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Es un secreto a voces. Por más campañas que se lancen, el segundo decreto contra el impacto de la guerra de Irán, focalizado solo en la vivienda, tiene todos los visos de desplomarse, por falta de suficiente apoyo parlamentario.
La presentación este viernes de la versión desglosada del registro de personas desaparecidas en México ha generado, como era previsible, incluso para el Gobierno, una gran polémica, anclada a la desconfianza de parte de la ciudadanía en los datos presentados. El Ejecutivo ha dicho que, de las cerca de 130.000 personas desaparecidas en los últimos 20 años que figuran en la base de datos, hay que agarrar con pinzas dos terceras partes, algo más de 80.000, por errores y carencias en los registros o por contradicciones entre los reportes de desaparición y la actividad burocrática de los presuntos desaparecidos. Parte de esas carencias nacen del mal actuar de las fiscalías estos años.
Apagones constantes, paralización del transporte por falta de combustible, escasez de alimentos y medicinas, éxodo masivo, pérdida de su mayor aliado y amenaza directa de su adversario histórico. Es Cuba en el año 67 de la Revolución. Desde afuera pareciera que el gobierno de La Habana caerá en cualquier momento, pero el régimen creado por Fidel Castro ha sobrevivido a muchas crisis. Su muerte se ha anunciado innumerables veces, pero ese final nunca ha llegado.


El Gobierno de Nayib Bukele ha renovado en 48 ocasiones su polémico régimen de excepción, con la promesa de no detenerse hasta capturar al último pandillero en El Salvador. Sin embargo, los datos oficiales revelan una brecha significativa: aunque informes de inteligencia identificaban a 58.270 pandilleros y colaboradores en libertad antes de la medida, las autoridades ya han detenido a 91.628 personas hasta este 25 de marzo. Esto implica que más de 33.000 detenidos (el 36%) no figuraban en los registros policiales previos como pandilleros.
Gisèle Pelicot es una víctima: fue violada por al menos 72 hombres captados en internet por su marido, que la drogaba hasta dejarla inconsciente y grababa las violaciones; en una entrevista, sin embargo, Pelicot declaró: “No quiero la etiqueta de víctima”. Christine Villemin es una víctima: el 16 de octubre de 1984 su hijo Grégory fue asesinado con cuatro años y, como Pelicot, se convirtió en una celebridad; en una entrevista, sin embargo, declaró: “Se diría que la gente envidia la desgracia que nos sucede”. ¿Es posible envidiar a una víctima? ¿Por qué una víctima no quiere que se la considere una víctima?
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De las primeras semanas después de la invasión total de Ucrania por parte de Rusia, María Stepánova (Moscú, 53 años) recuerda las noches sin dormir pendiente de las noticias y las redes sociales. Se metía en Facebook en mitad de la noche y veía las lucecitas verdes de sus amigos que, como ella, no podían pegar ojo y se dedicaban a contemplar el horror que su Estado había desatado en su nombre en el país vecino. A las tres semanas, hizo la maleta y se fue a Nueva York a impartir un ciclo de conferencias en el Columbia Harriman Institute sobre literatura de la memoria en honor a su primer libro de prosa, En memoria de la memoria (Acantilado, 2022), en el que repasa la historia de su familia y el convulso siglo XX en Rusia. Entonces no lo sabía, pero ya no volvería a su casa de Moscú. Tras el curso se instaló con su familia en Berlín, donde sigue residiendo hoy y donde escribió su segunda novela, Desaparecer (Acantilado, 2026). En ese libro, la protagonista es M., que vive en la ciudad B., y recala en una pequeña localidad europea donde no conoce a nadie. Eso le sirve de motivo para despojarse de identidad y crear, al menos durante dos días, otra nueva. Una en la que no le pesa ni su idioma ruso materno, ni su país de origen ni los crímenes que está cometiendo la “bestia” en el país vecino. El nombre de Vladímir Putin no aparece escrito en ninguna página, pero queda claro que es de él y de los que le apoyan de quien habla cuando cita a la bestia, un animal sanguinario que requiere de sacrificios humanos. “La principal lección que he aprendido en estos últimos decenios, desde el comienzo de la era Putin, es que el mal tiene una capacidad asombrosa para generar más mal”, dice sentada en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), donde es la autora residente invitada de este año.
A mediados de 2020, cuando la gente empezaba a salir a la calle después del confinamiento por la pandemia, el fotógrafo mallorquín Toni Amengual, que tiene hoy 46 años, recorrió la isla conduciendo sin rumbo para fotografiar esa Mallorca vacía. Un momento único para reflexionar sobre cómo los paisajes naturales que atraen a millones de visitantes están a su vez siendo alterados por el hombre.
El Ministerio de Sanidad tiene preparado un nuevo Manual de Buenas Prácticas en Eutanasia para mejorar los procesos que llevan a la muerte digna, acortarlos en caso de urgencia y dar más protagonismo al papel de la enfermería. El documento se iba a votar este viernes en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS), un día después de la mediática muerte de Noelia Castillo por este procedimiento, pero no es consecuencia del caso: surge de años de trabajo de la dirección de Salud Pública.
“No mires a los ojos de la gente. Me dan miedo. Siempre mienten”, aseguraba Golpes Bajos en una canción aún más vibrante que nihilista. Exageraban. Hay miradas que no mienten. Al menos yo sentía un estremecimiento y absoluta compasión cuando observaba en fotografías o en televisión la mirada de Noelia Castillo, esa chica que ha tenido que esperar tanto para que su tránsito hacia el otro barrio o a la nada ocurriera sin sufrimiento, algo con lo que estaba trágicamente familiarizada. Ella intentó largarse un par de veces. No lo logró, pero a cambio quedó parapléjica. Nadie puede imaginar cómo debió sentirse. Pero una asociación de abogados cristianos, en complicidad con el deseo de su padre, estaba empeñada en prolongar su infierno.