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La Agencia Internacional de la Energía (AIE) empezará a liberar ya este lunes las primeras reservas estratégicas de petróleo para hacer frente a la escalada de los precios del crudo causada por el conflicto en Oriente Próximo. Así lo ha anunciado el organismo en un comunicado publicado este domingo, en el que ha detallado que los primeros flujos disponibles llegarán de Asia y Oceanía, mientras que habrá que esperar hasta finales de mes para liberar los procedentes de Europa y América. El anuncio llega después de que los 32 países industrializados que forman parte de la AIE acordaran la mayor liberación de reservas estratégicas de crudo de la historia ante unos precios que se han disparado, pero no ha logrado doblegar la escalada de la cotización del barril, que la noche de este domingo, en la apertura de los mercados de futuros, se mantenía por encima de los 105 dólares en el caso del brent, la referencia para Europa.
Estados Unidos preparó con meses de antelación el golpe en Venezuela que terminó con la captura del expresidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. También planificó la sucesión y definió la transición política cuando cayera el líder chavista. El exejecutivo de Chevron en Venezuela, Ali Moshiri, fue clave para que Washington apostara por Delcy Rodríguez en detrimento de María Corina Machado, la líder opositora que había reconocido como ganadora de las elecciones de 2024.

Nadie lo habría dicho en el PP. Que Alfonso Fernández Mañueco, el candidato con más años de Gobierno a sus espaldas ―y, por tanto, con mayor desgaste― sería el que mejor rendimiento iba a lograr en el PP en las tres últimas elecciones autonómicas. La victoria del candidato popular vuelve a ser incompleta, porque con 33 procuradores necesitará a los 14 de Vox para gobernar (la mayoría absoluta está en 42), pero en Castilla y León el PP logra salir del ciclo de victorias agridulces y se refuerza. Con cuatro puntos más de voto y dos nuevos procuradores, Mañueco crece más en diputados que los dos barones que le precedieron ―María Guardiola y Jorge Azcón (la extremeña ganó un escaño, y el aragonés perdió dos)― y, sobre todo, logra frenar a Vox, el gran rival del PP. Los ultras ralentizan su crecimiento y se quedan por debajo de la barrera simbólica del 20% de los votos, en el 19%. Que la extrema derecha crezca solo un escaño es otra victoria para el PP, después de sus resultados en Extremadura y Aragón, donde duplicaron sus asientos. La fotografía no es perfecta para el PP, porque no hay batacazo del PSOE, que se recupera y también crece, pero Mañueco sorprende y mejora expectativas.
El Partido Popular comenzó a gobernar en Castilla y León allá por el siglo XX, cuando el muro de Berlín seguía en pie, el último grito en comunicaciones era el fax y casi ningún español había probado el sushi. Han pasado casi 40 años desde aquel 1987, y con ellos han pasado el dominio de la vieja Convergència en Cataluña, el monocultivo nacionalista en el País Vasco o la identificación automática entre PSOE y Junta de Andalucía. Han pasado casi 40 años, y el PP sigue ganando y tiene todas las posibilidades de seguir gobernando en Castilla y León. Con algún mérito extra: hacerlo con un político, Alfonso Fernández Mañueco, que nunca ha debido un voto al entusiasmo. Con la memoria cercana de unos fuegos en los que la Junta distó de tener su mejor hora. Frente a un candidato socialista, Carlos Martínez, con fama de serio y de gestor. Y con un Vox que creía jugar en campo propio y que, según las encuestas, iba a arrancar la rama dorada del 20% de los votos.
La Real Sociedad sigue avanzando con paso firme. El efecto de Pellegrino Matarazzo, lejos de diluirse con el paso de las jornadas, continúa en plena efervescencia. No solo por los resultados, sino también por la capacidad del técnico para reactivar a futbolistas que parecían haber quedado en un segundo plano. Es el caso de Beñat Turrientes, que hace apenas unos meses estaba más cerca de salir que de consolidarse en el equipo. El centrocampista de Beasain se ha convertido ahora en una pieza indiscutible ofreciendo probablemente su mejor versión desde que dio el salto al primer equipo.
Sonríe Aryna Sabalenka, la tenista de la mirada felina y, por fin, con el prestigioso trofeo de Indian Wells entre las manos. Le cuesta sangre, sudor y lágrimas, pero finalmente lo consigue. Así que de un plumazo, logra una doble redención: se corona en el desierto de California y, a la vez, lo hace frente a Elena Rybakina, una rival que se ha convertido en un quebradero de cabeza para ella, la número uno, capaz de sostenerse sobre el alambre, primero, y de levantar un punto de partido en el desempate final: 3-6, 6-3 y 7-6(6), tras 2h 31m. Lo quería y lo tiene, como casi todo lo que se propone la vencedora. Tenía una deuda pendiente y se lo cobra a lo grande. Vibrante el desenlace.

La división entre fuerzas políticas similares, sin una diferenciación nítida, al menos en programas electorales regionales, se paga. En Castilla y León, se ha comprobado, como también se constató el mes pasado en Aragón, y, en sentido contrario, en Extremadura. Allí, la coalición de Podemos e Izquierda Unida obtuvo un resultado extraordinario, al doblar casi su representación, superando el resultado de 2015 en pleno auge de Podemos. La subida del PSOE en Castilla y León, con respecto a los comicios de hace cuatro años, a diferencia de lo ocurrido en Aragón y Extremadura, insufla algo de fuerza y optimismo de cara al futuro, aunque se mantiene la preocupación al mirar a su izquierda. Con la división entre sus fuerzas, ahora en pleno replanteamiento, al menos por parte de Izquierda Unida, los comunes, Más Madrid y Sumar, las posibilidades de conformar mayorías se alejan sin remedio.
Castilla y León es la comunidad políticamente más previsible del país. No hay cambios desde hace 40 años: siempre gobierna la derecha. De la secuencia de las cuatro elecciones seguidas que programó el PP para apuntalar el ambiente de cambio de ciclo, esta era la menos decisiva, tal como lo veían en los cuarteles de los grandes partidos. Y así fue. El resultado deja algunas sorpresas, como siempre, en especial el pinchazo de Vox, que esperaba una subida mucho mayor, pero no tiene fuerza como para mover el escenario político nacional. Habrá que esperar a las andaluzas de mayo-junio, mucho más decisivas políticamente y con una candidata como María Jesús Montero que ha sido la número dos de Sánchez todos estos años, para que se mueva el avispero nacional mirando ya a las generales.
Las urnas en Castilla y León han dado un pequeño vuelco a la tendencia política que habían marcado las últimas convocatorias electorales. El PP mejora sus resultados después de casi cuatro décadas en el Gobierno y ralentiza la crecida de Vox, que, aunque progresa, lo hace de forma modesta, con lo que parece haber tropezado con su techo. Por primera vez en mucho tiempo, los comicios autonómicos en la comunidad más extensa de España refuerzan al bipartidismo. Porque el PSOE no solo detiene su caída, sino que incluso logra mejorar ligeramente sus resultados. Lo que no cambia con respecto a las dos elecciones anteriores en Extremadura y Aragón es el dominio indiscutible del conjunto de la derecha, que alcanza su máximo histórico, con más del 54% de los votos.

“Aquí, certezas” fue algo más que el lema de la campaña electoral del popular Alfonso Fernández Mañueco. Fue un acicate o aliciente para autoconvencerse de que, pese a su aparente desgana de ningún tipo de trifulca, el último presidente del PP de Castilla y León no tenía más remedio que convocar las elecciones en el suspiro final de su mandato y pasar ese trago lo mejor posible. A Mañueco, que en 2022 ya fue apercibido con el peor resultado de los populares en sus 39 años en el poder en esa región al quedarse en 31 actas, se le nota mucho que no le van las confrontaciones. Ni le pegan ni le encajan.