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Una partida de ajedrez se juega estos días en el occidente mexicano, que aguarda expectante las formas del futuro criminal en la región. La caída de Nemesio Oseguera, alias El Mencho, hace ya un mes interpela el devenir del grupo delictivo que encabezó, el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), uno de los más poderosos del continente, con raíces en esa zona, sostenido en la capacidad de fuego de muchos de sus secundarios y los negocios que fueron capaces de levantar. Las dudas sobre el liderazgo del grupo y las consecuencias de una previsible sucesión comparten espacio estos días con los agujeros en el relato oficial acerca de la violencia en las horas posteriores a la caída del capo, y con las fallas de la Fiscalía en el resguardo de las cabañas donde militares dieron con el criminal.

Un monstruo marino de seis metros de largo y poderosas mandíbulas es la última criatura prehistórica hallada entre los yacimientos fósiles del norte de México. El Prognathodon cipactli, un reptil acuático de la familia de los mosasaurios que compartió época con los dinosaurios sin ser pariente suyo, dominó los mares hace unos 70 millones de años en el último tramo del Cretácico, justo antes del evento de extinción masiva que puso fin a la era de los dinosaurios.
Miles de infantes de Marina estadounidenses, a punto de llegar a Oriente Próximo. Misiles iraníes contra bases de EE UU y el Reino Unido en el Índico, con un alcance de 4.000 kilómetros, casi el doble del que se les suponía hasta ahora. El ministro israelí de Defensa, Israel Katz, promete bombardeos aún más agresivos. El estratégico estrecho de Ormuz, clave para la economía mundial y para el resultado de la guerra, sigue cerrado en la práctica. En medio de una retórica y de acciones bélicas cada vez más contundentes, Donald Trump ha dado 48 horas a Teherán para abrir ese paso marítimo, bajo amenaza de dejar a ese país sin electricidad, y debate si enviar tropas a suelo iraní.
Muchos analistas están subrayando en estos días, con razón, que la guerra ilegal lanzada contra Irán tiene todo el potencial de convertirse en una hemorragia para Washington. Pero, aunque muy grave, es solo el enésimo episodio de una acción autodestructiva serial y sistemática. Trump lleva 14 meses lanzando desde la Casa Blanca bolas de derribo terribles en mil direcciones: casi todas ellas prometen regresar al punto de partida para destrozar al atacante.
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha colocado a la República Islámica ante la crisis más grave de sus casi cinco décadas de historia, centrando todas las miradas en el enigma del núcleo decisorio de Teherán.
Con el espacio aéreo iraquí cerrado por la guerra de Estados Unidos e Israel contra la vecina Irán, la principal puerta de entrada al Kurdistán iraquí se hace por la frontera turca de Habur. El trayecto hasta la capital kurda, Erbil, se recorre en unas cinco horas por carreteras que, entrada la noche, son iluminadas por múltiples destellos en el cielo. Algunos los provocan los rayos de una inoportuna tormenta nocturna. Otros, los drones o misiles que llegan del este, desde Irán, para impactar o ser interceptados en el aire rumbo a alguna base estadounidense o de las fuerzas kurdo-iraníes apostadas en suelo iraquí. Entre los destellos de la tormenta y de la guerra se colaron en la noche del viernes los fuegos artificiales para celebrar la inusual coincidencia del fin de año kurdo, Noruz, con el Eid que marca el fin del mes de ayuno musulmán, el ramadán. Las bolas de colores disparadas al concurrido cielo por jóvenes kurdos y árabes se siguieron de vítores, clamor de un pueblo que se resiste a ser, una vez más, arrastrado a la guerra.
El tiempo que se tarda en leer esta frase le basta a un sistema de inteligencia artificial (IA) para resumir miles de datos de espionaje recabados durante décadas: sesudos informes, fotos de satélites y de drones, antenas de GPS, cámaras de tráfico intervenidas, mensajes de WhatsApp y de correo electrónico… Con todo ello, el sistema puede marcar un punto en la pantalla con dos palabras: “Objetivo prioritario”. Un comandante estadounidense o israelí solo tendría que validar la orden para bombardear cualquier objetivo en Irán. La doctrina militar exige una “cadena de ataque” (en inglés se conoce como kill chain) supervisada por humanos. Pero la velocidad y la avalancha de información que proporciona la IA es de tal magnitud que varios expertos en el sector temen que el ser humano se haya convertido ya en un mero firmante de ejecuciones.

Todavía no había amanecido y Moha y su grupo ya tenían una misión: tratar de que nadie en el pueblo se diera cuenta de que en dos baños públicos habían orinado 1.500 musulmanes. Y echaban cubetazos en los aseos con otra complicación extra: que sus padres no vieran una mancha en sus túnicas blancas recién estrenadas para el rezo del fin del Ramadán. Como si nunca hubieran estado allí, porque no saben si podrán volver a hacerlo.


La noticia dio la vuelta al mundo en minutos. La inteligencia artificial (IA) había conseguido por primera vez una medalla en la prestigiosa Olimpiada Internacional de Matemática (IMO, por sus siglas en inglés), un concurso en que los 600 chavales más brillantes del mundo se enfrentan a seis problemas que han sido diseñados en secreto durante un año, y que deben resolver con solo lápiz, papel y su cerebro. Es mucho más que un concurso. Es el lugar en el que se maceran las mentes matemáticas que después solucionarán problemas imposibles y dirigirán las compañías tecnológicas que gobiernan el mundo. La noticia de la medalla que ganó la IA fue publicada por miles de medios y elegida como uno de los mayores avances científicos del año por la revista Science. Y aquí es cuando la narración comienza a complicarse. Porque la noticia es mentira.
Es viernes en la noche y prácticamente todo Centro Habana es un fundido a negro. Solo se vislumbran las velas o algún farolillo solar en el interior de las inmensas casas coloniales carcomidas por la sal del mar y el paso de años complejos para Cuba. El silencio total de las calles lo rompe el sexto piso de Deauville, un hotel sin turistas que se resiste a perder el encuentro de son y timba que cada fin de semana reúne a un centenar de cubanos y a algún extranjero enamorado de Havana D’Primera o Maykel Blanco. Llueva o tiemble, dicen orgullosos. Y así es: ni en uno de los momentos más convulsos del país, con apagones interminables, una crisis alimentaria y sanitaria insostenible y amenazas constantes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de tomar la isla, se apaga el parlante.