Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
Puede que pedalear de noche, por pistas de tierra y piedra suelta, lejos de grandes núcleos de población, lejos de casi todo, sea una completa locura. El potente haz de luz que parte de un foco amarrado al manillar constituye una burbuja de seguridad en mitad de la densa oscuridad, pero uno no puede evitar rodar con cierta aprensión, con una concentración máxima para anticiparse a las trampas del camino. Varios pares de ojos cruzan la pista, a diferentes alturas, dando pie a imaginar el tamaño del espectro. En lo alto de una loma interminable, un espectáculo inesperado barre el horizonte: luces rojas colgadas del vacío a diferentes alturas parpadean, destrozando una oscuridad solemne. Cuesta un poco entender que solo delatan la presencia de molinos eólicos, casi bellos ahora que no es posible verlos.
La traducción al inglés de Así en la tierra como debajo de la tierra, de la brasileña Ana Paula Maia (Nueva Iguazú, 1977) ha hecho que compita por el International Booker Prize de este año. Ello ha llevado que aterrice en España también por estas fechas saltándose la obligación de la novedad cronológica, ya que se trata de una novela escrita y publicada originalmente en 2017. La obra de esta escritora y guionista se ha vertido en nuestro idioma gracias a editoriales como Jus y Siruela, hasta que se ha hecho hueco de forma regular en el siempre excitante catálogo de Eterna Cadencia.


Soy una amante del café o, mejor dicho, del buen café. Por eso, cuando puedo, opto por opciones de especialidad, invierto en cafeteras que me permitan disfrutarlo como se merece e intento cuidar cada detalle de la preparación. O, al menos, pensaba que lo hacía...








Auxiliar a los 630 inmigrantes del Aquarius, el barco a la deriva que España iba a recibir, era una cuestión “humanitaria”, solemnizó el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, que incluso ofreció su tierra para acoger náufragos. Era junio de 2018. Casi nadie sabía qué es un “mena”. La “prioridad nacional” era una idea marginal. La ultraderecha xenófoba aún no había irrumpido en las instituciones. La inmigración era el duodécimo problema del país, citado entre los tres más graves por un 3,5%.

En persona, Javier Negre tiene dos versiones. O no te mira a los ojos y responde con monosílabos o te dedica toda su atención y energía. Si le interesas, puede hablarte durante horas como si hubieran pulsado un botón en su nuca y por su boca brotara un torrente de palabras. Este reportaje le interesa. A sus 41 años, este malagueño, antiguo periodista de El Mundo y hoy responsable de una constelación de medios acusados de difundir bulos y demagogia de ultraderecha, es tachado por muchos de farsante. Él quiere demostrar lo contrario. Quiere probar que, en el Washington de Donald Trump, lo toman en serio.





No hace falta ser melómano empedernido para saber lo que se cuece cada verano en la ciudad alemana de Bayreuth. Y no tiene que ver con el calor: desde 1876, se celebra un festival de ópera que se sacó de la manga Richard Wagner, construyendo un teatro a su gusto en una verde colina (Grüne Hütte) a las afueras del casco urbano de entonces. Un teatro singular, carísimo —pero pagaba el rey de Baviera, Luis II, admirador enfermizo de Wagner—, en el cual la orquesta queda oculta bajo el escenario para que brillen más las voces. Aquel año, Wagner estrenó allí su tetralogía El anillo del Nibelungo, ciclo que comprende cuatro óperas: El oro del Rin, Sigfrido, Las Walkirias y El ocaso de los dioses. Y este 2026, el Festival Wagner de Bayreuth cumple 150 años, por lo que la ciudad bávara se dispone a vivir un verano muy especial