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La Unión Europea no suele estar en la lista de agradecimientos de los ganadores de un Oscar u otros premios del cine internacionales, pero su papel en la sombra, con una financiación que permita que vean la luz proyectos independientes aunque no prometan convertirse en blockbusters comerciales, no es menos fundamental. Así lo recuerdan los casi 5.000 actores, directores y otras figuras del cine europeo e internacional en una carta abierta publicada en el marco del festival de Cannes, que se inaugura este martes, en la que instan a Bruselas a garantizar que esos proyectos podrán seguir contando con los fondos necesarios en el próximo presupuesto plurianual de la UE, actualmente en fase de negociación.
Los ávaros eran un pueblo que procedía de las estepas asiáticas, sucesores de los hunos, y que se establecieron en el este de Europa a partir del siglo VI. De ellos, no había ningún rastro en la península Ibérica hasta que María Teresa Ximénez de Embún, del Museo Arqueológico de Alicante, y su equipo comenzaron a excavar el yacimiento de Cabezo del Molino, en Rojales (Alicante). En una elevación de solo 31 metros sobre el nivel del mar y adyacente al río Segura, localizaron una necrópolis con 46 tumbas y 87 individuos en su interior. Cinco de los varones enterrados allí podrían ser, casi con total seguridad, jinetes ávaros, poblaciones esteparias que, en teoría, nunca cruzaron los Pirineos. Por tanto, “¿qué hacían allí esos restos, en Alicante, a pocos kilómetros de Murcia?”, se preguntaron estupefactos los arqueólogos.

Es frecuente que Puerto Rico se quede al margen cuando el asunto a tratar es su literatura. Tanto en España como en América Latina, es muy poco conocida pese a su potencia y calidad. Con excepciones, por razones de política editorial, lo que se escribe en Puerto Rico se queda en Puerto Rico. El olvido es generalizado. En un libro tan emblemático como Las venas abiertas de América Latina, Eduardo Galeano no menciona a la isla una sola vez. No había afán de ofender, huelga decirlo. Es mera cuestión de invisibilidad. Muchas veces, demasiadas quizás, Puerto Rico se queda simplemente fuera.
Durante la crisis financiera que sacudió a Nueva York en 1977, surgió una desviación artística, descarnada y de vida breve, sin posibilidades de trascender el underground, que fue hasta donde el punk no consiguió llegar. “La No Wave fue algo brutal”, resume Adele Bertei, una de las promotoras de aquel caos orquestado por músicos, cineastas y artistas plásticos. “Habíamos leído El teatro y su doble, de Artaud, un libro que ya hablaba de instrumentos electrónicos que harían sonidos punzantes antes de que las guitarras eléctricas proliferaran. Fue algo muy teatral también”. Recién llegada a la ciudad, Bertei había encontrado su lugar en una escena que actuaba como relevo de Los Ramones y Talking Heads. Tocó teclados con The Contortions, actuó en varias películas underground y acabó fundando The Bloods, la primera banda íntegramente formada por lesbianas que proclamaban su condición cuando lo habitual era mantenerla oculta.
El caso Hartung (Netflix) es una serie como tantas otras, y eso es bueno y malo. En los seis capítulos de su primera temporada adaptaba el best-seller de Soren Sveistrup, creador de The Killing, otro del club de los guionistas que escriben sus libros para luego adaptarlos. En la serie, dos policías daneses investigan la muerte de una mujer a la que han amputado un miembro. En la escena del crimen, un muñeco hecho con castañas, clásico juguete popular, con las huellas de la hija de la ministra de asuntos sociales, una niña desaparecida meses antes. La dieron por muerta, pero…
Mientras en los despachos del Madrid se delibera si José Mourinho es la apuesta —y quién sabe si la última carta— para hacer funcionar una plantilla que consideran de calidad, la expectación crece por ver cómo reaccionará el Bernabéu el próximo jueves en el partido contra el Oviedo (21.30, DAZN) después de la rendición final en el Camp Nou. Habrá que ver si para este choque se encuentra disponible Kylian Mbappé, que se ha convertido en este desenlace de curso en un elemento de distorsión por sus ausencias, la última vía de fuga en una entidad que vive sus peores días en lustros. Ni siquiera Álvaro Arbeloa ocultó al concluir el clásico que desconoce si el delantero volverá a jugar esta temporada.
El primer encuentro oficial de Hansi Flick como entrenador del Barcelona, en agosto de 2024 en Mestalla, simbolizó el inicio de una nueva era que, condicionada por las dificultades económicas del club y del fair play financiero, se agarraría a La Masia como salvavidas, pero también como éxito. Aquel partido materializó el reencuentro en el once inicial de tres futbolistas criados juntos en la cantera azulgrana. Era la generación de 2007, comandada por Lamine Yamal desde la banda, Pau Cubarsí en el eje de la defensa y Marc Bernal en el centro del campo. Nacieron dos décadas después de la hornada de 1987, un irrepetible cadete invencible que pasó a la historia de la mano de Cesc Fàbregas, Gerard Piqué o Leo Messi. Aquellos tres futbolistas, años después, se reunieron en el primer equipo. Un símbolo de que La Masia, emblema azulgrana y semilla de éxitos sostenidos que culminaron con la imagen del podio del Balón de Oro de 2011, siempre reaparece. Incluso Tito Vilanova llegó a alinear, el 25 de noviembre de 2012, un once íntegramente formado por canteranos. Y hoy, La Masia es también el éxito del Barça en la Liga: esta temporada, alrededor del 50% de los minutos del Barça pertenecieron a jugadores formados en la cantera. Nueve futbolistas del primer equipo proceden de ella y reúnen un valor de mercado de 610 millones de euros, según el portal especializado Transfermarkt. Y entre ellos, la generación de 2007.
La noticia de la muerte es un trastorno violento y brusco al principio, y muy lento después. Uno siempre recuerda lo que dejó de hacer tras colgar el teléfono o recibir el abrazo, porque morirse es también el privilegio de parar el tiempo a los que se quedan. Hansi Flick, en cambio, se rebeló este domingo contra el reloj en uno de esos momentos tan extraños en los que el final de otro nos recuerda lo vivos que estamos. “Man muss die Feste feiern, wie sie fallen [Las fiestas hay que celebrarlas cuando llegan]”, dice el dicho alemán.
Todo baila en la cabeza de los ciclistas del Giro, que vuelan a Calabria desde Sofía la noche del domingo, y se preparan para ascender por la península hasta las montañas de la frontera y la guerra con Austria en un viaje de 20 días. Es día de descanso. Pocos duermen bien, y ni los orfidales les ahorran las pesadillas a muchos, conmocionados aún por el bum catacrac, crujido de huesos astillados y dientes, rostro ensangrentado, modelo para eccehomo, de Adam Yates, quejidos, de la caída sangrienta de la segunda etapa, llegando a Veliko Tarnovo durante la excursión búlgara. Para Thomas Silva, de 24 años, el día de la pesadilla de todos fue el de su anhelo cumplido, duerme profundo y solo le desvelan sueños que son rosa lindos, como la maglia que viste.

Como demuestra el profesor y escritor Jordi Rincón en las páginas de La sabiduría de los clásicos, los filósofos del mundo antiguo nos dejaron reflexiones brillantes que, curiosamente y por extraño que pueda parecer, siguen más vigentes que nunca tres milenios después, en la era de internet, los smartphones y las redes sociales. Al fin y al cabo, los desarrollos tecnológicos han cambiado el mundo, pero nosotros, los seres humanos, seguimos siendo los mismos.









