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Cuando Leopoldo López (Caracas, 54 años) estaba recluido en la cárcel de Ramo Verde, tenía una fantasía recurrente. “En algún momento esa mazmorra tendría que convertirse en un museo de la memoria”, recuerda el dirigente opositor venezolano, que pasó más de tres años en esa prisión acusado de alentar las protestas de 2014 contra el Gobierno de Nicolás Maduro. Más de una década después, cree que ese momento se acerca, aunque el proceso de transición que comenzó el pasado 3 de enero con la captura de Nicolás Maduro todavía está en ciernes.

Viktor Orbán, el gran provocador de Bruselas, se ha convertido en una pesadilla para Unión Europea. El primer ministro húngaro, que desearía una Europa cristiana, sin inmigrantes y de valores tradicionales, ha hecho de la coacción a la UE la marca de su Gobierno y ha protagonizado feos contenciosos con el Ejecutivo comunitario por sus ataques al Estado de derecho y el bloqueo casi constante de las medidas de apoyo a Ucrania. Desde hace semanas, en una maniobra inédita, bloquea un préstamo multimillonario europeo para el país invadido por Rusia, pese a que ya lo había aprobado y a que Hungría ni siquiera pondrá dinero. Orbán, el líder europeo más cercano a Rusia y con estrechos vínculos con el movimiento MAGA (Make America Great Again) del estadounidense Donald Trump, mantiene, de nuevo, paralizada a la Unión Europea

Desde las “antípodas ideológicas” de Vox, el liberal Andrés Reche reconoce que hay algo del partido ultraderechista que sí comprende. “Si su objetivo es que Santiago Abascal llegue a presidente, pensárselo antes de gobernar con el PP es una actitud consecuente”, afirma. Sabe de lo que habla. Policía local de Málaga de 50 años, fue secretario de Organización de Ciudadanos en Andalucía durante el Gobierno de coalición con el PP entre 2019 y 2022. El partido que lideraba Juan Marín pasó de 21 escaños antes de aquella experiencia a cero en su reválida en las urnas. “Perdimos la perspectiva de que estábamos trabajando con quien iba a ser nuestro rival electoral, y lo pagamos. Además, en el día a día era muy difícil tener visibilidad. El PP impuso un sistema de tres escalones para cualquier anuncio. Primero, el presidente, Juanma Moreno, del PP; después, el consejero de Presidencia, Elías Bendodo, del PP; después, Juan Marín”.

Un nuevo chatbot “oficial y soberano” del Gobierno ayudará al profesorado de la enseñanza pública realizando la primera versión de las evaluaciones de los alumnos, las adaptaciones curriculares de los chavales que las necesitan, y otros documentos que los docentes tienen que redactar a lo largo del curso, además de facilitarles la creación de actividades para el aula. El llamado Programa de Inteligencia Artificial para la Educación cuenta con un presupuesto de 140 millones de euros y, según han adelantado a EL PAÍS fuentes conocedoras del mismo, se pondrá en marcha entre este año y el siguiente. El objetivo es aliviar a los profesores de la carga burocrática, que ha aumentado a raíz de la reforma educativa y se ha convertido en una de las principales causas de su malestar según reflejan tanto las encuestas de los sindicatos de enseñanza como los estudios oficiales. El plan incluye un plan para formar a los docentes en la materia.
De joven, Adolfo Aguilera tuvo un accidente de moto en Madrid, cerca de Manuel Becerra. Entonces tenía muchos amigos, pero no se atrevió a llamar a ninguno para que recogiese su moto. Tuvo que pagar a un taller. “Yo salí dos veces del armario. La primera cuando me acepté como hombre gay y la segunda como motero. Entre mi círculo de amistades no lo comentaba, era una afición fuera del mundo gay. Pensaba que iban a decir: ‘Mira al tonto ese, que va de machito”, recuerda. Ahora tiene 66 años y una Honda VFR1200 gracias a la que ha conocido a grandes amigos y, sobre todo, a su actual pareja.
“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta”. Así empieza una de las novelas más importantes de la literatura universal contemporánea que, escrita por el autor ruso Vladimir Nabokov, introducía al lector en la mente de Humbert, un pederasta que narra la historia sobre cómo se obsesiona con una menor de edad. Durante la novela, su voz responde a la de un narrador no fiable, es decir, uno que hace dudar al lector de la veracidad del relato.
La captura de Nicolás Maduro ha abierto en Venezuela, en apenas tres meses, una escena que durante años pareció imposible: la del cambio. No es todavía una transición fiable, pero sí el fin de una inercia que parecía inamovible. Y eso, en un país acostumbrado a la parálisis, ya es un avance. La liberación de presos políticos, ciertas aperturas en el espacio público y una tímida reactivación de la vida política sugieren que algo se ha movido en el corazón del sistema. Incluso dentro del chavismo se perciben reajustes, intentos de reorganización y señales de que el poder ya no descansa en un solo nombre. Conviene reconocer esos avances por puro realismo. Venezuela llevaba demasiado tiempo atrapada en una lógica de bloqueo total, donde cada gesto era imposible y cada expectativa se estrellaba contra un muro autoritario y represor. Hoy ese muro presenta grietas. La sociedad vuelve a asomarse a la calle, la oposición intenta recomponerse y la comunidad internacional ha vuelto a mirar al país como un escenario abierto y no como un caso perdido.
La idea de construir un ejército europeo lleva décadas sobrevolando la UE. Los crecientes conflictos geopolíticos de los últimos cuatro años y el abierto distanciamiento de Trump hacia Europa la han vuelto a poner sobre la mesa, pese a los obstáculos y a quienes la consideran falta de realismo.

“Un amigo que nos amenaza deja de ser amigo. Como los matones no responden más que a la fuerza, a partir de ahora estaré preparado para ser mucho más fuerte. Y el presidente debería estar preparado para eso”. Son palabras de Hugh Grant, en el papel del primer ministro británico, cuando tiene que enfrentarse al presidente de Estados Unidos en una famosa escena de la comedia romántica Love Actually. En la vida real, el primer ministro británico, Keir Starmer, ha intentado plantarle cara —tímidamente— al matón de la Casa Blanca por la última guerra estadounidense en Oriente Medio. A pesar de los impresionantes esfuerzos del Gobierno británico para adular a Donald Trump desde que fue elegido, la respuesta de este al pequeño intento de rebelarse de Starmer ha sido un torrente de desprecio. De modo que la película de la realidad no es Love Actually. Es Contempt Actually [“En realidad, desprecio”].