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Todos coinciden en que hay talento. También en que el desfile es necesario para conectar con la clientela potencial y como herramienta de comunicación, aunque la inversión económica sea importante y quizá le haga falta un poco más de ingenio al formato. Pero algo falla para que la moda española no acabe de importar del todo en el tablero europeo mientras países como Portugal o Dinamarca van ganando terreno y visibilidad. Falla el relato. “Acabo de ver la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, y la moda italiana ha ocupado un lugar central. Si esa ceremonia se hubiese celebrado en España, ¿la moda y alguna de sus figuras icónicas habrían estado presentes? Pues eso”, comenta Pepa Bueno, directora ejecutiva de la Asociación de Creadores de Moda de España. Pero no solo eso. En un país con una tradición textil y artesanal de siglos, faltan talleres, “y una educación acorde que sepa apreciar lo manual y lo productivo”, apunta Valentina S. Zuloaga, cofundadora de la web multimarca de moda española Es Fascinante y actual directora de la semana de la moda de Madrid.
“A todos sorprendió la tragedia, seguramente, pero más que a todos, a ese mundo pintoresco de la escena, donde se ríe y se llora por el oficio hasta el extremo de que cuando se tiene que reír y llorar de verdad, nadie sabe el valor de las lágrimas ni el valor de la risa”. Con estas palabras del periodista Ezequiel Endériz comienza Cómicos en guerra, un “retablo humano” donde Pedro Corral cuenta las vicisitudes de escritores, actores, empresarios teatrales, cantantes y cineastas, de Enrique Jardiel Poncela a Rafaela Aparicio, de Pepe Ysbert a Estrellita Castro, de Jacinto Benavente a la Argentinita, de Raquel Meller a Rafael Gil o Estrellita Castro.

Es de sentido común que el número de estudiantes en las aulas de nuestras escuelas e institutos tenga alguna importancia y requiera atención. Tomada por separado, sin embargo, la ratio no es el problema más urgente por afrontar ni significa por sí misma una ventana abierta a la esperanza y transformación que la educación necesita.
Zakia Abu Lahia no deja de llorar mientras amasa pan en una tienda de campaña de una playa de Gaza. A sus 72 años, la idea de morir sin ver La Meca la llena de miedo y de tristeza. En 2023, esta gazatí supo que había resultado elegida en los sorteos que realiza Arabia Saudí para seleccionar a los peregrinos que pueden hacer el haj, debido a que son cupos limitados. Se había registrado por primera vez una década antes. “Cuando supe que mi nombre salió en el sorteo, fue el momento más feliz de mi vida, pero esa alegría se convirtió en un profundo dolor cuando estalló la guerra, que desvaneció cualquier esperanza de ir”, dice, mientras su marido Adnan, de 73 años, que también resultó elegido en el mismo sorteo, intenta consolarla haciéndola reír. Le dice que Dios les dará más vida justamente para que puedan cumplir este sueño, e irán a La Meca, volverán y aún les quedará tiempo para seguir entrometiéndose en la vida de sus siete hijos y 26 nietos. La mujer sonríe, pero la pena sigue ahí.

Lo confieso: antes de escribir la primera frase de este artículo, he revisado los mensajes electrónicos tres veces, he consultado otras tantas el pronóstico del tiempo, he leído las noticias… He procrastinado, como se dice técnicamente cuando no paramos de aplazar algo. Como consuelo, sé que no soy la única. Todos podemos procrastinar actividades puntuales que, aunque podamos disfrutarlas, también requieren cierto esfuerzo, como hacer deporte, mantener una conversación difícil, terminar un informe complicado o, sencillamente, ordenar un armario siempre olvidado. Solo el 20% de los adultos presenta este comportamiento de forma sistemática ante cualquier tarea que implique un mínimo esfuerzo, según el psicólogo Joseph Ferrari, una de las mayores autoridades en la materia. Lo verdaderamente creativo son las excusas con las que justificamos la decisión: mañana tendré más ganas, todavía no sé lo suficiente para ponerme con ello y funciono mejor bajo presión, entre otras. Sin embargo, la procrastinación esconde mucho más de lo que aparenta.