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Dormir con el aire acondicionado encendido en verano puede ser un alivio o un problema. Seguro que te suena: te despiertas con dolor de cabeza, la garganta seca o incluso molestias en el cuello. Todo por culpa de ese chorro de aire frío directo que parece imposible de esquivar.



Durante demasiado tiempo, buena parte del mundo ha sido contado desde una única mirada. Frente a esos relatos dominantes, las literaturas del Sur Global proponen otras formas de entender la historia, la memoria, las relaciones humanas y las estructuras de poder que atraviesan nuestras sociedades.
Hace 10 años, la periodista y escritora turca Ece Temelkuran (Esmirna, 53 años) le dijo a su madre la fatídica frase que ningún inmigrante quiere pronunciar: “Mamá, no voy a volver a casa”. Llamaba desde Zagreb y desde ese mismo momento sintió que se había convertido en una persona sin hogar. En 2016 abandonó Turquía, un país cada vez más autoritario, para poder vivir, escribir y pensar en paz. Durante todo este tiempo se ha visto abocada a moverse por distintos países europeos con la constante sensación de no pertenecer, de tener las raíces expuestas al aire frío de lo ajeno. Después de publicar Cómo perder un país y Juntos, Temelkuran ha escrito La nación de los extraños (los tres, editados por Anagrama), su libro más personal y en el que repasa el sentimiento de exilio, pero también advierte: esto también te puede pasar a ti, tú también puedes perder tu casa de un día para otro.
Dice Enrique Vila-Matas que París no se acaba nunca. Quienes la conocen saben que una visita a la capital francesa puede durar todo el tiempo que el viajero desee estirar su estancia. Es fácil dejarse deslumbrar por el atractivo de la ciudad, pero Francia cuenta con muchos más lugares de los que disfrutar.










He estado embarazada cuatro veces pero solo he gestado un concebido no nacido. Mi primer embarazo se interrumpió con un aborto espontáneo y, según la ley de Ayuso, nunca llegó a ser un concebido no nacido, así que nunca hubiera generado derechos extraordinarios para mi familia. Después tuve dos embarazos a término, que tampoco hubieran gozado del nuevo pedigrí de embriones del PP. Mis hijas tuvieron además la mala suerte de nacer en el Madrid del PP, donde no hay escuelas infantiles públicas para todos y las privadas cuestan unos 600 euros al mes. Finalmente, tres embarazos y dos hijas después, engendré a mi primer embrión con derechos añadidos, lo que hoy sería un concebido no nacido. Este embarazo decidí interrumpirlo. Y como vivo en Madrid, donde la sanidad pública ha sido desmantelada por el Gobierno de Ayuso, tuve que pagar de mi bolsillo la intervención, a pesar de ser un derecho que todas las mujeres deberíamos poder ejercer libre y gratuitamente en las primeras 14 semanas de gestación.

Este es el plato de legumbres que vas a querer comer una y otra vez durante el resto del verano. No es una exageración del tipo de las que escuchamos continuamente en redes –“¡el mejor plato de tu vida!”, “si no pruebas esto, te estás perdiendo lo mejor de tu existencia” y cosas del estilo–, lo que decimos es real: es tan fácil de preparar como quieras, es fresco, puedes meterlo en un táper y llevarlo al trabajo, a la playa o a la piscina, y tiene el equilibrio ideal entre ácido, dulce y salado.