta debería haber sido “migas de mi abuela”, en primer lugar, porque es de veras su receta y, en segundo lugar, para que nadie se me ponga chulo y me quiera convencer de que las migas no se hacen así y que se hacen asá. Basta de dogmatismos migueros. Mi abuela María, que había nacido en Filipinas, que quedó huérfana y se crió en un internado de Aranjuez, y que vivió en Madrid hasta que murió a los 92 años, cortaba el pan sentado en cubitos menudos, no lo desmigaba en pedacillos amorfos como es quizá más común, y yo las preparo como ella porque me da la real gana.
Una veintena de multinacionales —entre las que figuran Google, Microsoft, Ikea, Coca-Cola, Amazon, Volvo y las españolas Iberdrola y Acciona— lanzan este lunes una declaración conjunta en la que respaldan el Régimen de Comercio de Emisiones de la Unión Europea (conocido por sus siglas en inglés ETS) y defienden el “mantenimiento de la integridad” de esta herramienta, la más importante en la lucha contra el cambio climático que tiene la UE. Este posicionamiento claro llega en un momento en el que algunos gobiernos de los Veintisiete, con Italia a la cabeza, han pedido la suspensión del ETS. Al otro lado, en una posición similar a la de este grupo de empresas, están otros ocho países europeos, entre los que destaca España, que defienden este sistema al considerarlo “la piedra angular de la política climática de la UE”.