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Meta y YouTube han sido declaradas culpables de generar adicción entre los menores y de engancharles en sus plataformas. Así lo afirma la decisión del jurado en el caso, pionero en Estados Unidos, que comenzó a finales de enero en Los Ángeles, California, en el que se ha tratado de poner de relieve la implicación de las empresas tecnológicas en la adicción de los niños y adolescentes a las redes sociales. Tras complejas deliberaciones por parte del jurado, que se han extendido durante más días de lo esperado, finalmente han dictaminado que tanto Meta, matriz de Facebook, WhatsApp e Instagram, como la plataforma YouTube son “negligentes” y que usaron su diseño para causar dependencia en los menores.

Una charla con cualquier persona con dermatitis atópica o psoriasis conduce casi siempre a la misma conclusión en los especialistas en dermatología: sus síntomas se perciben en la piel, pero su impacto es mucho más profundo. Dejan huella en la autoestima, generan ansiedad, alteran el sueño, están vinculadas a la enfermedad mental más prevalente -la depresión- y condicionan todos los ámbitos de la vida de las personas que las sufren, desde el laboral al afectivo.
Investigadores de la Universidad de Stanford (California, Estados Unidos) han hecho una analogía entre las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y la basura. Ambas son subproductos de actividades humanas. Ambas están generando serios problemas al planeta. Ambas provocan daños que se pueden cuantificar en dólares. Ambas hay que gestionarlas, pero en ambas hay algunos que no pagan la factura y muchos otros que la sufren. Sobre esta comparación, desarrollada en Nature, la principal referencia de la ciencia, han construido un marco que permite estimar el coste del CO₂ casi a nivel individual. El trabajo también desvela el carácter acumulativo de su impacto: a los daños ya producidos por las emisiones del pasado, habrá que sumar los futuros, que se multiplicarán por 10.
Hace 15.800 años, en una meseta volcánica del centro de Anatolia (Turquía), una perra dio a luz una camada de cachorros. Murieron siendo aún muy jóvenes, quizá con apenas unos meses de vida. Los humanos que vivían en el yacimiento de Pınarbaşı los enterraron deliberadamente, en la misma zona donde depositaban a sus propios muertos. Les daban de comer pescado, el mismo que consumían ellos. Y uno de esos cachorros es, desde hoy, el perro doméstico más antiguo identificado genéticamente, y su historia —reconstruida a partir de fragmentos de hueso del tamaño de granos de café— acaba de publicarse en la revista Nature, en dos estudios simultáneos que reescriben la historia de cómo ese cachorro pasó a convertirse en el mejor amigo de los humanos.
Un incendio forestal puede durar unas horas o días, pero sus estragos tardan años en superarse. Y en Europa cada vez es mayor el riesgo de estos fuegos con el cambio climático: solo en 2025, ardieron un millón de hectáreas de bosques en todo el continente, tres veces más que la media de los últimos 20 años y el equivalente a un tercio de Bélgica o todo Chipre. Consciente de que se trata de un problema que causa problemas económicos, medioambientales y hasta sociales a largo plazo, la Comisión Europea ha presentado este miércoles una “estrategia” para prevenir mejor y afrontar de manera más coordinada estas catástrofes que hace tiempo dejaron de ser algo excepcional.