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Los principales bancos y gestoras de activos europeos han disparado en el último año sus inversiones en Palantir, la controvertida empresa tecnológica estadounidense, a pesar de su vinculación con graves violaciones de los derechos humanos. La compañía presta servicios al ICE, el servicio de inmigración y control de aduanas de Estados Unidos, y al ejército israelí en los territorios palestinos. Amnistía Internacional denunció ya en 2020 que la entidad no respetaba los estándares internacionales vigentes, y la consultora MSCI la ha puntuado con 2 sobre 10 en “libertades civiles” y “derechos humanos” en un reciente informe de referencia para inversores institucionales de todo el mundo. Su fundador y presidente, Peter Thiel, defiende abiertamente ideologías antidemocráticas y antieuropeístas.
¿Sirve entrelazar los meñiques o mirar la luz del sol nada más despertar para no levantarse a hacer pis por la noche? Ojalá fuera tan sencillo. Estos son algunos de los trucos virales que circulan en redes sociales y carecen de evidencia científica. EL PAÍS ha consultado a cuatro expertos en urología, nefrología y medicina de familia para explicar hasta qué punto es ‘normal’ despertarse a orinar y qué estrategias realmente funcionan.
El móvil vibra de forma inesperada. En la pantalla aparece un mensaje: llamada entrante. Contestarla requiere de un gesto simple, aunque cada vez para más personas resulta complicado. Se opta por no contestar; ya, si eso, luego se enviará un mensaje. Y si el remitente es desconocido, ni se duda. El mensaje está ganando por goleada a las llamadas al haber numerosas aplicaciones que facilitan el contacto escrito y al considerarse menos intrusivo, entre otras ventajas. Pero hay un punto importante a considerar en lo que refiere a las relaciones: las llamadas de teléfono generan más conexión. Y esto, quizás, es algo a tener muy en cuenta ante la queja frecuente de que las relaciones se han vuelto más superficiales.

El Desafío Semanal es un reto con diez preguntas sobre informaciones publicadas durante los últimos siete días en los distintos canales de EL PAÍS. Anímate a resolverlo cada viernes y déjanos tus observaciones en los comentarios o escribiendo a juegos@elpais.es. También puedes sugerirnos alguna pregunta (con sus opciones) y valoraremos publicarla.
Una de las grandes diferencias de la crianza actual con las anteriores generaciones es que somos los primeros en vivir atrapados en el mini Matrix de los grupos de WhatsApp. Antes podía haber una cierta relación con varios padres de clase y ponerse al día en la puerta del colegio, pero ahora la comunicación digital nos persigue a todas partes y a todas horas. Para lo bueno y para lo malo, tenemos al resto de padres y madres de la clase flotando como fantasmas a nuestro lado, desde primera hora de la mañana cuando miramos el móvil en el váter.
La guerra en Oriente Próximo ha puesto en guardia a los principales bancos centrales del mundo, que temen que el encarecimiento de los precios de la energía se traslade con contundencia a la inflación si el conflicto se prolonga. De momento, las autoridades monetarias han decidido mantener sin cambios los tipos de interés en sus encuentros de esta semana, pero eso puede cambiar con rapidez si las consecuencias del ataque lanzado el 28 de febrero por Trump y Netanyahu se agravan. Basta con ver lo sucedido en las últimas horas con el precio del gas, que ha llegado a subir en algunos momentos más de un 30% en una sola jornada tras el bombardeo de la planta catarí de Ras Laffan —la mayor infraestructura de exportación de gas licuado del mundo— y de una terminal petrolera saudí en el mar Rojo. Irán está dispuesto a utilizar la baza de la economía como arma de guerra, y eso pasa por una escalada del conflicto, ataques a instalaciones energéticas y el bloqueo del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.
La guerra emprendida contra Irán por los estadounidenses e israelíes, con la logística militar y los centros de inteligencia más eficaces y poderosos del planeta, se antojaba rápida y fulminante. Bastaría, de entrada, una maniobra de control total del cielo y su sólida red de espías infiltrados en el mismísimo corazón del poder iraní, para poder aniquilar a las fuerzas y a los dirigentes del país. Los objetivos de la guerra fueron divulgados desde el inicio de la ofensiva: la imposición de un cambio de régimen político en Irán, previa destrucción de sus infraestructuras militares (capacidades de defensa aérea y bases de lanzamiento de misiles), desencadenando una campaña de asesinatos contra sus dirigentes, mientras se fomentaba revueltas populares que coronarían la operación de liberación militar. Los asesinatos (Ali Jameneí, Ali Larijani ) marcan la identidad de la aventura bélica de Benjamin Netanyahu y los halcones estadounidenses. Donald Trump se ha plegado de buen grado a la visión israelí sobre Irán y Oriente Medio, que utiliza el caos generado en torno al territorio de Israel como única garantía de seguridad. Y actúa con absoluto desprecio del derecho internacional, convirtiendo definitivamente la guerra preventiva —aquella respaldada por el trío de las Azores— en la norma y el derecho del más fuerte, en la ley.
No por melancólico deja de ser entretenido repasar cómo se llevan los países europeos con su Historia. En Alemania, ya lo sabemos, el pasado dicta el presente. En Italia, el lugar donde todo ha ocurrido antes, tienden a repetir una Historia que les ha enseñado a ser sinuosos. Y si en Italia repiten la Historia, en Francia nada querrían más que repetirla. E incluso podemos pensar que buena parte de los males de la Gran Bretaña actual provienen de la conciencia dolorida de no poder hacerlo.

El martes el Real Madrid eliminaba al Manchester City de Guardiola en la Champions. Mientras, a la chita callando, un millón de personas estaban pendientes en Youtube de las andanzas de Frank Cuesta, Labrador, Dakota o Aída Nizar en el último hit del mundo digital, La cárcel de los gemelos.