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A Fran Vivó construir el mensaje de agradecimiento que lleva este titular le supone una heroicidad. Y a su familia también. Fran tiene 37 años, es bombero, hace ocho le diagnosticaron ELA y desde hace dos vive penosamente encamado, sin poder mover ni las cejas. Desde el 1 de marzo, por primera vez, Fran y su familia, sus padres y nueve hermanos, respiran un poco más aliviados y, sobre todo, con la ayuda diaria de tres cuidadores proporcionados gracias a las subvenciones máximas que contempla la ley ELA para los enfermos con el grado 3+. La ley que recabó hace 17 meses la práctica unanimidad del Congreso empieza a llegar, tras muchos problemas burocráticos y de gestión, a los enfermos en las comunidades que se han mostrado más ágiles.
Renunciar a la custodia de sus hijos, llevárselos a la otra punta de España sin consentimiento del padre e iniciar una batalla judicial o tener que abandonar la carrera judicial. Esta es la disyuntiva en la que se ha visto envuelta una jueza después de que la comisión permanente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) haya rechazado su petición de renunciar a una plaza en otra comunidad autónoma por la negativa de su exmarido a aceptar el traslado de los hijos, menores de edad y cuya custodia tiene la madre. La mujer ha recurrido la decisión ante el pleno del Consejo, donde, según fuentes del órgano, se ha abierto un debate entre los vocales que consideran que la ley no permite renunciar a una plaza ya adjudicada y los que creen que, en este caso, debe primar el interés superior de los menores, que se verían expuestos a una batalla judicial entre sus padres, y abogan por dejar sin efecto el traslado de la jueza. Si, como apuntan fuentes del Consejo consultadas, el pleno ratifica la resolución de la comisión permanente, la magistrada se verá obligada a tomar posesión de su nueva plaza porque, en caso contrario, la ley impone una consecuencia que el propio CGPJ considera “radical”: la renuncia al cargo y a la carrera judicial.
El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha obligado a la Tesorería General de la Seguridad Social a reconocer la antigüedad, con efecto retroactivo, de un policía nacional y abonar todas sus cuotas atrasadas entre 2019 y 2022. El fallo insta a la Administración a actuar “con lealtad” y acabar con el “peregrinaje” judicial de un ciudadano para que se vea reconocido un derecho que ya había ganado en una sentencia previa. La resolución podría beneficiar a cientos de agentes en similar situación.
Todo está listo para lanzar la primera misión tripulada a la Luna en 50 años el próximo 1 de abril, según anunció la NASA este jueves. Para aquellos que pudieron seguir la aventura de los primeros vuelos hacia el satélite de la Tierra, es imposible evitar comparaciones entre Apolo 8, la primera expedición que orbitó la Luna, en 1968, y la inminente Artemis 2. Con casi seis décadas de distancia, se repiten los preparativos para un asalto lunar, pero las circunstancias geopolíticas son muy distintas. Hoy la competencia rusa es inexistente (la china es otro asunto) y la sensación de “carrera espacial” ha desaparecido. Y con ella, la épica pionera que caracterizó al Apolo 8.
Las apariciones de Barbra Streisand (Nueva York, 83 años) en los Oscar nunca pasan inadvertidas. La primera vez que asistió a la ceremonia, en 1969, ganó el premio a mejor actriz por su papel en Una chica divertida. Fue ex aequo. Lo tuvo que compartir con la legendaria Katharine Hepburn, protagonista de El león en invierno. En 1974, volvió a ser nominada a mejor actriz por Tal como éramos, pero perdió frente a Glenda Jackson. Tuvo mejor suerte en 1977, cuando se llevó la estatuilla dorada a mejor canción original por Evergreen, tema principal de Ha nacido una estrella. Fue la primera vez que una mujer ganó un premio de la Academia por composición.

La policía investiga cómo la dirección particular de Rita Maestre, portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de la capital, fue a parar a un chat público en el que se difunden contactos de prostitución. Este un ejemplo más de como las plataformas de comunicación por internet (en este caso, Telegram) están siendo usada para acosar a mujeres, especialmente mujeres en posiciones de poder, a las que se quiere intimidar para que abandonen estos espacios. Las autoridades están actuando —ahí está la detención de dos hombres por acosar y amenazar por redes a la líder de Podemos, Ione Belarra—, pero la realidad es que, por diseño, los algoritmos de las redes sociales dan más relevancia a los contenidos que fomentan la ira en los usuarios. Sobre esa base se construye un andamiaje de monetización del odio magnificado por las plataformas tecnológicas, con efectos venenosos para el Estado democrático de derecho.
Cuando el rey duda ante una decisión que ha de tomar, tiene por costumbre, en soledad y para sí mismo, escribir considerando sus ventajas e inconvenientes. No llamemos a esto escritura terapéutica ni (ay, nueva anglobobería) journaling. Porque este rey es un monarca de hace 500 años, es Carlos I de España y V de Alemania, a quien llamamos emperador. En 1525 y de su propia mano, escribe unas notas introspectivas que hoy custodia un archivo austriaco. En ellas revisa estrategias bélicas, piensa en cómo gobernar, reconoce que a su edad (frisa los 25 años) le toca casarse. Y todo esto lo pone por escrito en francés, la lengua que adquirió desde niño, criado entre borgoñones en Flandes. Cuando, adolescente, llegó a la península Ibérica para asumir las coronas de Castilla y de Aragón, el castellano era todavía una lengua nueva para él, que aprenderá por imperativos de gobierno. Lo que el emperador Carlos no sabe en ese inicio de 1525 es que la boda que ya entonces planea con su prima hermana Isabel de Portugal, también nieta de los Reyes Católicos, va a cambiar su biografía lingüística de una forma conmovedora, y que él, con un innegable don de lenguas, iba a terminar prefiriendo el castellano a las otras que hablaba.
El 30 de agosto de 2015, Hugo llegó a casa desde el Hospital del Tajo, donde había nacido un par de días atrás. Esa tarde hubo un tornado en Aranjuez, y la sombrilla que su familia tenía en el patio salió volando hasta colarse en la piscina. Lo sé porque me lo contó el día que nos conocimos. Estaba subido a un balón de fútbol, mirándome mientras yo empujaba a uno de mis hijos en el columpio, cuando tuvo a bien compartir conmigo el que debe ser el hito fundacional de su existencia. Le pedí que me contara qué hicieron entonces, pero lo que realmente me preguntaba era la de veces que habría escuchado aquel relato en boca de sus padres y cómo habría influido en él. No es cosa menor llegar al mundo a la par que un huracán.