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Este martes 14 de julio, el día en que la República francesa celebra su nacimiento, veintiséis franceses saltarán al césped de Dallas para enfrentarse a España en una semifinal de la Copa del Mundo. Veintiséis franceses. Por lo visto, hay que recordarlo.
Ahora que a un líder supuestamente incorruptible del PSOE le han encontrado un joyero que pondría los dientes largos a Elizabeth Taylor, ahora que se ha demostrado que los hombres de máxima confianza del presidente no andan muy sobrados de principios, ahora que el Gobierno vive momentos de debilidad máxima, el jefe de la bancada de enfrente ha decidido atacar a la gente trabajadora que enferma y se coge bajas con cobertura social. Ha sido justo después de que al vicesecretario de Igualdad de su partido le diera por arremeter contra la gente trans que no molesta a nadie. Ha pasado justo cuando a la lideresa anarcoliberal en la que los conservadores tienen depositada toda su esperanza le ha parecido prioritario hablar de los abortos ajenos. Después de años de guerra cultural, odio sarraceno y descalificación constante, es muy llamativo que, ahora que ya las fichas han caído exactamente como ellos querían, por fin se atrevan a hacer propuestas. Y que todas conlleven destrucción. Justo ahora que nos ilusionaríamos con cualquiera que nos hablase de construir. Viviendas de protección oficial, centros médicos, quirófanos, residencias, escuelas bien refrigeradas, guarderías con profesores suficientes, polideportivos con piscinas, bibliotecas, refugios climáticos, universidades, albergues, carreteras, vías férreas, parques, paseos fluviales, reservas naturales, brigadas forestales, parques de bomberos. Pues no. Ellos han decidido ir a por los derechos adquiridos y libertades conquistadas. El naturalista, biólogo y escritor E. O. Wilson, al que se suele etiquetar como el Darwin de nuestra época, le dio un nombre a la era en la que vivimos diferente de antropoceno. Él la bautizó como “Eremoceno”, palabra que tiene en su raíz el griego eremos, que significa páramo, desierto, desolación. Se refería a la conducta humana aniquiladora que nos ha llevado al borde de la extinción. Ojalá estuviese vivo para sentarse a hablar seriamente con la oposición.

Enma López (Vigo, 40 años) ha revolucionado al PSOE y a la política madrileña. Es concejala en el Ayuntamiento de Madrid desde 2019 y en las últimas tres semanas no ha parado de dar sorpresas. El primer terremoto lo provocó al presentarse a las primarias para ser la candidata socialista en lugar de Reyes Maroto. No gustó a Ferraz ni a la dirección de la federación madrileña. La respuesta fue furibunda: que se había precipitado, que no había respetado los tiempos ni pensado en la ejecutiva. “Hay claramente una falta de lealtad”, afeó Maroto este lunes. El siguiente hito se produjo justo dos días antes de estas palabras, cuando logró los avales necesarios para medirse con la exministra y actual portavoz en Cibeles. “Nos dijeron que no íbamos a ser capaces”, dijo López nada más conseguirlo. La próxima hazaña que se ha fijado es ganar la votación, que se celebra el domingo, contra el aparato de su partido y convertirse en la contendiente socialista para enfrentar a José Luis Martínez-Almeida en 2027.


La temperatura más alta registrada en la historia en España es de 47,6 °C y se dio el 14 de agosto de 2021 en La Rambla (Córdoba). Esto es con los sistemas de medición oficiales de la Agencia Española de Meteorología (Aemet), siguiendo siempre los mismos criterios, y en sitios donde no incide directamente el sol, pues puede haber otros registros que no tienen validez. Tras dos olas de calor en lo que va de verano y con el progresivo incremento de los días abrasadores, la pregunta es: ¿hasta qué punto está España cerca de un récord de 50 grados?
No le dio importancia. Cuando su hermano le dijo que había fuego en Los Gallardos, Waheed Mumtaz (Gujrat, Pakistán, 35 años) acababa de llegar a la nave en la que guarda a su rebaño de 720 cabras para ordeñarlas. La noticia no hizo que cambiara de plan. Su terreno está en la carretera que da acceso a Bédar, el pueblo que terminó por llevarse la peor parte del incendio, pero en ese momento lo separaban de las llamas más de siete kilómetros. Lo que Mumtaz no intuía entonces es que solo unas horas después se vería junto a su hermano luchando mano a mano contra lenguas de fuego y usando como única defensa una manguera sin presión y un cubo de agua.



El candado que se abrió la medianoche del 15 de diciembre de 1982 en la verja de Gibraltar ni era el que se había pasado 13 años sin uso tras el cerrojazo franquista, ni era uno solo. “Estaban oxidados y se cambiaron días antes porque estaban impracticables. No era una puerta, sino tres”, cuenta, entre risas, Juan Carmona, el alcalde de La Línea de la Concepción de entonces, que vivió aquel momento clave para el Campo de Gibraltar. La mayor parte de las veces, la historia es más cómo se escribe que cómo fue. Lo que ocurrirá en la medianoche de otro día 15, pero de este julio, momento en el que se hará efectiva el fin del paso fronterizo gibraltareño, aún está por plasmar. Pero Carmona tiene claro que será aún más icónico que lo de hace 44 años: “Aquello fue importante, pero esto va a ser trascendental”.


La línea 11 de Metro nació hace más de tres décadas con una misión: convertirse en una gran línea semicircular capaz de conectar, por un lado, los barrios del norte de Madrid entre sí, y por otro, crear un corredor norte-sur sin obligar a pasar por el centro. Ahora, ese plan ha quedado definitivamente atrás. La Comunidad de Madrid presentó la semana pasada el trazado definitivo del tramo norte de la ampliación, una actuación dotada con 880,6 millones de euros que llevará la infraestructura hasta Valdebebas, el Hospital Isabel Zendal, la futura Ciudad de la Justicia, Ifema y el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. El Gobierno regional defiende que la nueva línea será “uno de los principales ejes vertebradores” de la red del suburbano. Expertos en movilidad y asociaciones vecinales, sin embargo, consideran que el cambio altera la lógica con la que fue concebido el proyecto y deja sin resolver algunas de las principales carencias de transporte público del norte de la capital.
“No se considera oportuno impulsar un convenio en los términos planteados”. Con esa frase responde el Gobierno de Cataluña a la oferta de Madrid para que todas las regiones apuesten por la “corresponsabilidad financiera” y eviten así a sus ciudadanos el nuevo requisito de estar empadronados en la región capital para acceder a su tarjeta de transportes. El Gobierno de Salvador Illa (PSC) considera que extender esa condición por toda España “fragmentaría más” el acceso al sistema y no resolvería “ninguno” de sus problemas. Además, Galicia reclama reciprocidad en la medida. Es decir, que Madrid cofinancie el uso que hacen los estudiantes madrileños del sistema de transportes gallego. Sí han mostrado interés por rubricar esos acuerdos de cofinanciación Ceuta, Canarias, Comunidad Valenciana, Cantabria, Castilla y León o Extremadura, según un portavoz gubernamental madrileño. Castilla-La Mancha ya tiene un acuerdo similar. El nuevo requisito entró en vigor en junio y afecta a 200.000 personas.

Decir “lo siento” no es suficiente. Al menos no para todas las personas. Mantener un vínculo afectivo se complica cuando hay malentendidos. A veces las conexiones no se rompen por falta de amor o empatía, sino por falta de herramientas para solucionar los conflictos. Y es que todos tenemos necesidades diferentes; para algunos basta con recibir un “perdón” y otros prefieren las acciones antes que las palabras. Un gesto como el de John Cusack en la película Digan lo que digan (Say Anything, en versión original), cuando sostiene un radiocasete frente a la ventana de su amada para reproducir una canción y, sin decir nada, recuperar la conexión entre los dos. Para identificarlas, el pastor y consejero matrimonial estadounidense Gary Chapman propuso los cinco lenguajes del perdón: expresar arrepentimiento (“lo siento”), aceptar la responsabilidad, restituir, cambiar de comportamiento y pedir perdón (“¿me perdonas?”). Un modelo que “la gente toma como horóscopos. Como: ‘esa es mi personalidad, eso es lo que yo soy y es lo que hay’, cuando son una herramienta para conocer qué me sirve y qué no me sirve”, aconseja el psicoterapeuta especialista en relaciones éticas y creador de la red de apoyo Gotitas de Poliamor Jaime Gama.
Algunos tópicos tardan en morir, pero por fortuna el que sostenía que los Pirineos separaban sin remedio a España de Francia hace décadas que dejó de tener validez. La presencia este martes de Pedro Sánchez en París para el 14 de julio, la fiesta nacional que conmemora la toma de la Bastilla, junto al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, y otros líderes europeos, no es solo una cita protocolaria. El desfile por los Campos Elíseos, presidido por Emmanuel Macron, contará con la participación de militares españoles, ucranios y de otros países. Con la coreografía entre cívica y marcial que tan bien sabe ejecutar la República, se escenificará el compromiso de todos con Ucrania. Y será al mismo tiempo una demostración de la vitalidad de una amistad franco-española, a prueba de la recientes polémicas y salidas de tono de quienes han logrado que se escuche hasta en París el volumen desquiciado de algunos debates españoles. Lo que une a ambos países, rivales el mismo día en la semifinal del Mundial, es mucho más que esto. Son los estrechos lazos culturales, humanos y económicos. Y son unos mismos intereses en un continente sometido a tensiones extremas en el interior y amenazas en el exterior.