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El viernes pasado, tras el España—Bélgica, necesitaba bajar de revoluciones antes de acostarme, así que me di al zapeo, una actividad que he tildado de retro en esta misma columna hace poco. No tuve que viajar lejos: la película que protagonizaba la entrega semanal de Historia de nuestro cine, en La 2, era ¿Quién puede matar a un niño?, de Chicho Ibáñez Serrador. El chiste se hace solo: para relajarme, me senté —me tumbé, si les soy sincera— frente a una de las mejores películas de terror de la cinematografía de nuestro país.

Decir “lo siento” no es suficiente. Al menos no para todas las personas. Mantener un vínculo afectivo se complica cuando hay malentendidos. A veces las conexiones no se rompen por falta de amor o empatía, sino por falta de herramientas para solucionar los conflictos. Y es que todos tenemos necesidades diferentes; para algunos basta con recibir un “perdón” y otros prefieren las acciones antes que las palabras. Un gesto como el de John Cusack en la película Digan lo que digan (Say Anything, en versión original), cuando sostiene un radiocasete frente a la ventana de su amada para reproducir una canción y, sin decir nada, recuperar la conexión entre los dos. Para identificarlas, el pastor y consejero matrimonial estadounidense Gary Chapman propuso los cinco lenguajes del perdón: expresar arrepentimiento (“lo siento”), aceptar la responsabilidad, restituir, cambiar de comportamiento y pedir perdón (“¿me perdonas?”). Un modelo que “la gente toma como horóscopos. Como: ‘esa es mi personalidad, eso es lo que yo soy y es lo que hay’, cuando son una herramienta para conocer qué me sirve y qué no me sirve”, aconseja el psicoterapeuta especialista en relaciones éticas y creador de la red de apoyo Gotitas de Poliamor Jaime Gama.
Era solo el típico selfie de Nochevieja que se comparte en redes sociales, pero pronto, la imagen tomó un rumbo oscuro y su autora, Ruchi Kokcha, vio cómo versiones de esa fotografía en las que aparecía desnuda gracias a la IA corrían como la pólvora en internet en su país, India, sin que ella lo hubiera permitido ni pudiera hacer nada para frenarlo.
No se puede luchar contra el poder del viento. Esta es una de las lecciones que hay que llevar aprendidas cuando se decide viajar a las islas Eolias, que pueden abrazarte con su brisa o impedirte con su fuerza llegar hasta ellas. Por algo este archipiélago ubicado en el mar Tirreno, al noreste de Sicilia, fue bautizado por los griegos con el nombre del dios del viento, Eolo, a quien la mitología sitúa precisamente en alguna de las siete islas que lo forman: Lípari, Salina, Vulcano, Estrómboli, Filicudi, Alicudi y Panarea.
Hubo un tiempo en el que la prueba definitiva de popularidad en el instituto no era tener un móvil ni unas Adidas Samba, sino una diadema fina con forma de zigzag. Aquella pieza, que servía para sujetar el flequillo, sufrió una de esas transformaciones culturales que no se pueden planificar y acabó convertida en el accesorio que definió el espíritu de su momento, que en este caso era el de los últimos años noventa. 25 años después, y como tantas otras reliquias de la época, ha vuelto. O, mejor dicho, Miu Miu la ha resucitado.
¿Qué pasa cuando se cruzan la cultura francesa del pan con los sabores de la cocina del sureste asiático? Pues que nace el banh mi, un fantástico bocata surgido en Vietnam en la época de la colonización de Indochina, en el que el cerdo cocinado a la manera local, las verduras encurtidas y las hierbas aromáticas encontraban acomodo dentro de una baguette.
Alguien capaz de ganar un Campeonato de la Unión Soviética (URSS), el de 1971, por delante de tres campeones del mundo (Tal, Smyslov y Kárpov -quien lo fue cuatro años después-), un subcampeón (Bronstein) y otros rivales muy temibles, como Polugaievsky, su rival en la partida de este vídeo) sólo puede ser un fuera de serie. Vladímir Savon fue el protagonista de esa hazaña; sin embargo, sólo es conocido por los aficionados muy versados en la historia porque en la URSS era, en realidad, un gran maestro de segunda fila, si se compara con las estrellas más conocidas.