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La gran apuesta del Gobierno de Pedro Sánchez por la amnistía a los independentistas catalanes se somete hoy a una importante prueba. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) se pronunciará sobre las cuestiones prejudiciales elevadas por varios tribunales españoles y tanto desde Esquerra Republicana como desde Junts per Catalunya se muestran confiados en que se seguirá el sentido del dictamen de su abogado general, del pasado noviembre, y por tanto habrá un espaldarazo a la legitimidad de la norma. Para un Ejecutivo atenazado entre una maraña de causas judiciales y el alejamiento en el Congreso de un indispensable Junts, un fallo propicio tendría efectos en varios frentes. El aval europeo sería un argumento difícil de obviar por los sectores más conservadores del Poder Judicial y que han bloqueado su aplicación. Solo cuando eso suceda, Sánchez podrá dar por completa su operación de normalización institucional en Cataluña tras el procés. Y aunque sin efectos inmediatos sobre la situación de Carles Puigdemont, la decisión de Luxemburgo allanaría el regreso a España, aún sin fecha, y abre una oportunidad de encauzar la agria relación parlamentaria.
Muchos ojos estarán fijos este jueves, a las diez de la mañana, en la Sala de Vistas del Tribunal de Justicia de la UE en Luxemburgo, donde se dará lectura pública a dos sentencias que muy probablemente van a marcar los próximos pasos de la justicia española en torno a la ley de amnistía. Los jueces del alto tribunal europeo deben pronunciarse sobre si la normativa, en vigor desde hace dos años, choca contra los intereses financieros de la UE y si es contraria o no al derecho comunitario en materia de terrorismo.
La Audiencia Provincial de Badajoz no ha rehuido el debate público y ha recogido en su sentencia dos de las conductas que han marcado la causa por la que David Sánchez, el hermano del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha sido condenado a nueve años de inhabilitación por prevaricación administrativa. Los magistrados hablan abiertamente de “nepotismo” y “absentismo”, dos prácticas que tachan de “éticamente censurables” pero que aclaran que no siempre merecen reproche legal. De hecho, la segunda ni siquiera es delito, subrayan.
“En la sentencia a David Sánchez hay un daño personal al presidente, pero el daño electoral es cero. Lo mismo que con su esposa. Sí que lo hubo con [José Luis] Ábalos, condenado a 24 años, pero los casos de la familia se han convertido en un ataque personal. Y podrían convertirse en un bumerán contra la derecha”, afirma un peso pesado de La Moncloa. Es un análisis compartido en distintos sectores del PSOE, que coinciden en que las causas judiciales contra la familia de Pedro Sánchez están espoleando al partido en otro fin de curso marcado por el rosario de procesos contra dirigentes socialistas de distinto tonelaje en los tribunales.
Tienen algo más de 100 metros cuadrados cada una. Y, repartidos entre dos plantas, tres dormitorios, una cocina equipada y un pequeño patio. El valor comercial es de alrededor de 180.000 euros, pero la promotora inmobiliaria malagueña Arkipromo sortea dos casas con estas características a cambio de papeletas de 10 euros. Los inmuebles se encuentran ya construidos y listos para vivir en el casco urbano Cuevas del Becerro (Málaga, 1.617 habitantes), municipio a 20 minutos de Ronda y una hora de la capital malagueña, donde el precio de la vivienda se encuentra en su máximo histórico. La rifa, abierta desde este miércoles y hasta el próximo 1 de octubre, ha empezado con más de un millar de participaciones vendidas en sus primeras horas, según fuentes de la compañía. Habrá un total de 200.000 boletos, que solo podrán ser adquiridos por personas físicas mayores de edad residentes en España.
El martes me desperté en el diminuto pueblo de donde procede mi familia materna, en las Tierras Altas de Soria. Había pasado allí solo unas horas, las necesarias para dormir por fin una noche al fresco y comprobar que los rumores que me llegaban eran ciertos: la primera cadena de la Televisión Española no se podía sintonizar bien y, por tanto, los vecinos no estaban pudiendo ver el Mundial. En mi televisor, unas rayas partían aleatoriamente la mitad de la pantalla, algo que, al parecer, no es lo ideal cuando se sigue el lanzamiento de un penalti. Ustedes se preguntarán por qué existen lugares en España donde no se puede ver La 1 y cómo es posible que, en caso de una necesidad tan extrema como una final, esos pacientes ciudadanos no hayan sacado ya las guillotinas. Pues ocurre por los mismos motivos por los que en los últimos veranos ha faltado suministro de agua potable, el acceso a internet nunca ha sido fiable y con cada tormenta falla la conexión telefónica. ¿Recuerdan que cuando los protagonistas de la serie El pueblo querían usar sus móviles tenían que subir a una torre en ruinas para pillar un poco de cobertura? Se grabó por allí.

No había día que no volviera la bruma ni noche que no sintiera los gritos de la sima. De tanto sufrir, como casi toda su quinta, dejó de soñar. Al menos podía escribir. “Las guerras de nuestros antepasados son cada vez más”, afirmaba en 1975 Miguel Delibes, que aún no había podido librarse de ese peso. Tampoco pudieron mis padres, la siguiente generación, nacida en los contornos del conflicto. Heredaron el silencio como marca y estigma más visible. Por más que mirasen al cielo, sus desnutridos cuerpos de niños no se separaban del suelo. Había que olvidar, vivir pegado a los días porque la guerra civil podía volver o continuar, quien sabe. El miedo, su función principal durante la dictadura, tampoco faltó a su cita en la Transición. Aquel recuerdo oficial, hecho de granito y olvido, fue cediendo por su propio peso hasta quedar enterrado bajo la arena de las playas y de los adoquines. El tiempo, a pesar de todo, no se detuvo aquel verano de 1936 y el salto, del tecnicolor a la era digital, es hoy abismal. La mayor parte de mis alumnos o mis propios hijos, no tienen una transmisión directa, ni en su propio entorno ni en el educativo, de la Guerra Civil española. Acceden a través de internet, donde las guerras de nuestros antepasados “molan” cada vez más. Aunque el objetivo último sea captar su atención, la lógica ha cambiado. Se cumplen noventa años del comienzo del hecho histórico más importante del siglo XX español, una guerra que ha pasado a ser, sobre todo, cultural.

Cuatro alcaldías de municipios de la ribera del Guadalquivir (los sevillanos Coria del Río y Los Palacios así como los gaditanos Sanlúcar de Barrameda y Chipiona) y representantes de una decena de entidades han reclamado la paralización de todos los vertidos mineros al estuario del mayor río andaluz así como la prohibición de nuevos desembalses de aguas procedentes de la extracción de minerales hasta conocer exactamente las consecuencias de estos en el ecosistema del que dependen los mencionados pueblos y Doñana. Se amparan en la actualización de un estudio de hace un año sobre la presencia de metales pesados en peces y que, según Jesús Castillo, catedrático de Ecología de la Universidad de Sevilla, ha aumentado a “niveles récord” en los últimos meses.

Nadie discute que Brunete es un pueblo. Estamos en el oeste de la región de Madrid, a 30 kilómetros de la Puerta del Sol, donde esa palabra, pueblo, molesta en otros municipios vecinos más grandes, pero la gente de Brunete la usa, unos con orgullo y otros con resignación. Aquí viven 11.287 personas. No hay centro comercial, ni cines, ni discotecas y el Mercadona cerró hace cinco años para reubicarse en el municipio colindante de Villanueva de la Cañada, más poblado y más rico. Fue un golpe para los brunetenses. El alcalde trató por todos los medios de parar aquella huida e incluso pidió una reunión en Valencia con Juan Roig, el presidente de esos supermercados, pero fue en vano.




Alba Melendo (Teruel, 40 años) solo tenía 14 años cuando se enamoró de John Galliano. Ya ahí supo que quería dedicarse la moda. Sus padres, en cambio, querían que fuese a la universidad, por eso acabó haciendo Periodismo. “El primer día de clase, un señor que se llamaba Macià Mercadé, que luego condenaron a prisión por el tema del Fórum Filatélico, nos preguntó a qué queríamos dedicarnos. Cuando dije que yo quería ser estilista se rio de mí y dijo: ”Ah, estitonta”. Pero, ¿cómo te quieres dedicar a eso?”. Se acabó dedicando a “eso” y más: ha diseñado el universo estilístico de las giras de artistas como Bad Gyal, Karol G, Ana Mena o Aitana y tiene un exitoso podcast propio llamado Fashion sucks y viste a famosas como Georgina Rodríguez. Ella misma va camino de ser una celebridad.

