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Para adentrarse en uno de los santuarios secretos de la camelia en Galicia no hay que pagar entrada ni saberse un santo y seña. Hay que ganarse la confianza del dueño. Y jurar que no robarás, ni semillas ni ramas —aunque durante el paseo él mismo te vaya llenando las manos de flores—, porque el verdadero tesoro, para los coleccionistas de camelias, está en la genética. La caprichosa genética les ha empujado a atravesar continentes, a rastrear la selva, a buscar contactos hasta en el infierno, a pagar miles de euros, o a trabajar paciente, discretamente, durante muchos años para conseguir sus propias variedades. Son flores únicas o casi únicas en el mundo. Por eso robar está tan mal visto y es tan injusto.
¿Sirve entrelazar los meñiques o mirar la luz del sol nada más despertar para no levantarse a hacer pis por la noche? Ojalá fuera tan sencillo. Estos son algunos de los trucos virales que circulan en redes sociales y carecen de evidencia científica. EL PAÍS ha consultado a cuatro expertos en urología, nefrología y medicina de familia para explicar hasta qué punto es normal despertarse a orinar y qué estrategias realmente funcionan.
A un lado están las patronistas. Al otro, las costureras. Al fondo se sientan las técnicas. En femenino, porque de sus 70 empleados 63 son mujeres. Las paredes las recorren estanterías llenas de carpetas con figurines y rollos de tejidos. En las mesas se agolpan máquinas de coser, alfileteros, patrones cortados en papel y prototipos diseccionados en un estudio de costuras minucioso. En los talleres de Castor srl en Castellucchio, a 15 kilómetros de Mantua —uno de los vértices, junto con Verona y Brescia, del triángulo de la producción de moda del norte de Italia—, las creaciones de los diseñadores dejan el terreno de las ideas para materializarse en una realidad. “Me gusta decir que somos sus manos”, dice Angela Picozzi (Mantua, 51 años). “Interpretamos lo que tienen en la cabeza”.
Todos coinciden en que hay talento. También en que el desfile es necesario para conectar con la clientela potencial y como herramienta de comunicación, aunque la inversión económica sea importante y quizá le haga falta un poco más de ingenio al formato. Pero algo falla para que la moda española no acabe de importar del todo en el tablero europeo mientras países como Portugal o Dinamarca van ganando terreno y visibilidad. Falla el relato. “Acabo de ver la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, y la moda italiana ha ocupado un lugar central. Si esa ceremonia se hubiese celebrado en España, ¿la moda y alguna de sus figuras icónicas habrían estado presentes? Pues eso”, comenta Pepa Bueno, directora ejecutiva de la Asociación de Creadores de Moda de España. Pero no solo eso. En un país con una tradición textil y artesanal de siglos, faltan talleres, “y una educación acorde que sepa apreciar lo manual y lo productivo”, apunta Valentina S. Zuloaga, cofundadora de la web multimarca de moda española Es Fascinante y actual directora de la semana de la moda de Madrid.
“A todos sorprendió la tragedia, seguramente, pero más que a todos, a ese mundo pintoresco de la escena, donde se ríe y se llora por el oficio hasta el extremo de que cuando se tiene que reír y llorar de verdad, nadie sabe el valor de las lágrimas ni el valor de la risa”. Con estas palabras del periodista Ezequiel Endériz comienza Cómicos en guerra, un “retablo humano” donde Pedro Corral cuenta las vicisitudes de escritores, actores, empresarios teatrales, cantantes y cineastas, de Enrique Jardiel Poncela a Rafaela Aparicio, de Pepe Ysbert a Estrellita Castro, de Jacinto Benavente a la Argentinita, de Raquel Meller a Rafael Gil o Estrellita Castro.

Hay platos que nacen de la lógica más pura, y la que manda en la cocina de pescadores se resume en lo que se pesca en la barca + lo que se puede llevar en ella sin que se estropee + algo que pueda cocinarse en un único recipiente. Estos fideos pertenecen a esa familia de recetas humildes –porque permiten usar cualquier pescado o marisco de tamaño pequeño, gambas descabezadas y demás– que convierte el producto de poco valor comercial en una auténtica delicia. En nuestro caso usamos gambitas blancas y rojas y moxina o pintarroja, todo de la lonja de Vilanova (porque allí lo cocinamos).