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Hace poco, Mayte Gómez Molina metió una estantería en su casa, el primer mueble que introduce en su piso de Karlsruhe (Alemania) desde que se mudó a él hace casi cuatro años, toda una concesión a la permanencia dentro de una vida compuesta, hasta ahora, de situaciones extremadamente circunstanciales. Gómez Molina, de 33 años, nació en Madrid, pero ella se considera de Granada. Recibió un beca Fulbright en 2019 para hacer un máster de nuevos medios en Chicago, pero lo cursó telemáticamente en Chiclana de la Frontera: “Fue la pandemia y dije, bueno, si esto es el fin del mundo, en América tienen pistolas y en España no, así que me fui”, explica. Fue premio Nacional de Poesía Joven en 2023, pero se considera escritora narrativa: acaba de publicar La boca llena de trigo, su primera y aclamada novela, en Anagrama. Incluso el piso donde por fin ha metido esa estantería que encontró por la calle está en Alemania, pero ella trabaja en Basilea. Cruza la frontera a diario para formar parte de un grupo de investigación de arte digital en 3D, donde también es profesora en la Academia de Arte y Diseño. Si se puede sacar una única conclusión de un currículo así, sería lo provechosos que pueden resultar, para una cabeza lo suficientemente bien amueblada, los no-lugares biográficos.
“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta”. Así empieza una de las novelas más importantes de la literatura universal contemporánea que, escrita por el autor ruso Vladímir Nabokov, introducía al lector en la mente de Humbert, un pederasta que narra la historia sobre cómo se obsesiona con una menor de edad. Durante la novela, su voz responde a la de un narrador no fiable, es decir, uno que hace dudar al lector de la veracidad del relato.
¿Cómo contar el conflicto en Oriente Próximo? ¿Qué está en juego? El jefe de la sección de Internacional de EL PAÍS, Guillermo Altares, dio respuesta a estas y otras preguntas de los suscriptores en un encuentro exclusivo celebrado el pasado 18 de marzo en la sede del periódico. “Uno sabe cómo empiezan las guerras, pero no cómo acaban”, explicó, al hilo de una escalada que se vuelve más inquietante cuanto más imprevisible es el siguiente movimiento. El encuentro forma parte del programa de fidelización para suscriptores EL PAÍS+.
San Marino es la república y el Estado soberano más antiguo del mundo, fundado hace más de 1.700 años. Es, además, uno de los cinco países más pequeños que existen. Su superficie y población son similares a los de la localidad madrileña de Pinto (65 kilómetros cuadrados y 35.000 habitantes). Un microestado que, a pesar de su diminuto tamaño, es miembro de pleno derecho de Naciones Unidas, del Consejo de Europa, del FMI, de la OMS y de la Corte Internacional de Justicia. Y tiene un centro histórico que es patrimonio mundial de la Unesco desde 2008. A poco más de 130 kilómetros de Bolonia, algo menos de 85 de Rávena y 23 de Rímini —las tres, en pleno corazón de Emilia-Romaña— este minúsculo territorio sorprende en muchos sentidos.

A Curro, el estandarte de la Expo 92, pocos le habían seguido la pista en los últimos 34 años. No había concedido ninguna entrevista, y solo había aparecido públicamente en el 20º aniversario del evento que situó a Sevilla en el mapamundi. Parecía haberse esfumado de un plumazo –valga la comparación al ser un personaje que representa a un pájaro con patas de elefante y cresta multicolor– casi con la misma rapidez con la que se convirtió en un icono nacional. Hasta el pasado fin de semana. No pudo resistirse a la tentación del evento que tendría lugar junto a su casa. El domingo se dejó ver de nuevo por el Estadio La Cartuja, el de mayor capacidad de la capital hispalense, con 70.000 espectadores, con motivo de la celebración de la tercera edición de LALIGA DE LAS MASCOTAS, el torneo que une a los animadores de los equipos de LALIGA en torno a un objetivo común: que los niños y niñas disfruten del fútbol de una forma diferente.



A sus 45 años, KC Wolf, la mascota de los Kansas City Chiefs, el equipo de NFL invitado a la tercera edición de LALIGA DE LAS MASCOTAS, tiene en su palmarés tres SuperBowl (2019, 2022 y 2023). Le acompaña Henry, un trabajador del club que actúa como su portavoz. “Lleva mucho tiempo con nosotros, pero este que vemos aquí es su primo español”, explica, en referencia al nombre que figura detrás de su camiseta, KC Lobazo. Es una estrategia para acercar el personaje a distintos mercados: en Alemania se llama KC Wolfgang; en Reino Unido, KC Wolfington. “Le encanta la energía de la gente, mira cómo se mueven sus ojos de la emoción”, bromea Henry. Y apunta: “Los españoles son diferentes a los estadounidenses, pero en lo que se refiere al deporte tenemos mucho en común: los cánticos, la emoción con la que se vive... Seguro que a KC Lobazo le encantaría volver a Sevilla”.