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De jóvenes va la historia. De cómo una derrota sirve de lección para João Fonseca —“lo hace casi todo perfecto”, dice el brasileño (19 años) tras el doble 6-4 encajado frente a Carlos Alcaraz, citado ahora el murciano en la tercera ronda con Sebastian Korda—, de cómo Martín Landaluce (20 años) da un salto significativo gracias a su primer triunfo contra un top-20 —6-3, 6-7(4) y 6-4 a Luciano Darderi, previo encuentro este domingo con Karen Khachanov— y de cómo la progresión de otro talento madrileño, Rafael Jódar, continúa acelerándose. En poco más de un abrir y cerrar de ojos, Aleksandar Vukic (93º) ya ha caído (6-1 y 6-2, en 55 minutos) y el futuro resplandece: ahí hay un buen tenista.
Robert Mueller, el exdirector del FBI que investigó como fiscal especial la presunta injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016, ha fallecido a los 81 años. Donald Trump, el blanco de esa investigación, ha reaccionado a la noticia con un mensaje en su plataforma Truth Social en el que se felicita del óbito: “Robert Mueller acaba de morir. Bien, me alegra que haya muerto. Ya no podrá hacer daño a gente inocente”.
El Espanyol no levanta cabeza y ya acumula 12 jornadas consecutivas sin ganar. Desde que empezó 2026 no ha logrado sumar los tres puntos, enroscado en una dinámica que se repite partido tras partido: dominio del juego, fragilidad defensiva, falta de efectividad de cara a la portería y frustración y tormento por el arbitraje. Ante el Getafe, se repitió el mismo relato y guion. El Espanyol llevó el mando del atropellado partido, pero no fue suficiente ante los visitantes, que resolvieron a balón parado con dos tantos en el extenso descuento del primer tiempo para ganar en el RCDE Stadium por primera vez en 13 años (1-2). El equipo catalán lo intentó hasta el final, con un gol de Roberto que revivió la esperanza de una victoria para frenar la caída en la tabla tras un ilusionante inicio de temporada que le llevó a hablar de Europa. Hoy, la palabra repetida y deseada es permanencia.
Erick Portillo aparece en la zona mixta del Arena de Torun, en Polonia, con una camiseta y un pantalón negros, sin marca, los colores de México en el pecho, la mochila que da como obsequio la organización del Campeonato del Mundo y sin una triste bandera. Nadie lo había pensado. Pero nada de eso le importa al atleta mexicano de Cuauhtémoc (Chihuahua), con una sonrisa enorme y convertido ya, como por arte de magia, en subcampeón del mundo con una nueva marca personal de 2,30m en salto de altura.