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A mediados de marzo de 2025, la Armada mexicana detuvo en Yucatán a José Remedios Araiza, alias R1, “líder de sicarios del Cartel Santa Rosa de Lima” (CSRL), una de las organizaciones criminales más violentas del Bajío, particularmente activa en Guanajuato y Querétaro. Las autoridades anunciaron a la vez la detención de otros nueve individuos, todos parte del mismo entramado delictivo, uno señalado incluso de perpetrar una matanza en Querétaro a finales de 2024. Las capturas ocuparon las cabeceras de los diarios algunas horas y luego se disolvieron en el magma de la actualidad. Pero los integrantes del Gabinete de Seguridad intuían que aquello tendría consecuencias importantes para la región.
El país que gestionó de manera más torpe sus reservas de oro en los últimos años es a la vez uno de los que más confianza suscita en otros para guardar sus lingotes. El Banco de Inglaterra (BoE, por sus siglas en inglés) custodia en sus nueve cámaras acorazadas, en los sótanos del histórico edificio de Threadneedle Street, unas 5.000 toneladas del metal precioso, con un valor actual superior a los 230.000 millones de euros. Solo la Reserva Federal de Estados Unidos supera esa cantidad.
El Banco Central Europeo (BCE) subió los tipos de interés el jueves —un cuarto de punto, hasta el 2,5%—, en la que es la segunda alza del año. Se espera un incremento por parte de la Reserva Federal esta semana con un 80% de probabilidades, si bien el Banco de Inglaterra parece más inclinado a esperar. Nueva Zelanda ya los subió a primeros de mes, igual que el Banco de Japón en junio y el de Corea en agosto. La subida del precio del petróleo y el gas, como consecuencia de una guerra de Irán que lleva ya siete meses, ha calentado la inflación y resucitado la guerra de la política monetaria contra esta, después de la gran escalada de 2021-2023.
A Mónica González le ofrecieron una tarjeta de crédito en el pasillo de un centro comercial y otra mientras compraba en una tienda de ropa. Lo que nunca pensó es que al utilizarlas empezaría una pesadilla en forma de deudas. “Cuando la contratas, no eres consciente de lo que se te avecina. El problema se convierte en una bola de nieve: usas una para pagar otras y la deuda, en vez de bajar, cada vez sube más. Te atrapan de por vida”, lamenta. A las dificultades económicas se sumó la presión de los cobradores. “Tienes que ser fuerte de mente, te acosan telefónicamente a todas horas, más de 50 llamadas al día, llamaron hasta a mi trabajo”, relata.
La Alemania del nunca más posnazi está en plena metamorfosis. Alternativa para Alemania (AfD) se alzó hace unos días con una clara victoria en Sajonia-Anhalt, uno de los länder del Este, y ha puesto la política alemana patas arriba: es la primera vez que la extrema derecha puede gobernar en ese país desde la II Guerra Mundial. Para entender a la primera potencia europea, si es que eso es posible, hay que examinar los temores de su ciudadanía: los ultras han conseguido traducir el sufrimiento relacionado con una crisis profundísima en la gramática del resentimiento cultural y nacional. AfD forma parte de la Internacional Reaccionaria que ya gobierna en Estados Unidos, en varios países latinoamericanos y en media docena de naciones europeas. Pero a la vez marca perfil propio: ha evitado moderarse, como han hecho Marine Le Pen y Giorgia Meloni para no espantar a potenciales votantes. Y solo esporádicamente participa de las tupidas redes internacionales tejidas en todo el mundo en los últimos 25 años, y de manera acelerada en el último lustro.
Nadie había llegado nunca tan lejos. Comprar votos es una práctica tan antigua como la democracia. Pero a nadie se le había ocurrido la compra de una elección entera, tal como ha anunciado Donald Trump en la Convención Republicana en Dallas, donde prometió pagar 5.000 dólares (algo más de 4.300 euros) a cada uno de los 250 millones de ciudadanos con derecho de voto si el resultado de los comicios de mitad de mandato del próximo 3 de noviembre arroja la mayoría trumpista que le permita seguir controlando tanto la Cámara de Representantes como el Senado.



Donald Trump lleva meses tratando de buscar una salida a una trampa que cavó con sus propias manos. La guerra contra Irán, con objetivos poco claros y un desenlace aún más incierto, se ha cruzado de lleno en su camino hacia las elecciones de mitad de mandato del próximo 3 de noviembre, con las encuestas dando claramente la espalda a su partido, el republicano, y una queja generalizada: lejos de bajar, como prometió en campaña, el coste de la vida no ha dejado de subir. Con el ardor bélico como gran catalizador.
El Partido Socialdemócrata ha sido la fuerza más votada en todas las elecciones parlamentarias celebradas en Suecia desde 1917. Los sondeos apuntan a que volverá a ganar las de este domingo con un amplio margen. No obstante, su regreso al poder tras cuatro años en los que ha gobernado la derecha, que hace pocas semanas parecía prácticamente garantizado, se ha convertido en una gran incógnita tras el final de la campaña electoral. Las encuestas pronostican ahora un resultado muchísimo más ajustado.