Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
El 24 de marzo se cumplen 50 años del comienzo de la dictadura militar en la Argentina. Quisiera decir algunas cosas. Breves. Obvias. Desde 1976 y hasta 1983, cuando retornó la democracia, en más de 600 centros de detención clandestinos se torturó, vejó y asesinó a miles de personas, en su mayoría militantes de organizaciones de lucha armada, pero no solo. Unos 300 bebés, hijos de las secuestradas que parieron en cautiverio, fueron apropiados por los represores y entregados a militares o civiles que los criaron como propios. Solo 140 de esos niños conocen hoy, ya adultos, su identidad, con consecuencias no siempre felices (saber es mejor que no saber, pero saber es difícil), y 160 continúan en la oscuridad. Desde el juicio a las juntas de 1985, con algunos retrocesos como las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, habíamos consensuado que aquello no fue una guerra sino terrorismo de Estado: de un Estado que decidió aniquilar a sus ciudadanos. Quisiera decir que habíamos estado de acuerdo en que las Fuerzas Armadas no cometieron errores ni excesos, sino que asesinaron, torturaron e incurrieron en delitos “comunes” ―violaciones o robo de bienes―, que difícilmente puedan justificarse aduciendo que se los cometía en nombre de la lucha contra el comunismo, etcétera. Quisiera decir que hay represores condenados, pero que ninguno ha dado información: no han revelado dónde están los restos de los desaparecidos, ni en manos de quiénes están aquellos bebés ―hoy hombres y mujeres― apropiados. Quisiera decir que nadie va a torturar a esos señores para que entreguen datos porque tuvieron y tendrán algo que les negaron a quienes desaparecieron, violaron y asesinaron: un juicio justo. ¿Por qué es importante recordar? Porque ese silencio dice: “No nos arrepentimos”. Porque ese silencio dice: “Hicimos lo correcto”. Porque ese silencio dice: “Aquí estamos y lo volveríamos a hacer”.

La primera sorpresa del visitante que debuta en Washington llega al bajar del avión en el aeropuerto de Dulles. ¿Qué son esos bichos que parecen sacados de La guerra de las Galaxias y transportan al viajero entre terminales?
“El compa les manda saludos”. La foto de Dritan (nombre figurado), silueteada sobre un fondo liso, como si fuera un croma de televisión, estaba claramente retocada. Se lo veía con una camiseta azul de manga corta y el gesto serio. Podría parecer que se había recuperado de los moretones de la última imagen, pero los policías sabían que “esa prueba de vida” no tenía valor. El hombre, de 46 años y origen kosovar, se encargaba de llevar paquetes de metanfetamina de un país a otro para el cartel de Sinaloa, la principal organización criminal de México, con relevancia en el narco mundial.
El eclipse solar que España vivirá el próximo 12 de agosto —el primero del trío de eclipses en tres años— se afronta como “un gran reto de país” porque traerá a cientos de miles de visitantes “coincidiendo con la semana que más personas, residentes y turistas se encuentran en nuestro país”. Así lo explica la Secretaría de Estado de Turismo, que espera un enorme incremento de ocupación turística para esas fechas y constata que los precios ya están subiendo. De hecho, Booking y Airbnb ya avisan de que se están disparando las reservas de hoteles y alojamientos rurales para esos días, si bien la patronal Cehat no cuenta todavía con datos. Las asociaciones de consumidores, por su parte, piden asegurarse de que las gafas para mirar al sol cumplen la normativa para evitar problemas de salud.
Siete años de silencio rompieron su vida para siempre. Corría enero de 2015 cuando esta mujer de 28 años, cuyo nombre ha sido anonimizado en la documentación consultada por EL PAÍS, acudió al centro de salud Padre Benito Menni de Ciempozuelos (26.000 habitantes, Madrid) para una citología vaginal. Detectaron hongos. Lo que nadie le comunicó es que en el análisis también se observaron unas “células escamosas atípicas de significado incierto”. En julio de ese mismo año, un segundo análisis le puso nombre al miedo: la paciente padecía el virus del papiloma humano (VPH), con genotipos de alto riesgo. Nadie la llamó. Nadie le avisó de la posibilidad de que desarrollara cáncer. Tampoco le informaron de que debía realizarse pruebas complementarias, como una colposcopia. Siete años después, aquel silencio llenó su vida de ruido.
Tadej Pogacar busca ser el niño de 12 años que no pudo ser, el más bajito de la clase en una pequeña ciudad de Eslovenia. A los 27 años tiene aún el cutis infantil, pálido y suave, y aún no le sale la barba, y sus intentos de bigotillo de moda son una hilera de hormigas en su labio. Se tiñe el pelo platino como le gustaba al Eminem que idolatraba, y llegó a descargar 200 canciones suyas antes de engancharse a raperos eslovenos, se divierte tocando la guitarra con su novia, Urska Zigart, también ciclista, en su apartamento mínimo de Mónaco, 30 metros cuadrados, y llega a las carreras como el niño que busca diversión en la pelea.

Después de pasar la mayor parte de su vida en el mundo corporativo, conviviendo con la presión de las ventas, el estrés y la ansiedad, Cristian Blanch decidió dar un giro a su vida y empezó a compartir su pasión por el yoga y la meditación a través de su cuenta de Instagram. En poco tiempo se hizo con un gran número de seguidores y pudo dejar su trabajo para dedicarse solo a su pasión: la divulgación de la meditación a través de las redes sociales. Hizo charlas, clases, vídeos, imágenes, presentaciones; en definitiva, un montón de contenido online que se convirtió en su sustento vital. “Hasta que me di cuenta de que alguien estaba usando mi imagen para estafar a otros. Recibí mensajes de personas que habían pagado por estos servicios y no recibieron nada”, cuenta Blanch, de 46 años. “Me pedían ayuda y yo me sentí completamente fuera de todo. No sabía qué era real y qué no lo era”, añade.




El Gobierno aprobó este viernes en una reunión extraordinaria un paquete de medidas de urgencia por valor de 5.000 millones de euros para hacer frente a la tensión en el mercado de la energía derivada de la guerra en Irán, que amenaza con contaminar a toda la economía. Las 80 medidas incluyen rebajas del IVA que soportan la luz, el gas y los combustibles, descuentos en el precio de los carburantes, ayudas a los transportistas y agricultores para la compra de fertilizantes y apoyo a la industria electrointensiva, entre otras. Se trata de una respuesta rápida por parte del Ejecutivo, que diseña una protección social y económica amplia ante un escenario lleno de incertidumbre, con un conflicto sin final a la vista que escala día a día, donde se están viendo dañadas instalaciones energéticas que llevará tiempo volver a poner en marcha. El plan rescata parte del manual anticrisis desplegado en el primer año de la guerra en Ucrania, aunque en un escenario diferente.
¿Quién no ha tenido alguna vez la maravillosa sensación de que la vida nos pone en las manos el libro apropiado cuando buscábamos otro distinto? A mí volvió a sucederme el mes pasado en Buenos Aires, cuando buscaba una novela de Clarice Lispector y encontré El Tercer Reich de los sueños, de Charlotte Beradt, un proyecto tan asombroso que al principio pensé que era pura ficción, realizado por una periodista alemana durante los años de la consolidación del nazismo (1933-39).
La lectura de las conclusiones de la cumbre europea celebrada este jueves es un ejercicio deprimente. Aun teniendo en cuenta las consabidas dificultades de una entidad plural como lo es la UE, el abismo entre lo que las dramáticas circunstancias actuales del mundo requieren y el contenido de la respuesta es algo que genera un desaliento profundo. El abismo se abre tanto en el plano moral como en el práctico. La constatación moral es cristalina: como en el caso de Gaza, los Veintisiete no están en condiciones de decir lo obvio e imprescindible en la guerra de Irán: que es una acción ilegal y que no es compatible con nuestros valores. La constatación práctica también lo es: las medidas para paliar los efectos de la crisis energética serán lentas, y el imprescindible apoyo a Ucrania sigue bloqueado por el veto de Orbán. No todo son nubes en el cielo europeo, y no hay que olvidarse de los claros —como que muchos aspiran a entrar en nuestro club—. Pero las que lo pueblan son gordas y oscuras, conviene no ocultarlo.