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Historia cien veces repetida en el mundo de la música, pero siempre con nuevos matices. Los Negativos fueron un fogonazo underground de pop sixties en los años 80 de una Barcelona inquieta, casi virginal. Tuvieron una trayectoria corta, apenas dos elepés, una disolución temprana y obra posterior no tan recordada. Dos de sus miembros, Alfredo Calonge y Valentí Morató, fallecieron prematuramente, y en el concierto que tributaron como homenaje al primero el año 2014, Carles Estrada y Roberto Grima comprobaron que su grupo era para muchos algo más que un recuerdo. Una biografía en 2022, Los Negativos ¡Bony es Dios! y un documental sobre la banda en 2024 Los Negativos, graduados en underground, reafirmaron la importancia del grupo y la vigencia de su legado psicodélico. Ahora, para celebrar los 40 años de Los Negativos, el sello leridano Guerssen Records, que cumple 30, reedita Piknik Caleidoscópico, primer y casi legendario álbum de la banda, que además tocará en directo el día 28 en Lleida tras una charla sobre el sello, el grupo y la proyección de su documental. Una jornada negativa para celebrar dos efemérides.
No hay Pascua sin chocolate. Lo que un día se celebró con un sencillo bollo con un huevo duro, se ha convertido en un chute de chocolate por un tubo, con las figuras reinando en los escaparates de las pastelerías desde hace unos días. Este fin de semana las ventas ya aumentarán. Aunque la tradición fija el lunes de Pascua como día para tomarlas, el chocolate aguanta bien y hay que ser previsores para encontrar la más deseada por los ahijados. No hay mejor sitio para comprarlas que las pastelerías y chocolaterías de barrio, cada uno la que tenga en su radar, para apoyar el comercio local de Barcelona.

El pasado enero empezó a sorprender a los ciudadanos de Kiev, la capital de Ucrania, el zumbido de los drones rusos en pleno día. El ruido inconfundible de los Shahed era algo que la población se había acostumbrado a oír de noche. Los bombardeos diurnos en ciudades de Ucrania alejadas del frente habían sido una experiencia habitual en la primera mitad de la guerra, entre 2022 y 2024, pero luego el Kremlin pasó a bombardear sistemáticamente de noche. Hasta este 2026, cuando los ataques diurnos se han vuelto cada vez más frecuentes e intensos.
Hay unas rimas del rap titulado Balidan (que significa sacrificio, en nepalí) que dicen algo así como: De pueblo en pueblo / la juventud se levanta y toma la pluma / Lo correcto llega, escuchen con atención / El futuro vaga en el torbellino, con la responsabilidad del futuro. El autor de estos proféticos versos, críticos con los gobernantes de Nepal, que vaticinan la llegada de una revolución de los jóvenes contra los “estúpidos” poderosos, es el rapero Balen. El popular tema fue lanzado en plataformas musicales a finales de 2019, seis años antes de que la generación Z nepalí saliera a la calle en masa para protestar contra los partidos políticos tradicionales del país, la corrupción y el desempleo, y convirtiera al icono juvenil Balen en el primer ministro Balendra Shah (Katmandú, 35 años). Cargo que asume oficialmente este 27 de marzo.
En septiembre de 2021, se presenció una escena inusual frente al Golfo San Matías, en la Patagonia argentina. La manada de unos 350 delfines avanzaba velozmente hacia la costa. Horas más tarde, desaparecieron. A la mañana siguiente, 52 de ellos fueron encontrados muertos en distintas playas de la Bahía de San Antonio. Dos años después, en 2023, fueron alrededor de 570 delfines los que entraron en esta bahía y comenzaron a vararse uno tras otro en la costa. La escena se repetía, pero esta vez durante el día, ante la mirada de decenas de personas y sin mamíferos muertos. Lo que ocurrió ese segundo año permitió a los científicos del Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos Almirante Storni comprender qué había pasado en el evento anterior. Para los expertos, los delfines podrían haber estado huyendo de su depredador, las orcas.
Muchos españoles sentirán a partir del próximo miércoles las consecuencias de la guerra en Oriente Próximo no solo en las gasolineras, donde los combustibles ya se encarecen a doble dígito, sino también en sus hogares. Esto es porque la tarifa regulada del gas, presente en más de 11 millones de viviendas, sufrirá su revisión trimestral en pleno alza del gas natural, un 60% desde el inicio del conflicto, según la referencia europea. Incluso si EE UU e Irán pusieran ahora fin a las hostilidades (algo improbable por el rechazo de Teherán al último plan de paz de Donald Trump) y se liberaran las exportaciones bloqueadas en el Golfo por la Guardia Revolucionaria iraní, las secuelas de la guerra persistirán en la factura por mucho más tiempo.
Como una fuerza ingobernable y traumática que avanza entre las trincheras artísticas del siglo XX, la guerra atraviesa la obra de Jean-Luc Godard (1930-2022). Algunas veces, como tema o motivo iconográfico. En otras ocasiones, como un campo semántico, conceptual y emocional que vertebra la relación que el cineasta franco-suizo mantuvo con las imágenes y la historia del cine. Es una influencia que se deja sentir del principio al fin de su trayectoria: desde su primer cortometraje, Opération Béton (1954-55), a su última obra terminada en vida, Tráiler de la película que no existirá jamás: ‘Guerras de broma’ (2023). “Una película es un fusil teórico, y un fusil es una película práctica”, declaró Godard en una entrevista de los años setenta parafraseando un diálogo de La Chinoise (1967), para luego añadir: “Felizmente, no llevo un fusil porque soy tan miope que dispararía a mis amigos; con una película, tengo la impresión de ser menos miope”.
Cuando el fotógrafo se disculpa por si no le estará haciendo adoptar alguna posición incorrecta, Imre Dobos sonríe lobunamente y la sonrisa se refleja en la guarda de su sable: como con Chuck Norris (Rip), con él no existe la posibilidad de un gesto de combate que no sea absolutamente preciso, perfecto. Imi Dobos (Budapest, 67 años) es maestro de esgrima, fundador de la Escuela Húngara de Esgrima de Barcelona, que cumple 30 años, y un acerado experto que ha dedicado toda la vida a la búsqueda de la excelencia con su arma y que ha enseñado a más de 10.000 personas los secretos de su disciplina. Alto y atractivo es un hombre amable y tranquilo aunque en el fondo de sus ojos de gato percibes una extrañeza magiar y una alerta; que no baja la guardia vamos.

“Hay algo que mola de ser de clase baja y saber escribir bien, pintar o componer una canción. Y pasa gracias a los servicios públicos”, reivindica en el bar del hotel donde se hospeda en Madrid Juan Manuel López, quien firma sus libros como Juarma. Recibe a EL PAÍS poco antes de ir a presentar su última obra a la librería Alberti, donde lo esperan más de medio centenar de fieles. Él es de Deifontes, un pueblo granadino de poco más de 2.600 habitantes. Dibujante, poeta y novelista, publicó a finales de 2025 ―cuando se celebró esta entrevista― su tercer libro, Poética de la Autodestrucción (Blackie Books, 2025). Todas sus obras están ambientadas en Villa de la Fuente, una localidad ficticia y sin esperanza, pero como la suya, próxima a Granada. Él ya había publicado tebeos y fanzines, pero nunca imaginó triunfar con sus novelas, mucho menos presentarlas por las principales ciudades españolas.


Un poco contagiado por la poética de la ficción de esta novela, creo que nace toda ella de una pasión secreta de Sergio del Molino por las formas íntimas y públicas de vivir en el pasado, sea el de la España que piensa y recorre campos interminables hasta llegar a vaciarse (La España vacía, claro) o sea el de la turbamulta de seres y desastres que se arremolinan a finales del siglo XVIII y principios del XIX, como sucede en esta La hija y en alguna medida sucedía también en Los alemanes (para otra época). Hay una pulsión de historiador social o de la vida cotidiana, las historias de vida que pueblan el pasado.
