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La Audiencia Nacional ha acordado convalidar las penas que cumplieron en Francia los presos de ETA Luis Enrique Gárate Galarza, alias Zorro, y Gregorio Vicario Setién, Santi, según recogen sendos autos a los que ha tenido acceso EL PAÍS. La medida puede acortar en 12 y 15 años, respectivamente, el tiempo que les restaba para extinguir sus condenas en España, según fuentes de la Fiscalía. Gárate Galarza fue condenado a 76 años de cárcel por, entre otros delitos, el secuestro del empresario Lucio Aguinagalde en 1986 y la muerte del responsable de la Ertzaintza Genaro García Andoáin durante el operativo para liberarlo. Sobre García Vicario pesan penas que suman más de 265 años por el secuestro en 1995 del industrial vasco Cosme Delclaux y varios atentados.

Eva Baltasar (Barcelona, 1978) recibe en su casa de Cardedeu, a unos 40 kilómetros de Barcelona, en esa frontera difusa donde el área metropolitana se convierte en bosque. Acaba de publicar Peces (Random House, en castellano; Club Editor, en catalán), una novela sobre una relación tóxica entre una escritora y una vendedora ambulante de pescado. Desde el éxito inesperado de Permafrost, monólogo interior de una mujer aislada y suicida que ahora se representa en versión teatral en el Espai Texas de Barcelona, Baltasar se ha convertido en una de las voces más influyentes y leídas de la literatura catalana. Habla despacio, piensa mientras responde y corrige sus frases sobre la marcha. “Soy muy voluble”, dice. “Lo que pensaba en enero quizá ahora ya no lo pienso”, decía a finales de abril. A saber qué opinará a mediados de mayo.

Esta columna bien podría empezar con una apuesta de “50 pavos”, para tomar prestada la expresión de Gabriel Rufián en el atril del Congreso. Quien escribe estas líneas se jugaría el billete que mostró el más mediático de los diputados a los parlamentarios de Junts -a cuenta del voto negativo al decreto de prórroga de alquileres, con la inquina de equipararlo a una “bandera” de los nacionalistas conservadores- y afirmaría a los cuatro vientos que ERC y el partido de Carles Puigdemont han enterrado cualquier perspectiva de colaboración. No hay apuesta más segura en este momento político. Las dos fuerzas hegemónicas del independentismo se evitan en el Parlament y se enzarzan en las Cortes, con Rufián al frente de la reyerta.
El Departamento de Interior de la Generalitat-una de las carteras más inflamables de cualquier Gobierno- acumula en las últimas semanas polémicas que erosionan los ánimos en el cuerpo y tensionan a sus máximos responsables. Al debate por la inseguridad en la calle con la que ya echó a andar el PSC, y que la extrema derecha vincula con la inmigración, se suman las críticas por el plan piloto de introducir mossos en las escuelas, que ha rematado la infiltración de dos mossas en una asamblea de profesores. Además de la petición de la dimisión de la consejera Núria Parlon por parte de Junts, arrecian las críticas de ERC, Comuns y CUP, que quieren que el director de la policía, Josep Lluís Trapero, sea cesado.
Cuando sonó la sirena en la calle frente a la sastrería del señor Kofi en Ikeja, Lagos, eso solo podía significar una cosa: la red eléctrica había vuelto. Su equipo había estado a oscuras casi todo el día porque se había acabado el combustible del generador. Kofi bromea diciendo que la NEPA —abreviatura local de la Autoridad Nacional de Energía Eléctrica, desaparecida hace tiempo, que en su día gestionaba la red eléctrica nacional— debía de saber que iba a recibir una visita, y que por eso “habían devuelto la luz”. Lleva 25 años al frente de su sastrería. La tienda se encuentra en la Banda A, la zona eléctrica de máxima prioridad de Nigeria, a la que se prometieron 20 horas de suministro eléctrico al día en virtud de la reforma tarifaria introducida en abril de 2024. El combustible para cubrir las carencias cuesta ahora alrededor de 1.300 nairas por litro (80 céntimos), frente a una media nacional de 1.034 nairas (60 céntimos) en enero, según la Oficina de Estadística de Nigeria.
La Unión Europea no suele estar en la lista de agradecimientos de los ganadores de un Oscar u otros premios del cine internacionales, pero su papel en la sombra, con una financiación que permita que vean la luz proyectos independientes aunque no prometan convertirse en blockbusters comerciales, no es menos fundamental. Así lo recuerdan los casi 5.000 actores, directores y otras figuras del cine europeo e internacional en una carta abierta publicada en el marco del festival de Cannes, que se inaugura este martes, en la que instan a Bruselas a garantizar que esos proyectos podrán seguir contando con los fondos necesarios en el próximo presupuesto plurianual de la UE, actualmente en fase de negociación.
Los ávaros eran un pueblo que procedía de las estepas asiáticas, sucesores de los hunos, y que se establecieron en el este de Europa a partir del siglo VI. De ellos, no había ningún rastro en la península Ibérica hasta que María Teresa Ximénez de Embún, del Museo Arqueológico de Alicante, y su equipo comenzaron a excavar el yacimiento de Cabezo del Molino, en Rojales (Alicante). En una elevación de solo 31 metros sobre el nivel del mar y adyacente al río Segura, localizaron una necrópolis con 46 tumbas y 87 individuos en su interior. Cinco de los varones enterrados allí podrían ser, casi con total seguridad, jinetes ávaros, poblaciones esteparias que, en teoría, nunca cruzaron los Pirineos. Por tanto, “¿qué hacían allí esos restos, en Alicante, a pocos kilómetros de Murcia?”, se preguntaron estupefactos los arqueólogos.

Es frecuente que Puerto Rico se quede al margen cuando el asunto a tratar es su literatura. Tanto en España como en América Latina, es muy poco conocida pese a su potencia y calidad. Con excepciones, por razones de política editorial, lo que se escribe en Puerto Rico se queda en Puerto Rico. El olvido es generalizado. En un libro tan emblemático como Las venas abiertas de América Latina, Eduardo Galeano no menciona a la isla una sola vez. No había afán de ofender, huelga decirlo. Es mera cuestión de invisibilidad. Muchas veces, demasiadas quizás, Puerto Rico se queda simplemente fuera.
Durante la crisis financiera que sacudió a Nueva York en 1977, surgió una desviación artística, descarnada y de vida breve, sin posibilidades de trascender el underground, que fue hasta donde el punk no consiguió llegar. “La No Wave fue algo brutal”, resume Adele Bertei, una de las promotoras de aquel caos orquestado por músicos, cineastas y artistas plásticos. “Habíamos leído El teatro y su doble, de Artaud, un libro que ya hablaba de instrumentos electrónicos que harían sonidos punzantes antes de que las guitarras eléctricas proliferaran. Fue algo muy teatral también”. Recién llegada a la ciudad, Bertei había encontrado su lugar en una escena que actuaba como relevo de Los Ramones y Talking Heads. Tocó teclados con The Contortions, actuó en varias películas underground y acabó fundando The Bloods, la primera banda íntegramente formada por lesbianas que proclamaban su condición cuando lo habitual era mantenerla oculta.
El caso Hartung (Netflix) es una serie como tantas otras, y eso es bueno y malo. En los seis capítulos de su primera temporada adaptaba el best-seller de Soren Sveistrup, creador de The Killing, otro del club de los guionistas que escriben sus libros para luego adaptarlos. En la serie, dos policías daneses investigan la muerte de una mujer a la que han amputado un miembro. En la escena del crimen, un muñeco hecho con castañas, clásico juguete popular, con las huellas de la hija de la ministra de asuntos sociales, una niña desaparecida meses antes. La dieron por muerta, pero…