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“¡Es que parece una obra de teatro! ¡Una ópera!”, exclamaba anoche extasiada una mujer, coreada por su pareja y sus dos hijos veinteañeros, a la salida del segundo concierto de la gira Lux de Rosalía en el Movistar Arena de Madrid, ante 17.000 personas (lleno). Desde que la artista catalana comenzó el tour de su nuevo disco, el pasado 16 de marzo en la ciudad francesa de Lyon, esas comparaciones han sido habituales tanto entre el público como en las crónicas profesionales. También se ha hablado de ballet, danza contemporánea, performance, música sinfónica, electrónica o flamenco, así como de Goya, Degas, la Mona Lisa y la Venus de Milo. Vertido todo ello como una avalancha en medios de comunicación y redes sociales, troceado y escudriñado como si fuera un test de cultura general, puede parecer un corta y pega. Una mezcla de géneros, estéticas y referencias artísticas icónicas ideales para instagramear como cuando se va de visita al Louvre.
Se ha cumplido un mes desde que su estilista y amigo, Law Roach, hizo público que Zendaya (Oakland, 29 años) y Tom Holland (Kingston-upon-Thames, 29 años) se habían casado. Desde entonces, ninguno de los dos ha querido pronunciarse públicamente para negar o confirmar el “sí, quiero”. Tampoco lo hicieron en enero de 2025, cuando se supo que el actor le había pedido matrimonio a su pareja y compañera de profesión, demostrando que, a pesar de ser personajes públicos, prefieren que su vida privada no trascienda. Sin embargo, la noticia de la boda ha coincidido para Zendaya con la promoción de El drama, su nueva película con Robert Pattinson, que trata, precisamente, sobre los días previos a un enlace, y que llega a cines de Estados Unidos este 3 de abril —en España habrá que esperar hasta el 29 de mayo—. Así que la actriz no ha podido evitar que las preguntas sobre su relación se repitan en cada una de las entrevistas que ha concedido. La última, en el podcast Modern Love de The New York Times.
El Ayuntamiento de Cornellà de Llobregat (Barcelona) ha condenado “rotundamente” los cánticos islamófobos y xenófobos del España-Egipto del martes en el RCDE Stadium y ha lamentado que se haya “vinculado de manera genérica el nombre de la ciudad a los hechos”. “No podemos tolerar ninguna expresión de racismo ni tampoco que se estigmatice toda una ciudad por comportamientos puntuales que no representan a su ciudadanía”, ha sostenido el alcalde, Antonio Balmón, este jueves en un comunicado del Consistorio.
Ha pasado una década desde la publicación de los Papeles de Panamá en 2016, una filtración masiva de documentos que mostró cómo políticos, empresarios, celebridades y hasta criminales se apoyaban en sociedades de territorios con ventajas y opacidad fiscales (offshore) para ocultar su patrimonio, evadir impuestos o lavar dinero. La fuga de datos desató la indignación de la ciudadanía y provocó crisis políticas. También llevó a un endurecimiento de las normas de intercambio de información bancaria entre países, una medida que redujo de forma considerable la proporción de riqueza escondida sin declarar, del 95% de inicio de siglo a cerca del 27%. Aun así, todavía quedaban unos 3,55 billones de dólares (cerca de 3,1 billones de euros) sin tributar en territorios offshore —una cifra que supone cerca del doble del PIB de España— en 2024. Y el 80% de ese dinero está en manos del 0,1% más rico del planeta, según estima la ONG Oxfam Internacional.