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A Curro, el estandarte de la Expo 92, pocos le habían seguido la pista en los últimos 34 años. No había concedido ninguna entrevista, y solo había aparecido públicamente en el 20º aniversario del evento que situó a Sevilla en el mapamundi. Parecía haberse esfumado de un plumazo –valga la comparación al ser un personaje que representa a un pájaro con patas de elefante y cresta multicolor– casi con la misma rapidez con la que se convirtió en un icono nacional. Hasta el pasado fin de semana. No pudo resistirse a la tentación del evento que tendría lugar junto a su casa. El domingo se dejó ver de nuevo por el Estadio La Cartuja, el de mayor capacidad de la capital hispalense, con 70.000 espectadores, con motivo de la celebración de la tercera edición de LALIGA DE LAS MASCOTAS, el torneo que une a los animadores de los equipos de LALIGA en torno a un objetivo común: que los niños y niñas disfruten del fútbol de una forma diferente.



A sus 45 años, KC Wolf, la mascota de los Kansas City Chiefs, el equipo de NFL invitado a la tercera edición de LALIGA DE LAS MASCOTAS, tiene en su palmarés tres SuperBowl (2019, 2022 y 2023). Le acompaña Henry, un trabajador del club que actúa como su portavoz. “Lleva mucho tiempo con nosotros, pero este que vemos aquí es su primo español”, explica, en referencia al nombre que figura detrás de su camiseta, KC Lobazo. Es una estrategia para acercar el personaje a distintos mercados: en Alemania se llama KC Wolfgang; en Reino Unido, KC Wolfington. “Le encanta la energía de la gente, mira cómo se mueven sus ojos de la emoción”, bromea Henry. Y apunta: “Los españoles son diferentes a los estadounidenses, pero en lo que se refiere al deporte tenemos mucho en común: los cánticos, la emoción con la que se vive... Seguro que a KC Lobazo le encantaría volver a Sevilla”.
Hay marcas que nacen como meras empresas y terminan convertidas en paisaje y territorio. A orillas del río Cidacos, Victoria y Arnedo hace tiempo que se confunden. Porque el impacto de la firma en la localidad riojana no se mide en metros cuadrados, volumen de producción o mano de obra, sino antes en raigambre. Una cuestión de tejido social y cultural, de valores compartidos. Ese olor dulce, casi de golosina, de su producto estrella posee el poder proustiano de desencadenar la memoria colectiva de varias generaciones que entienden que un humilde tipo de calzado deportivo es, en realidad, un estrato geológico en una historia colectiva/compartida. La identidad misma de un pueblo que echó a andar para que otros pudieran correr.
Francisco empezó a encontrarse mal en julio de 2024. Tenía 11 años, vivía en Mozambique y, poco a poco, fue perdiendo el apetito y las fuerzas. Los médicos no supieron diagnosticar qué le pasaba. “Nos dijeron que no tenía ninguna enfermedad”, relató su padre meses después en una clínica de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Mueda, en el norte del país. No fue hasta una nueva visita al hospital, en marzo de 2025 y tras repetirle las pruebas, cuando llegó el diagnóstico: tuberculosis resistente a los medicamentos. Para entonces habían pasado ocho meses desde los primeros síntomas.

Durante largo tiempo, la historia de Roma —la historia en general— se ha explicado en masculino: tan solo emperadores y generales, oradores y juristas, historiadores y poetas enhebraron su relato. En esa narración monumental, las mujeres han aparecido siempre como prisioneras de ese mundus muliebris definido en masculino por Tito Livio. La agencia de las mujeres la definían los varones y las mujeres tenían dos opciones, o acatar púdicamente su dictado o asumir los riesgos de hacer sentir su voz y perseverar en su ser.
