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La soledad fue el precio glosa la vida de Carmen Díez de Rivera en un libro escrito por la filóloga y escritora catalana Carmen Domingo. Su lectura genera una evocación agridulce en quienes conocimos de cerca a la mujer que, tras la Reina, más alto cargo político ocupara durante la Transición de la dictadura a la democracia, como consejera áulica del Rey y jefa de Gabinete de Adolfo Suárez.

Cuatro décadas de trayectoria avalan a Suzanne Vega (Nueva York, Estados Unidos, 66 años), aunque sorprende ver que solo ha publicado 10 álbumes en estos 40 años. “De joven tuve una familia, dediqué mucho tiempo a criar a mi hija, y durante los últimos 10 años trabajé en el teatro, con un espectáculo basado en la vida de la escritora Carson McCullers. A finales de 2019 pensé que era hora de grabar un nuevo disco, y entonces llegó la covid”, afirma desde la habitación de un hotel en Francia. En la pantalla se la ve afable, con una camiseta de listas horizontales, su inconfundible flequillo rubio y unas gafas de pasta. El coronavirus es el tema que más sacará durante la charla: para explicar que su ciudad, Nueva York, ha cambiado a peor desde entonces; que llevó fatal los conciertos online durante el confinamiento y que ahora ya no firma discos después de cada actuación porque fue así como se contagió del virus dos veces. “Ahora lo hago antes”, afirma una artista a la que sigue encantando actuar en vivo. “Siempre he querido estar en un escenario desde niña, y siento que mi razón de existir es tocar para un público, pequeño o grande, da igual”.

Ya hace tiempo que en los palacios del poder se sabe que la fiscal superior de Madrid no traga al fiscal general del Estado, así que esa mañana temprano, cuando Álvaro García Ortiz la llama por teléfono hasta seis veces seguidas y le envía un torrente de mensajes de texto, Almudena Lastra no le responde, sino que termina de arreglarse y a eso de las 8.30 sale de su domicilio y se dirige en coche al despacho. La noche anterior, cuando su jefe de prensa le advierte, muy nervioso, de que García Ortiz anda removiendo Roma con Santiago para tratar de desmentir una noticia falsa que ha puesto en circulación el diario El Mundo, Lastra le responde: “Tranquilo, Íñigo, apaga el teléfono y vete a dormir”.
Por primera vez EE UU ha perdido su estatus de democracia liberal plena. Así se desprende del tradicional informe anual del Instituto V-Dem (Varieties of Democracy), de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), uno de los más prestigiosos en cuanto a la medición de la calidad de la democracia en el mundo. Ello ocurre durante el primer año del segundo mandato de Donald Trump en la Casa Blanca. El instituto en cuestión distingue entre “democracias liberales” (de alto nivel: elecciones, Estado de derecho, controles efectivos) y “democracias electorales” (hay comicios pero fallan los controles o alguna de las libertades civiles, como la de expresión). EE UU ha caído hasta la categoría de “democracia electoral”, lo que implica que sigue siendo una democracia pero ha perdido calidad en aspectos clave de su modelo liberal: no es una autocracia, no es una democracia colapsada, pero ya no cumple plenamente con el estándar de una democracia liberal robusta, cuando llegó a ser uno de los referentes de ella. Existe una agresiva concentración de poderes en la presidencia de la nación y la velocidad con la que la democracia se está desmantelando no tiene precedentes.
El fondo soberano de Noruega es el mayor referente mundial en inversión responsable. Un comité ético independiente —formado por cinco personas— estudia qué empresas cotizadas no cumplen con los estándares medioambientales o de respeto a los derechos humanos, fijados por el Parlamento para que el fondo pueda invertir en ellas. En la lista actual de exclusiones hay 206 compañías. Entre ellas, la española Prosegur. La decisión del comité de recomendar la desinversión en 11 empresas israelíes y una de EE UU, por su papel en la invasión de Gaza, provocó una pequeña crisis diplomática en septiembre, con algunos senadores norteamericanos pidiendo la retirada de visados para los trabajadores del fondo en Nueva York.