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Un nuevo chatbot “oficial y soberano” del Gobierno ayudará al profesorado de la enseñanza pública realizando la primera versión de las evaluaciones de los alumnos, las adaptaciones curriculares de los chavales que las necesitan, y otros documentos que los docentes tienen que redactar a lo largo del curso, además de facilitarles la creación de actividades para el aula. El llamado Programa de Inteligencia Artificial para la Educación cuenta con un presupuesto de 140 millones de euros y, según han adelantado a EL PAÍS fuentes conocedoras del mismo, se pondrá en marcha entre este año y el siguiente. El objetivo es aliviar a los profesores de la carga burocrática, que ha aumentado a raíz de la reforma educativa y se ha convertido en una de las principales causas de su malestar según reflejan tanto las encuestas de los sindicatos de enseñanza como los estudios oficiales. El plan incluye un plan para formar a los docentes en la materia.
De joven, Adolfo Aguilera tuvo un accidente de moto en Madrid, cerca de Manuel Becerra. Entonces tenía muchos amigos, pero no se atrevió a llamar a ninguno para que recogiese su moto. Tuvo que pagar a un taller. “Yo salí dos veces del armario. La primera cuando me acepté como hombre gay y la segunda como motero. Entre mi círculo de amistades no lo comentaba, era una afición fuera del mundo gay. Pensaba que iban a decir: ‘Mira al tonto ese, que va de machito”, recuerda. Ahora tiene 66 años y una Honda VFR1200 gracias a la que ha conocido a grandes amigos y, sobre todo, a su actual pareja.
“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta”. Así empieza una de las novelas más importantes de la literatura universal contemporánea que, escrita por el autor ruso Vladimir Nabokov, introducía al lector en la mente de Humbert, un pederasta que narra la historia sobre cómo se obsesiona con una menor de edad. Durante la novela, su voz responde a la de un narrador no fiable, es decir, uno que hace dudar al lector de la veracidad del relato.
La captura de Nicolás Maduro ha abierto en Venezuela, en apenas tres meses, una escena que durante años pareció imposible: la del cambio. No es todavía una transición fiable, pero sí el fin de una inercia que parecía inamovible. Y eso, en un país acostumbrado a la parálisis, ya es un avance. La liberación de presos políticos, ciertas aperturas en el espacio público y una tímida reactivación de la vida política sugieren que algo se ha movido en el corazón del sistema. Incluso dentro del chavismo se perciben reajustes, intentos de reorganización y señales de que el poder ya no descansa en un solo nombre. Conviene reconocer esos avances por puro realismo. Venezuela llevaba demasiado tiempo atrapada en una lógica de bloqueo total, donde cada gesto era imposible y cada expectativa se estrellaba contra un muro autoritario y represor. Hoy ese muro presenta grietas. La sociedad vuelve a asomarse a la calle, la oposición intenta recomponerse y la comunidad internacional ha vuelto a mirar al país como un escenario abierto y no como un caso perdido.
La idea de construir un ejército europeo lleva décadas sobrevolando la UE. Los crecientes conflictos geopolíticos de los últimos cuatro años y el abierto distanciamiento de Trump hacia Europa la han vuelto a poner sobre la mesa, pese a los obstáculos y a quienes la consideran falta de realismo.

“Un amigo que nos amenaza deja de ser amigo. Como los matones no responden más que a la fuerza, a partir de ahora estaré preparado para ser mucho más fuerte. Y el presidente debería estar preparado para eso”. Son palabras de Hugh Grant, en el papel del primer ministro británico, cuando tiene que enfrentarse al presidente de Estados Unidos en una famosa escena de la comedia romántica Love Actually. En la vida real, el primer ministro británico, Keir Starmer, ha intentado plantarle cara —tímidamente— al matón de la Casa Blanca por la última guerra estadounidense en Oriente Medio. A pesar de los impresionantes esfuerzos del Gobierno británico para adular a Donald Trump desde que fue elegido, la respuesta de este al pequeño intento de rebelarse de Starmer ha sido un torrente de desprecio. De modo que la película de la realidad no es Love Actually. Es Contempt Actually [“En realidad, desprecio”].

Fallecido el 23 de marzo, Lionel Jospin deja en la izquierda francesa un recuerdo a la vez nostálgico y amargo. La llevó a la victoria en las elecciones legislativas de abril de 1997, después de que Jacques Chirac, el presidente francés de entonces, disolviera la Asamblea Nacional en medio de la legislatura; y, sin embargo, sigue siendo un símbolo controvertido: fue derribado por razones que él mismo nunca quiso analizar, salvo de manera superficial. Años antes, en 1995, François Mitterrand, al abandonar la presidencia, había dejado la izquierda en estado de ruina. Jospin, convertido en primer ministro de cohabitación con la derecha, prometía reconstruirla para gobernar con un programa auténticamente transformador, pues era un hombre de convicciones imbuido del ideal socialista. Su as en la manga —el ingrediente de su victoria sorpresa— residió en un proyecto estratégico, el de una “izquierda plural” (concebido en realidad por uno de sus seguidores, Jean-Christophe Cambadelis) capaz de aglutinar, más allá de un mero acuerdo electoral, a comunistas, republicanos, radicales sociales y ecologistas, y que distinguiría, en aquel momento esperanzador, a los socialistas franceses del reformismo tímido de la socialdemocracia europea.
Una curiosa desviación gramatical se va extendiendo a gran velocidad por los medios informativos, la supresión de un artículo en las construcciones partitivas: “El 15% de españoles”, “la mayor parte de regiones”, “el resto de participantes”… Es más fácil oír y leer eso en ellos que la fórmula tradicional que sigue usando la inmensa mayoría de los hablantes.

Hoy la música latina domina el mundo, aunque hubo un tiempo en que no estaba tan bien vista, sobre todo en ciertos ámbitos. Pero allí estaba Víctor Coyote (Víctor Aparicio Abundancia, Tuy, 68 años), primero como miembro de Los Coyotes, luego por su cuenta y riesgo, partiendo del rock and roll y el punk para explorar los ritmos más calientes.
