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Los nódulos polimetálicos parecen pequeñas trufas de chocolate en las profundidades del mar. En realidad, estos contienen altos porcentajes de minerales críticos como níquel, cobre, cobalto, manganeso y otras tierras raras que son esenciales para los dispositivos móviles, la electromovilidad y la industria militar. En su carrera por controlar el suministro global de insumos estratégicos, Estados Unidos anunció en agosto un acuerdo de cooperación con las remotas Islas Cook, en el Pacífico, para explorar la minería de aguas profundas de unas 6.700 millones de toneladas métricas de estas esferas marrones. En una muestra de cómo la geopolítica se está dividiendo en dos bandos que buscan asegurarse las materias primas que darán forma a la economía del próximo siglo, China también firmó un acuerdo con las islas para la indagación y gestión de los recursos de su lecho marino.
Estados Unidos ya libra la batalla por el control del estratégico estrecho de Ormuz y para permitir el tráfico marítimo por ese paso clave para el tránsito mundial de petróleo. Un grupo de buques anfibios y una unidad expedicionaria de infantes de Marina (entre 2.200 y 2.500 soldados) va a zarpar desde California hacia la zona, mientras un contingente similar, de tres barcos anfibios y otra unidad de infantes de Marina, está a punto de llegar procedente del Pacífico. A la espera de su llegada, los aviones estadounidenses han intensificado los bombardeos de las posiciones militares en las islas y costas iraníes en la zona, para impedir que Teherán pueda responder con sus misiles.
Desde el comienzo, hace tres semanas, de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán y de las acciones de represalia de la República Islámica en la región, ha habido dos ocasiones en las que el blanco aparente de los ataques ha sido un objetivo casi tabú: la infraestructura hídrica del adversario. Las instalaciones de agua potable. A diferencia de otros golpes dolorosos contra intereses militares, económicos y energéticos, en estos casos las arremetidas han estado envueltas en un cierto misterio, sin reivindicaciones públicas ni réplicas dilatadas, sino lanzadas como advertencias veladas de alto riesgo.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, los considera “compañeros de armas”, pero los diputados de Vox no apoyarán los decretos aprobados este viernes por el Gobierno para paliar los efectos de la guerra contra Irán que ha desatado su socio. Lo adelantó Santiago Abascal este lunes, mucho antes de conocer su contenido: “Nosotros no vamos a colaborar con la mafia de Pedro Sánchez”, dijo. “Lo hemos hecho en ocasiones que aparentemente son más difíciles”, argumentó, recordando que fue el único partido que votó en contra de la revalorización de las pensiones y que eso no parece haber afectado a sus resultados electorales. Vox se opone a cualquier medida que venga del Gobierno, incluso si coincide con sus demandas, y reprocha al PP cuando no hace lo mismo. Ni siquiera quiso participar en la ronda de consultas que realizó el ministro de Justicia, Félix Bolaños, para escuchar las propuestas de la oposición antes de presentar las del Ejecutivo.
Son siete personas. Cinco de ellas, mujeres. Trabajan en el campus de la farmacéutica GSK en Tres Cantos, a media hora de Madrid. Y hasta ahora, lo hacían en laboratorios de nivel de bioseguridad 3 (BSL-3), el penúltimo escalón de peligro biológico. Ahora, cinco de las 27 salas BSL-3 que tenía la compañía en este complejo han sido reconvertidas para acoger dos salas del primer laboratorio español que trabajará al nivel máximo de bioseguridad: el BSL-4. El salto no es solo técnico. Es, en cierta medida, existencial.

“¿Quieres ver mis notas?”, pregunta divertido Antonio Carmona (Granada, 60 años) frente a un cuadro donde se exponen su partida de nacimiento, su foto de la comunión y sus calificaciones del curso académico de 1979/1980, cuando tenía 14 años. Hay poco de lo que presumir: insuficiente en Lenguaje, Ciencias Sociales, Idioma, Dibujo, Matemáticas, Educación Física, Ciencias Naturales y Religión. Insuficiente en todo menos en Pretecnología. “Su actitud ha sido muy negativa durante todo el curso”, advertía la tutora en una nota al margen, justo debajo de la firma resignada de la madre del cantante, Matilde Amaya. “Los profesores eran tan crueles que te decían por la cara: ‘Yo que usted no lo traería más al colegio’. Si me los encontrase ahora, les diría: ‘¡Mira dónde ha llegado el que no estudiaba!”, comenta riéndose el artista.


El cansancio, la falta de energía y la dificultad para concentrarse forman parte de un relato que suele repetirse en algunos países europeos con la llegada de la primavera. En alemán, el fenómeno tiene incluso nombre propio y forma parte del imaginario colectivo: frühjahrsmüdigkeit (primavera y cansancio). En España, se conoce como astenia primaveral. Pero ¿se trata de un fenómeno biológico real? Un estudio reciente lo ha descartado. Tras un año de seguimiento a más de 400 personas, la investigación no ha encontrado pruebas de que la fatiga o la somnolencia varíen con las estaciones.

La última vez que lo vi, Alfredo Bryce Echenique estaba derrumbado a todo lo largo sobre una fila de asientos en una sala de espera del aeropuerto de Barajas, desmayado o dormido, mientras una voz que él no escuchaba repetía su nombre por la megafonía. Fue esa voz la que nos hizo darnos cuenta de que aquel hombre en apariencia inerte era él. El vuelo hacia Lima estaba a punto de despegar, y desde la sala de embarque se reclamaba con urgencia la aparición del último pasajero que faltaba. Mi mujer y yo nos acercamos a él y lo sacudimos suavemente, diciendo su nombre. “Alfredo, Alfredo”. Él abrió sus ojos rasgados, que parecían más japoneses por las gafas redondas, parpadeando por la molestia de la luz, y puso cara de sorpresa al reconocernos. “Elvira, Antonio, qué alegría”. Le dijimos que tenía que darse prisa, mientras la voz perentoria repetía una vez más su nombre, y le ayudamos a levantarse y a recoger sus cosas desperdigadas. Lo vimos salir aturdido, con la ropa y el equipaje en desorden, temiendo que se perdiera en el camino hacia la sala de embarque, que llegara cuando el vuelo ya estuviera cerrado.