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La ideología de la República Islámica de Irán se suele calificar, erróneamente, como reaccionaria o ultraconservadora. El islamismo iraní, sin embargo, es fruto de una amalgama ideológica alejada del conservadurismo o tradicionalismo. Se trata de una reinterpretación política, impregnada de una retórica marxista, de las creencias y tradiciones del chiismo duodecimano. Una “Teología de la Liberación” islámica.
Posiblemente la tablet sea el mejor invento desde la invención de la penicilina. Creo que podría acostumbrarme a vivir sin un móvil conectado a Internet, pero ni hablar de renunciar a esa pantalla gigante que muestra mis correos electrónicos, la prensa, los libros y las series subtituladas al tamaño que agradecen unos ojos bastante machacados. Por esta razón me saltaron todas las alarmas solidarias el pasado jueves cuando descubrí en X a un usuario, @jose_arcas, que trataba de desesperadamente de recuperar el iPad que había olvidado en un tren: “Hola, @Renfe, me dejé el iPad en un AVE hace dos días y lleva desde entonces viajando por España. No puedo reclamarlo como objeto perdido desde la web de ADIF porque no figura como encontrado. Tengo los detalles del tren en el que va, podéis avisar a la tripulación?”, interpelaba el desdichado a la compañía ferroviaria.

De todos los dioses salvajes que inventamos los humanos, ninguno resulta tan implacable como aquel con el que dimos forma al tiempo. Crono, que ya en la Antigüedad vino a fundir dos divinidades distintas, solía representarse con una hoz en la mano, instrumento con el que castró a su padre Urano y con cuyo filo, según pinturas posteriores, cercenó también las alas de Cupido. La alegoría no podría estar mejor construida, porque cada instante de nuestra vida evoca una suerte de parricidio freudiano. Cualquier segundo nace gracias a la muerte del instante precedente. Y si el presente surge de la muerte del pasado, no es menos cierto que este mismo presente morirá a manos de un futuro inminente.
La obra de Banksy se ha construido sobre la crítica política y social de sus dibujos con plantilla y el misterio que ha rodeado su verdadera identidad. En distintos momentos de la historia reciente, medios e investigadores han dedicado todos sus esfuerzos a tratar de desvelar quién es la persona o el colectivo que se oculta detrás de todas las máscaras y sombras sobre las que se ha escondido uno de los representantes más importantes del arte actual. Ahora, un reciente informe de Reuters ha roto el misterio al certificar que Robin Gunningham es el nombre real del creador. Se trata del mismo hombre al que se había identificado ya en 2008, la diferencia es que su entorno ni confirma ni desmiente esta reconfirmación, la clave que otorga a esta investigación una autoridad hasta entonces desestimada por quienes hacían de portavoces de Banksy.
La muerte de un hombre de 38 años, uno de los dos participantes que entraron en parada cardiorrespiratoria en la última media maratón de Madrid, celebrada el pasado mes de abril, volvió a instaurar en la esfera pública el debate sobre los posibles riesgos para la salud cardiovascular de las grandes pruebas de resistencia (maratones, ultramaratones, triatlones, ironman, etc.). La atención mediática que generan estos sucesos, unida a la aparición de algunos estudios que alertaban de la existencia de una hipotética dosis segura máxima, más allá de la cual los efectos adversos del ejercicio para el corazón podrían superar a sus beneficios, despiertan de forma puntual la alerta sobre la práctica de unas pruebas deportivas que cada vez ganan más adeptos.
Cuando Alejandro González Iñárritu (Ciudad de México, 62 años) estrenó en 2017 Carne y arena, la batalla de Estados Unidos contra el drama de la inmigración, se libraba medio a escondidas. Ante todo, en la frontera del desierto al sur del país, con la bofetada constante del viento en la cara, la vigilancia silenciosa de las patrullas, los helicópteros, los cactus y los matojos o la marca entre fría y ardiente de la arena en los pies. Hoy la represión contra esa perfectamente comprensible aspiración a una vida mejor, se ejerce a golpes, empujones y a tiros por el cuerpo camuflado de los miembros del ICE, retransmitida en directo desde las ciudades donde operan a las puertas de las casas, en el transporte público, a la salida del trabajo o en la puerta de los colegios.

Quim Gutiérrez (Barcelona, 44 años) no ha pasado una buena noche. Uno de sus hijos lo despertó a las tres de la madrugada por una pesadilla, así que estuvo hasta el alba “cazando” arañas imaginarias. Disimula bien el cansancio. “Es lo bueno de ser actor. Se nos da bien interpretar papeles”, dice. Lleva toda su vida actuando. “De pequeño quería llamar la atención de la gente. Veía a los políticos en televisión y quería eso. Quería ser alcalde de Barcelona”, recuerda. Debutó a los 12 años en la exitosa serie Poblenou. A los 25 ganó el Premio Goya a mejor actor revelación por su papel en la comedia dramática AzulOscuroCasiNegro. Ahora, a punto de cumplir 45, se estrena como “chico Almodóvar” en Amarga Navidad, la nueva película del director manchego. Es difícil imaginar un mejor regalo de cumpleaños para un actor. “Estoy en un buen momento. Me gusta hacerme maduro. Voy perdiendo pelo por delante, pero de momento aguanto”.



Kenny Roggers Mogollón Infante, peruano de 41 años, lleva más de 17 años al volante de grandes camiones tipo tráileres. Empezó en el norte de su país transportando maquinaria pesada para obras civiles y también para el ejército, en trayectos que le llevaban hasta dos días. Hace dos años entró en la página web del Grupo Arnedo, una compañía con 240 camiones situada en La Rioja, y se comunicó con ellos para convertirse en uno de sus conductores. Tras cumplir los requisitos de la empresa, lograr el canje de su permiso de conducción y superar los trámites administrativos, se convirtió en uno de sus camioneros. El caso de Mogollón Infante es cada vez más frecuente en España. Ante la falta de profesionales interesados en el transporte de mercancía y de viajeros por carretera, las compañías tienen que acudir a otros países, en especial Perú, Marruecos y Colombia, para conseguir a los empleados. El problema ahora es acuciante, pero será mucho mayor en una década, cuando se jubilarán gran parte de los conductores actuales.
La falta de conductores no es la única carencia que sufre el sector del transporte por carretera. El abandono de los vehículos con motores diésel y el optar por vehículos eléctricos ha motivado también que no haya mecánicos especializados en el mundo de las baterías, según explica el presidente de Confebus, Rafael Barbadillo. Las empresas están teniendo problemas para contar con estos profesionales, lo que también repercute en el mantenimiento y en las revisiones de los vehículos. "Faltan electromecánicos y no hay perfiles en el mercado. En España no los encontramos porque no hay gente que se dedique a esta especialidad", reconoce el responsable de la patronal de los autocares. Por ello y en la medida de lo posible, también hay que acudir a personal de otros países.
Una de las posibles soluciones pasa por promocionar este oficio en los cursos de FP, de forma que en dos o tres años los estudiantes estén ya en el mercado de trabajo. Mientras, habrá que recurrir a otras formas, como el reciclaje de los actuales mecánicos o llamar a las puertas de otras naciones que sí cuenten con ellos ya preparados.
¿Qué condicionantes territoriales y orográficos tenían de partida las ciudades de Madrid y Barcelona? ¿Cómo han evolucionado demográficamente o económicamente? ¿Qué retos afrontan para superar las desigualdades o la crisis de la vivienda? ¿Se tomaron decisiones políticas erróneas en el pasado que todavía arrastran en cuestiones como la densidad urbana? Son asuntos que plantea Barcelona/Madrid, por un diálogo crítico, un libro que acaba de publicar la histórica Universidad Federico II de Nápoles, y que firman el geógrafo barcelonés Oriol Nel.lo y el arquitecto madrileño Agustín Hernández Aja.