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Cuando hace justo 20 años, un 27 de marzo de 2006, los españoles sintonizaron por primera vez La Sexta, Helena Resano ya estaba ahí. Como el Gran Wyoming en El intermedio, esta pamplonesa lleva dos décadas siendo el rostro confiable de unos informativos que la han visto pasar de ser una joven “ilusionada” a toda una veterana en uno de los canales que se eligen en cada cobertura histórica. Hoy, a sus 52 años, se enfrenta además al reto de publicar su primera novela. Es martes al mediodía en la sede de Atresmedia y, ya maquillada y lista para su informativo de las 14.30, pone en pausa los preparativos para narrar una actualidad que nunca da un respiro. Se controla para decir la palabra justa sin meterse en jaleos. Como lleva haciendo estoica cada día en pantalla desde hace 20 años.


El gimnasio suele presentarse como un espacio técnico y casi neutro en el que solo importan los ejercicios y los resultados. Sin embargo casi ningún espacio es neutral. Así lo cree Ricardo Tagle, fundador de la Plataforma de Salud y Bienestar The Human Lab: “Los lugares también comunican ideas, valores y jerarquías: qué cuerpos son visibles, qué esfuerzos se celebran, qué formas de moverse se consideran válidas y cuáles quedan fuera. En ese sentido, el gimnasio no es solo un lugar para entrenar; es también un escenario cultural donde se reproducen, a veces sin intención, mandatos sobre rendimiento, apariencia, disciplina y valor personal”, asegura.

Que los políticos se enfrenten con mayor o menor dureza es algo que ha ocurrido siempre. Cuando hablamos de polarización como un fenómeno político peligroso para la convivencia nos referimos, sobre todo, a un clima social. Hablamos más de cómo actúan los electorados que de cómo actúan los líderes.
Este año habrías cumplido cien años, John, y no sé cómo hacer esto. No sé cómo rendir homenaje a alguien que ya no está cuando esa persona era, de un modo inexplicable, la prueba de que tú misma existías.
Las cerraduras no tienen ojo ya: ha sido sustituido por una cicatriz que no permite adivinar, desde este lado, lo que ocurre en el otro. Hubo un tiempo, sin embargo, en el que por el ojo de la cerradura nos asomábamos al mundo. Una de las primeras manifestaciones de ese mundo fue el pedazo de la habitación de los padres facilitado por ese ojo. Ni siquiera era preciso que ellos se hallaran dentro, y en actitud amatoria, para que el paisaje íntimo al que éramos capaces de acceder nos pareciera extraño. Un mundo extraño: eso eran aquella cama doble y aquel armario de tres cuerpos con un espejo en el central. Resultaba sobrecogedor el lugar en el que dormían mamá y papá. Allí se concibió lo inconcebible: nosotros. Todo lo que somos empezó a fraguarse en medio de un paisaje doméstico accesible a través del ojo de la cerradura.
En esta guerra de Israel contra los palestinos, contra los árabes, contra Irán, hay algo que queda a ratos escondido o difuminado por las grandes consideraciones geopolíticas, militares e históricas. El mundo está asistiendo a una exhibición descarnada de precisión tecnológica y de capacidad de destrucción que termina por darles a los muertos una condición abstracta, como si ya no fueran seres de carne y hueso sino solo la encarnación del mal. De vez en cuando, sin embargo, entre las toneladas de páginas que llevan tiempo recogiendo lo que sucede en Oriente Próximo, se abre una brecha y se cuela la letra pequeña. “Una bala entró por encima de la oreja de Farea Hamayel”, cuenta Trinidad Deiros Bronte en este periódico en una pieza sobre el terror que siembran los colonos israelíes en Cisjordania; “otra impactó entre las cejas de su primo Thaer Hamayel, de 24 años”. Se lo contó un pariente de ambos, Omar Hamayel, en una aldea de un territorio palestino, Khirbet Abu Falah; ahí, en el olivar donde sus primos fueron tiroteados.
Kaley G. M. nació en California hace 20 años. A los seis comenzó a ver vídeos de YouTube. Con ocho empezó a producir y a subir contenido a un canal que creó en esa plataforma. Un año después le regalaron su primer móvil y se abrió una cuenta en Instagram; después, entró en TikTok y más tarde en Snapchat. Según cuenta María Porcel, la corresponsal de este diario en Los Ángeles, desde los seis años, Kaley ha tenido ansiedad, depresión y problemas de dismorfia corporal. Sus abogados han tenido claro desde el principio que la culpa de su sufrimiento la tienen los algoritmos de las redes sociales, los filtros de belleza y el scroll infinito de estas plataformas, donde pasaba hasta 16 horas al día. Era adicta.
Noelia Castillo ha optado por la eutanasia en un mundo que, como ella misma dijo, “va cada vez a peor”. He leído decenas de comentarios juzgando la legislación, la educación o la conciencia. O sobre haber tenido una vida difícil. He visto mensajes como “pobres padres”. Pobres nosotros, que elegimos mirar desde fuera para no incomodarnos demasiado. Como si fuera más fácil pensar en quienes se quedan que en quien ya no puede más. Pobres nosotros, que nos consolamos con los vivos, mientras nadie se pregunta si la vida que estaba viviendo era digna. Solo vemos el final, olvidando lo que lo precede. Lo convertimos en un debate, cuando solo asoma el reflejo del verdadero problema que estamos evitando mirar.

Kristina Ishmael (Arizona, 42 años), profesora y asesora educativa, pasó del aula a las responsabilidades políticas, primero como directora de tecnología educativa del Estado de Nebraska y luego dirigiendo la oficina de EdTech en el Departamento de Educación de Estados Unidos. Mientras ostentaba este último cargo, vivió el lanzamiento de ChatGPT en 2022. El anuncio causó una revolución y presume de que fue el primer ministerio de Educación en publicar un informe sobre inteligencia artificial. La agresiva política de Donald Trump acabó con el cierre de la oficina; actualmente, Ishmael, ahora convertida en expat, trabaja desde Barcelona como asesora para los ministerios de Educación de distintos países para fijar políticas entorno al uso de IA en las aulas. En febrero inauguró el Congreso Edtech de Barcelona, alabando sus potencialidades, pero con un punto de partida claro: “La IA no va a sustituir a los profesores”.
