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EL PAÍS cumple 50 años de un proyecto compartido con sus lectores. Medio siglo de vida dedicado a descubrir la verdad y publicarla. Dentro de las celebraciones y actos conmemorativos, el diario ha lanzado Amigos de EL PAÍS, una modalidad de suscripción para quienes quieren ir más allá de la lectura y acercarse al periódico desde dentro. El corresponsal de Asuntos Globales, Andrea Rizzi, ha protagonizado el primer encuentro celebrado para este grupo de suscriptores, que busca una relación más directa con el periódico. El evento tuvo lugar el pasado jueves 2 de julio en la sede de Miguel Yuste, en Madrid, y estuvo moderado por la periodista Ana Alonso de Blas.
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Si hay un punto de inflexión en el legado de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, hay que buscarlo en el 20 de enero de 2025, el primer día de su regreso al Despacho Oval tras su abrupta salida en 2021, cuando fue derrotado por Joe Biden y convertido en un paria político por agitar a una muchedumbre enfervorecida para asaltar el Capitolio.

Portugal es el primer país del sur de Europa que pone máquinas en los supermercados que devuelven tickets canjeables por dinero a los consumidores si retornan las botellas de plástico y las latas de bebidas vacías para mejorar el reciclaje, lo que se denomina un Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR). Para ello se ha creado la marca Volta, cuyo máximo responsable es Leonardo Mathias (59 años, Lisboa), un ex secretario de Estado de Economía luso con experiencia en finanzas y banca que debe sacar adelante el que está considerado como uno de los mayores proyectos ambientales puestos en marcha en Portugal. Hace unos días, estuvo en Madrid para contar su experiencia a los envasadores y distribuidores que están trabajando en un SDDR propio para España. Según cuenta, si el sistema portugués representa un enorme desafío logístico y de cambio de hábitos, el español es casi 10 veces más grande: “Será la mayor start-up [empresa nueva] española”, destaca.



El viaje en el que nació Meteoríticas recuerda a la película Thelma & Louise, aquella road movie protagonizada por dos mujeres que triunfó en los noventa. Brasil, 2017. Tres científicas conducen durante dos días, desde Río de Janeiro hasta Bahía, siguiendo el rastro de un meteorito. El trío, que se conoció en los pasillos de la universidad, sale del laboratorio, se cala el sombrero de ala ancha, y viaja en un coche alquilado por polvorientas carreteras que se adentran en tierras cada vez más áridas.


Tener un teléfono móvil inteligente propio es una de las cosas que más desean niños y adolescentes. Ya no solo porque “todos sus amigos tienen uno”, sino porque representa la puerta de entrada al mundo digital: a los grupos de WhatsApp, los videojuegos, las redes sociales y una mayor sensación de independencia y autonomía. Para muchas familias, el verano parece un buen momento para dar ese paso: hay menos presión académica, los padres y madres tienen más margen para preparar el dispositivo y fomentar un uso adecuado y responsable, y los niños y adolescentes cuentan con más tiempo para aprender a utilizarlo y adaptarse a los límites que se establezcan, que servirán de referencia para el resto del año. Sobre todo, esto también sobrevuela la idea de que, con las vacaciones, será más fácil acompañar ese estreno.


Es el gran enigma del verano. Si en materia de una pieza está claro que las rayas en blanco y negro son las ganadoras indiscutibles de la partida (con otras muchas alternativas a tener en cuenta en el traje de baño), el misticismo que rodea al bikini renueva temporada con más tendencias superlativas a su alrededor que otros veranos.























Puede que pedalear de noche, por pistas de tierra y piedra suelta, lejos de grandes núcleos de población, lejos de casi todo, sea una completa locura. El potente haz de luz que parte de un foco amarrado al manillar constituye una burbuja de seguridad en mitad de la densa oscuridad, pero uno no puede evitar rodar con cierta aprensión, con una concentración máxima para anticiparse a las trampas del camino. Varios pares de ojos cruzan la pista, a diferentes alturas, dando pie a imaginar el tamaño del espectro. En lo alto de una loma interminable, un espectáculo inesperado barre el horizonte: luces rojas colgadas del vacío a diferentes alturas parpadean, destrozando una oscuridad solemne. Cuesta un poco entender que solo delatan la presencia de molinos eólicos, casi bellos ahora que no es posible verlos.