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Se respira una sensación de bienestar en las oficinas de Primavera Sound en Barcelona. Desde una séptima planta, las paredes de vidrio lucen vistas al mar y luz natural. En el parque del Fòrum, que se ve desde las ventanas, se celebra la edición principal del festival que en 2019 fue el primero de gran escala en presentar un cartel con paridad de género y que, tras 25 años de historia, hoy se replica en ocho ciudades de Europa y América Latina.
El mundo se enfrenta a la que podría ser “la crisis energética más grave de la historia” debido al bloqueo de Ormuz, ha advertido esta semana el comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen. Las economías domésticas ya saben que este riesgo casi siempre se traduce en sobrecostes en la factura energética. A unas pocas semanas de que millones de equipos de aire acondicionado empiecen a funcionar, el miedo a un verano tan duro como el de 2022, con la guerra en Ucrania, es una realidad.
Cuando se disparan las temperaturas, se supone que disponer de más recursos económicos permite disfrutar de más aire acondicionado e incluso de piscinas donde refrescarse. Sin embargo, la realidad es más compleja y la riqueza no salva del calor. Así lo asegura un estudio liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), que encuentra que las regiones europeas con mayores niveles socioeconómicos tienen un mayor riesgo de mortalidad por las altas temperaturas que otras más desfavorecidas.
Algunas casas no pueden escapar de las fiestas que se han celebrado en ellas. Durante años el Salone del Mobile de Milán se ha cerrado con un sarao en la mansión que ocupa la familia Fornasetti desde finales del XIX en el barrio de Città Studi. “El evento dentro del evento”, decía la prensa para calentar el ambiente. Si la lista de invitados era la más deseada de la ciudad, la de espera era agónica. Nadie cancelaba y los invitados se multiplicaban como los panes y los peces en la puerta de la legendaria mansión. Pero este año Barnaba Fornasetti (Milán, 75 años), anfitrión y DJ residente del jolgorio, recibe a El País Semanal con el jardín en obras a poco menos de una semana del Salone, la gran cita del interiorismo. “Este año no hay fiesta”, anuncia. “Se nos ha ido de las manos, en la última éramos más de 1.000 personas, había gente en mi habitación y hasta en mi cama. La fiesta estaba poniendo la casa en peligro”, explica despacio, sin levantar la voz. Así que, al menos en esta edición, Casa Fornasetti no recibe.
Mi oponente no solo está equivocado, ni es solo un enemigo. Ni siquiera es únicamente malo. Es algo más, algo peor. ¿Un traidor? Peor. Es un siervo del Anticristo, que lo guía desde las tinieblas. Lo anterior no es palabrería esotérica. Ni fanatismo religioso. Es la síntesis de una narración política en auge dentro del sector más exaltado del republicanismo trumpista que domina Estados Unidos y extiende su influencia por todo el mundo. También por España, donde el líder de Vox, Santiago Abascal, afirma que tendrá que hacer un “exorcismo” en La Moncloa.