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He estado embarazada cuatro veces pero solo he gestado un concebido no nacido. Mi primer embarazo se interrumpió con un aborto espontáneo y, según la ley de Ayuso, nunca llegó a ser un concebido no nacido, así que nunca hubiera generado derechos extraordinarios para mi familia. Después tuve dos embarazos a término, que tampoco hubieran gozado del nuevo pedigrí de embriones del PP. Mis hijas tuvieron además la mala suerte de nacer en el Madrid del PP, donde no hay escuelas infantiles públicas para todos y las privadas cuestan unos 600 euros al mes. Finalmente, tres embarazos y dos hijas después, engendré a mi primer embrión con derechos añadidos, lo que hoy sería un concebido no nacido. Este embarazo decidí interrumpirlo. Y como vivo en Madrid, donde la sanidad pública ha sido desmantelada por el Gobierno de Ayuso, tuve que pagar de mi bolsillo la intervención, a pesar de ser un derecho que todas las mujeres deberíamos poder ejercer libre y gratuitamente en las primeras 14 semanas de gestación.
En el CEIP Ramiro Solans de Zaragoza resulta difícil saber dónde termina la escuela y dónde empieza la comunidad. Mientras los niños entran en clase, varias madres magrebíes cruzan el patio para asistir a las clases de español. En otra sala, un grupo de profesoras jubiladas prepara el material con el que enseñan a leer y escribir a mujeres que nunca tuvieron esa oportunidad, ni siquiera en su país ni en su propio idioma. Y unas puertas más allá, las integrantes de Hilvana, el taller de costura alojado en el centro, empiezan la jornada alrededor de sus máquinas de coser. Todo sucede al mismo tiempo y nada parece ajeno a la vida del colegio.
¿Qué coste tiene la comida que llega cada día a nuestra mesa? Esa es la pregunta que guía Hasta que la tierra aguante, el proyecto del fotógrafo Santi Donaire, fruto de una investigación sobre los impactos ambientales, económicos y humanos del actual modelo de producción de alimentos en España.

No hay nada más desesperante que limpiar una tostadora. O, al menos, esos son los pensamientos que recorren mi mente cada vez que intento dejar la mía como nueva. Vacío la bandeja recogemigas, le doy unos golpecitos para que caigan los restos, paso un paño por fuera… Y, aun así, siempre quedan migas escondidas en el interior, como si hubieran encontrado en las resistencias un nuevo y atractivo hogar.














Para la Generación Z, Robbie Williams (Stoke-on-Trent, Inglaterra, 50 años) será siempre el hombre que se arranca la piel y los músculos en el controvertido vídeo de Rock DJ, un tema que llegó tres años después de que lanzara Angels, el single que consolidó su carrera en solitario. Para los mileniales, Williams va a ser siempre el miembro de Take That que dejó una de las boy bands más populares de la historia en su mejor momento. Él asegura que le “invitaron” a irse. En cualquier caso, su energía rock and roll y su adicción a las drogas y a la bebida no combinaban bien con una banda que triunfaba con canciones melosas, miradas tiernas y coreografías destinadas a desatar suspiros.

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La has visto en la playa, en la piscina y, cómo no, en TikTok. La gelatina bronceadora de Babaria es uno de esos productos que, cada verano, reaparecen en todas partes: en los vídeos de “imprescindibles para conseguir un moreno bonito”, en las bolsas de playa de amigas y en los neceseres de quienes quieren que su piel tenga ese brillo dorado desde el primer día.




En el ajedrez, como en la vida, casi todas las reglas estratégicas y técnicas tienen sus excepciones, lo que exige un pensamiento muy flexible para adaptarse a ellas. Por ejemplo, un alfil y un rey, sin peones, no pueden dar mate a un rey solo… salvo que este se vea acompañado por peones ubicados en casillas muy específicas, de tal modo que se convierten en traidores que colaboran en la ejecución de su propio monarca.
¿En qué momento Diego Armando Maradona se convirtió en un astro del fútbol? La respuesta rápida es que siempre lo fue, desde pequeño, cuando jugaba en la cancha de tierra del humilde barrio de Villa Fiorito, en la periferia de Buenos Aires. Pero no hay duda de que su máxima expresión la alcanzó hace 40 años, el 22 de junio de 1986, en el estadio Azteca de Ciudad de México, cuando en tan solo 10,87 segundos recorrió 55 metros eludiendo a cuanto inglés se le cruzó en el camino.
