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Cincuenta años después, hay muertos sin sepultura y hay tumbas sin nombre. Cincuenta años después, hay personas que, sin saberlo, viven una identidad ajena. Cincuenta años después, hay crímenes irresueltos y criminales impunes. Todavía hay juicios en trámite y hay juicios que ni siquiera empezaron. Cincuenta años después del 24 de marzo de 1976, el día en que comenzaron la última dictadura militar y su maquinaria de exterminio en Argentina, el proceso de memoria, verdad y justicia que hizo ejemplar al país está bajo amenaza, asediado por un Gobierno que, desde 2023, ha cancelado o neutralizado las políticas de derechos humanos y ha propiciado discursos afines al negacionismo.
LIBROS
Respiración artificial (1980)
Ricardo Piglia
Anagrama, 2001. 224 páginas. 18,90 euros
Lugar común la muerte (1979)
Tomás Eloy Martínez
Alfaguara, 2014. 344 páginas. 17,95 euros
'Cadáveres' (poema, 1981). Publicado en Alambres (Último Reino, 1981)
Néstor Perlongher
El vuelo (1985)
Horacio Verbitsky
Editorial Las Cuarenta, 2020. 288 páginas. 20 euros
La voluntad. Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina (1997-1998)
Eduardo Anguita y Martín Caparrós
Random House, 2021. 2.720 páginas. 42,7 euros (cinco volúmenes en e-book)
Poder y desaparición: los campos de concentración en Argentina (1998)
Pilar Calveiro
Ediciones Colihue SRL, 1998. 180 páginas.
Villa (1995)
Luis Gusmán
Ediciones Contrabando, 2019. 132 páginas. 15 euros
Dos veces junio (2002)
Martín Kohan
Sudamericana, 2002. 192 páginas.
Los topos (2006)
Félix Bruzzone
Random House, 2019. 192 páginas. 17 euros
Diario de una princesa montonera: 110% verdad (2012, ampliado en 2021)
Mariana Eva Pérez
Marbot Ediciones, 2016. 183 páginas. 16,50 euros
Aparecida (2015)
Marta Dillon
Sudamericana, 2019. 191 páginas.
El genocidio como práctica social (2007)
Daniel Feierstein
Fondo de Cultura Económica, 2007. 405 páginas. 22,90 euros
Nuestra parte de noche (2019)
Mariana Enríquez
Anagrama, 2019. 672 páginas. 24,90 euros
Fantasmas de la dictadura (2025)
Mariana Tello Weiss
Sudamericana, 2025. 352 páginas. 20 euros
¿Qué están haciendo las derechas con los 70? (2026)
Valentina Salvi y Luciana Messina (coordinadoras)
Siglo XXI Editores, 2026. 256 páginas.
PELÍCULAS
Argentina, 1985
Santiago Mitre, 2022
La historia oficial
Luis Puenzo, 1985
La noche de los lápices
Héctor Olivera, 1986
Montoneros, una historia
Andrés Di Tella, 1998
Los rubios
Albertina Carri, 2003
Son siete personas. Cinco de ellas, mujeres. Trabajan en el campus de la farmacéutica GSK en Tres Cantos, a media hora de Madrid. Y hasta ahora, lo hacían en laboratorios de nivel de bioseguridad 3 (BSL-3), el penúltimo escalón de peligro biológico. Ahora, cinco de las 27 salas BSL-3 que tenía la compañía en este complejo han sido reconvertidas para acoger dos salas del primer laboratorio español que trabajará al nivel máximo de bioseguridad: el BSL-4. El salto no es solo técnico. Es, en cierta medida, existencial.

“¿Quieres ver mis notas?”, pregunta divertido Antonio Carmona (Granada, 60 años) frente a un cuadro donde se exponen su partida de nacimiento, su foto de la comunión y sus calificaciones del curso académico de 1979/1980, cuando tenía 14 años. Hay poco de lo que presumir: insuficiente en Lenguaje, Ciencias Sociales, Idioma, Dibujo, Matemáticas, Educación Física, Ciencias Naturales y Religión. Insuficiente en todo menos en Pretecnología. “Su actitud ha sido muy negativa durante todo el curso”, advertía la tutora en una nota al margen, justo debajo de la firma resignada de la madre del cantante, Matilde Amaya. “Los profesores eran tan crueles que te decían por la cara: ‘Yo que usted no lo traería más al colegio’. Si me los encontrase ahora, les diría: ‘¡Mira dónde ha llegado el que no estudiaba!”, comenta riéndose el artista.


El cansancio, la falta de energía y la dificultad para concentrarse forman parte de un relato que suele repetirse en algunos países europeos con la llegada de la primavera. En alemán, el fenómeno tiene incluso nombre propio y forma parte del imaginario colectivo: frühjahrsmüdigkeit (primavera y cansancio). En España, se conoce como astenia primaveral. Pero ¿se trata de un fenómeno biológico real? Un estudio reciente lo ha descartado. Tras un año de seguimiento a más de 400 personas, la investigación no ha encontrado pruebas de que la fatiga o la somnolencia varíen con las estaciones.

La última vez que lo vi, Alfredo Bryce Echenique estaba derrumbado a todo lo largo sobre una fila de asientos en una sala de espera del aeropuerto de Barajas, desmayado o dormido, mientras una voz que él no escuchaba repetía su nombre por la megafonía. Fue esa voz la que nos hizo darnos cuenta de que aquel hombre en apariencia inerte era él. El vuelo hacia Lima estaba a punto de despegar, y desde la sala de embarque se reclamaba con urgencia la aparición del último pasajero que faltaba. Mi mujer y yo nos acercamos a él y lo sacudimos suavemente, diciendo su nombre. “Alfredo, Alfredo”. Él abrió sus ojos rasgados, que parecían más japoneses por las gafas redondas, parpadeando por la molestia de la luz, y puso cara de sorpresa al reconocernos. “Elvira, Antonio, qué alegría”. Le dijimos que tenía que darse prisa, mientras la voz perentoria repetía una vez más su nombre, y le ayudamos a levantarse y a recoger sus cosas desperdigadas. Lo vimos salir aturdido, con la ropa y el equipaje en desorden, temiendo que se perdiera en el camino hacia la sala de embarque, que llegara cuando el vuelo ya estuviera cerrado.
Estábamos charlando mientras esperábamos para entrar en un debate cuando una compañera periodista sacó a colación el orgullo de clase. Se preguntaba por qué quienes teníamos padres carteros o madres limpiadoras podíamos hablar de orgullo de clase, pero los que tenían padres y madres a quienes les limpiaban la casa y les llevaban los paquetes, no.
La felicidad no es como el PIB, el salario o el paro, que pueden medirse con números y gráficos, pero ya hay índices importantes que dibujan un mapa veraz y muy inquietante de la realidad. Y que deberían despertar muchos interrogantes. Uno de ellos viene de la Universidad de Oxford, ahora lo analizamos. Otro es El Idealista, que tal vez debería pasar a llamarse El Iluso.
La de este viernes empezó siendo una de las jornadas más críticas para el Gobierno de coalición esta legislatura, con el plante inédito de los ministros de Sumar antes del Consejo de Ministros que debía aprobar el decreto de medidas para paliar los efectos de la guerra en Oriente Próximo. Sumar reclamaba al PSOE desde mediados de octubre una prórroga de los contratos de alquiler que vencían entre finales de 2025 y este 2026, firmados hace cinco años con precios mucho más bajos que los de ahora. El órdago, esta vez, funcionó, y tras más de dos horas de negociaciones en una sala de La Moncloa entre el propio presidente, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta Yolanda Díaz, con la incorporación a las conversaciones más tarde de la número dos del Ejecutivo, María Jesús Montero, y del resto de ministros de Sumar, se acordó la aprobación de la congelación de los alquileres y fijar el tope a las actualizaciones en el 2%, blindando esa subida ante una posible escalada de la inflación. La victoria, reconocen en la formación, les refuerza ante los suyos en un momento muy difícil, cuando acusan el desgaste tras meses orillados en el Gobierno, buscan un nuevo liderazgo y transitan un ciclo electoral complejo.

La primera sorpresa del visitante que debuta en Washington llega al bajar del avión en el aeropuerto de Dulles. ¿Qué son esos bichos que parecen sacados de La guerra de las Galaxias y transportan al viajero entre terminales?
Es día de mercado en Saint-Denis. Los colores, el perfume de la comida y el zumbido de las conversaciones, si uno cierra los ojos, le transportan a Bamako o Argel. En la segunda ciudad de Île-de-France, la región de París, convive la basílica donde reposan los restos de los reyes de Francia con los comercios y las mezquitas. También con las tiendas halal y las viejas avenidas con nombres de mitos del comunismo. Saint-Denis, con 150.000 habitantes, es también el 93, el código postal de Seine-Saint-Denis, la provincia más pobre de Francia y la que tiene más inmigrantes, un tercio de la población. Y a la vez, la más joven del país. Un cóctel perfecto para quien sepa descifrarlo en el laboratorio electoral.