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En una de sus últimas comparecencias como portavoz gubernamental, Pilar Alegría, la ministra más desapercibida en el desempeño la cartera, anunció el gran legado de lo que llamó la legislatura del profesorado: la reducción de las ratios, que la nueva ministra Milagros Tolón ha vuelto ahora a presentar y laudar como “una demanda muy querida y esperada por el profesorado”. De nada sirve que toneladas de estudios sobre la reivindicación favorita hayan concluido, una y otra vez, que su efecto está entre ninguno y muy poco, por debajo de numerosas otras medidas, muy por debajo de otras del mismo coste y con un coste muy superior que otras de parecida escasa eficacia. Da igual, porque los docentes se entusiasman, los sindicatos se emocionan y la oposición, que hoy gobierna dos tercios de las comunidades autónomas, será la que sufra el desgaste, o sea que adelante. La ministra Tolón aporta sus propias teorías. Primero, sobre la escuela: “el hecho de que el profesorado esté mejor [...] repercute muy favorablemente en el alumnado y las familias”; debe de ser algo entre cuidar a los cuidadores, que suena muy bien, y llevar regalos a Trump, a ver si se calma. Después, sobre la sociedad, pues la educación es el “pilar clave para lograr la igualdad real” (¿en serio?, ¿habrá leído alguna cifra del último medio siglo, marcado por el clivaje educativo, es decir, por el abismo económico, social y cultural que abre el título universitario?).
Que el ajedrez permite crear mucha belleza con muy pocas piezas es una idea resaltada varias veces a lo largo de esta colección, ya en su vídeo 548. Contiene un asombroso final artístico de David Gurgenidze: sólo hay un caballo blanco y dos peones negros, además de los respectivos reyes. Pero el georgiano logra exprimir con virtuosismo cada posibilidad de belleza para que las blancas logren arrancar un empate muy cercano a lo imposible.
Poco a poco la ciencia se acerca a cumplir el sueño de que los que no pueden, puedan. De la mano de la inteligencia artificial, el lenguaje de máquinas, algoritmos y mucha tecnología, la neurociencia está acercando el día en que los lesionados medulares puedan caminar; que las personas con párkinson dejen de bloquearse; que los que perdieron la sensibilidad puedan volver a tocar; o que los que perdieron la vista, vuelvan a sentir la luz. Ahora, neurocientíficos estadounidenses han diseñado una interfaz cerebro-máquina (BCI, por sus siglas en inglés) que permite comunicarse escribiendo en un teclado solo con la mente. Como detallan en la revista científica Nature Neuroscience, la han ensayado con éxito dos pacientes con parálisis, que han logrado teclear a una gran velocidad y casi sin fallos. Son solo dos, el sistema está en sus inicios, pero acerca algo más aquel sueño.
Mucha gente, tal vez demasiada, acostumbra a usar las redes sociales como vía de escape a su ira, así que probablemente haya pocos termómetros más eficaces para medir el éxito de una gala de los Oscar que encontrarse una recepción tan positiva en plataformas como X, antes Twitter, como la de este año. En un reparto de galardones nunca se podrá poner a todo el mundo de acuerdo, pero la 98ª edición de los premios de la Academia, al menos, divirtió y emocionó como en sus mejores tiempos, lejos de las polémicas que habían ensombrecido la ceremonia en años recientes.