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En esta guerra de Israel contra los palestinos, contra los árabes, contra Irán, hay algo que queda a ratos escondido o difuminado por las grandes consideraciones geopolíticas, militares e históricas. El mundo está asistiendo a una exhibición descarnada de precisión tecnológica y de capacidad de destrucción que termina por darles a los muertos una condición abstracta, como si ya no fueran seres de carne y hueso sino solo la encarnación del mal. De vez en cuando, sin embargo, entre las toneladas de páginas que llevan tiempo recogiendo lo que sucede en Oriente Próximo, se abre una brecha y se cuela la letra pequeña. “Una bala entró por encima de la oreja de Farea Hamayel”, cuenta Trinidad Deiros Bronte en este periódico en una pieza sobre el terror que siembran los colonos israelíes en Cisjordania; “otra impactó entre las cejas de su primo Thaer Hamayel, de 24 años”. Se lo contó un pariente de ambos, Omar Hamayel, en una aldea de un territorio palestino, Khirbet Abu Falah; ahí, en el olivar donde sus primos fueron tiroteados.
Kaley G. M. nació en California hace 20 años. A los seis comenzó a ver vídeos de YouTube. Con ocho empezó a producir y a subir contenido a un canal que creó en esa plataforma. Un año después le regalaron su primer móvil y se abrió una cuenta en Instagram; después, entró en TikTok y más tarde en Snapchat. Según cuenta María Porcel, la corresponsal de este diario en Los Ángeles, desde los seis años, Kaley ha tenido ansiedad, depresión y problemas de dismorfia corporal. Sus abogados han tenido claro desde el principio que la culpa de su sufrimiento la tienen los algoritmos de las redes sociales, los filtros de belleza y el scroll infinito de estas plataformas, donde pasaba hasta 16 horas al día. Era adicta.
Noelia Castillo ha optado por la eutanasia en un mundo que, como ella misma dijo, “va cada vez a peor”. He leído decenas de comentarios juzgando la legislación, la educación o la conciencia. O sobre haber tenido una vida difícil. He visto mensajes como “pobres padres”. Pobres nosotros, que elegimos mirar desde fuera para no incomodarnos demasiado. Como si fuera más fácil pensar en quienes se quedan que en quien ya no puede más. Pobres nosotros, que nos consolamos con los vivos, mientras nadie se pregunta si la vida que estaba viviendo era digna. Solo vemos el final, olvidando lo que lo precede. Lo convertimos en un debate, cuando solo asoma el reflejo del verdadero problema que estamos evitando mirar.

Kristina Ishmael (Arizona, 42 años), profesora y asesora educativa, pasó del aula a las responsabilidades políticas, primero como directora de tecnología educativa del Estado de Nebraska y luego dirigiendo la oficina de EdTech en el Departamento de Educación de Estados Unidos. Mientras ostentaba este último cargo, vivió el lanzamiento de ChatGPT en 2022. El anuncio causó una revolución y presume de que fue el primer ministerio de Educación en publicar un informe sobre inteligencia artificial. La agresiva política de Donald Trump acabó con el cierre de la oficina; actualmente, Ishmael, ahora convertida en expat, trabaja desde Barcelona como asesora para los ministerios de Educación de distintos países para fijar políticas entorno al uso de IA en las aulas. En febrero inauguró el Congreso Edtech de Barcelona, alabando sus potencialidades, pero con un punto de partida claro: “La IA no va a sustituir a los profesores”.

Educar en igualdad es aún un reto. Si bien los avances en este aspecto continúan por respaldar una sociedad más justa, exenta de violencia y discriminación por raza y sexo, la crianza con enfoque feminista es clave para no transmitir desde edades tempranas creencias limitantes que afecten sobre todo a las niñas, las mismas barreras mentales que les impiden ser ellas mismas, avanzar, creer en sus potencialidades. “Es esencial que, primero, las figuras de referencia de las pequeñas crean en ellas, porque nos construimos a partir de la mirada de nuestros padres”, afirma Laura Gutiérrez, psicóloga perinatal y directora del Centro de Psicología de Madrid. “Y repetir como si fueran mantras que son fuertes y poderosas, pues resulta una forma muy potente de educar en igualdad”, agrega. “Si queremos empoderar a las niñas se les debe recalcar que son curiosas, ágiles, valientes, porque pueden serlo, y no centrar solo su valoración en lo que aún reciben de la sociedad, como que son guapas en vez de qué bien hacen los deberes, por ejemplo”, incide.
La Xunta lleva más de 15 años intentando sacar adelante unas obras que supondrán verter en alta mar 500.000 metros cúbicos de lodos portuarios. Se trata del dragado de la desembocadura del río Lérez, una gigantesca retirada de los sedimentos acumulados en la ría de Pontevedra durante décadas para aumentar su calado y mejorar la navegabilidad. El proyecto, que costará 12 millones de euros, es polémico por su impacto ambiental. Afectará a los bancos pesqueros y marisqueros y los residuos se tirarán a tres kilómetros del Parque Nacional Illas Atlánticas, el único paraje gallego con la máxima protección ambiental posible e integrado por las Cíes, Ons, Sálvora y Cortegada. Una treintena de colectivos, entre ellos cofradías de pescadores, productores de mejillón, ecologistas y el sindicato mayoritario CIG, han presentado alegaciones en las que reclaman más vigilancia ambiental y compensaciones económicas.
Como cantan en San Felices —título que da nombre a su nuevo disco—, La M.O.D.A. lleva su tierra en la médula. El septeto burgalés se encuentra inmerso en una extensa gira de presentación de su último trabajo. Tras agotar las entradas en La Riviera para el doblete del pasado 22 de marzo, David Ruiz (voz, letra y guitarra) y Nacho Mur (guitarra) se sentaron en las butacas de los Encuentros EL PAÍS para charlar con el periodista Fernando Navarro sobre el buen momento que atraviesa la banda. Ya puedes ver en vídeo la entrevista y la actuación en directo que ofrecieron los músicos. Los Encuentros EL PAÍS forman parte del programa de fidelización para suscriptores EL PAÍS+.
“Alta patogenicidad”. “Alta patogenicidad”. “Alta patogenicidad”. Como una señal de alarma que no cesa, la frase se repite una y otra vez en los informes del laboratorio central de veterinaria correspondientes al análisis de un grupo de aves. Corre finales de 2025, y esos test buscan la causa que explique por qué hay cientos de aves muriendo a orillas del madrileño río Manzanares. La ciencia pronto le pone nombre a ese asesino silencioso: gripe aviar. Hasta 1.041 aves acaban siendo sus víctimas en menos de tres meses a lo largo de una decena de municipios de la Comunidad de Madrid, según documentación a la que accedió EL PAÍS. “Necesitamos que recojan cadáveres”, se lee en las comunicaciones internas del dispositivo encargado de afrontar una crisis sanitaria que provoca momentos de tensión política y laboral.

La tensa situación geopolítica mundial tiene un impacto incipiente en la distribución de los flujos turísticos y ha puesto en estado de alerta a destinos tradicionales de Cataluña, prestos para valorar, y absorber si procede, el parón de demanda en mercados que suelen ser competencia directa pero sobre los que ahora planean dudas y recelos por el posible alcance de los efectos de conflictos como el que golpea a Oriente Medio. A las puertas de la Semana Santa, la Costa Brava y la Costa Daurada han notado un ligero aumento del interés para la temporada de verano. El sector turístico de Girona y Tarragona coincide en que “las previsiones ya eran buenas y seguramente mejorarán”. A la ciudad de Barcelona la penalizan las inquietudes y vacilaciones que hay sobre el tráfico aéreo, un factor que compromete las conexiones internacionales con el aeropuerto de El Prat.