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Jürgen Habermas rondaba los 16 años cuando terminó la Segunda Guerra Mundial y descubrió que aquel panorama de ruinas y desolación era obra de los suyos. Aquella muchachada de rostros sonrosados y cabellos rubios, esos cuerpos ágiles que celebraban su fortaleza física, los que acudían en familia a los lugares históricos y las excursiones para hacer patria, los que canturreaban himnos y proclamas y levantaban el brazo y bajaban la cabeza como signo de obediencia al Führer, esos, los de la gran Alemania, habían producido un desastre descomunal. Sin ese gesto de perplejidad ante el horror es imposible entender la obra de ese filósofo que murió el sábado a los 96 años. Su último artículo publicado en este periódicoúltimo artículo suyo que apareció en este periódico es del 30 de noviembre de 2025, y trata de Europa. Siguió hasta el último minuto al pie del cañón.
Ana Crespo entendió que LinkedIn servía para algo más que buscar trabajo. Esta madrileña de 46 años, residente en Miraflores de la Sierra, un municipio al norte de la capital, mantiene habitualmente abierta la pestaña de la plataforma en su ordenador. Es su ventana al mundo de las oportunidades laborales y al vasto océano de los contactos profesionales. Pero también es algo más. “Se ha convertido en el rincón del café donde siempre hay alguien para charlar y pasar el rato”, confiesa desde una discreta oficina en su casa, donde ejerce como redactora publicitaria.
Para adentrarse en uno de los santuarios secretos de la camelia en Galicia no hay que pagar entrada ni saberse un santo y seña. Hay que ganarse la confianza del dueño. Y jurar que no robarás, ni semillas ni ramas —aunque durante el paseo él mismo te vaya llenando las manos de flores—, porque el verdadero tesoro, para los coleccionistas de camelias, está en la genética. La caprichosa genética les ha empujado a atravesar continentes, a rastrear la selva, a buscar contactos hasta en el infierno, a pagar miles de euros, o a trabajar paciente, discretamente, durante muchos años para conseguir sus propias variedades. Son flores únicas o casi únicas en el mundo. Por eso robar está tan mal visto y es tan injusto.

Son una docena de internos del módulo 10 de la prisión provincial Las Palmas I. Entran en silencio y ocupan rápidamente las filas delanteras del pequeño salón de actos. Una vez comienza la clase, hay prisas por ser los primeros en mostrar los deberes. “Querido Dios”, comienza a leer Javier, un hombre de mediana edad que ha recreado un intercambio epistolar entre el ser supremo y Satanás. “Todavía no entiendo cómo has elegido esta vía para hablar conmigo...” Le sigue Gustavo, un recluso que ha imaginado cómo sería un intercambio con un familiar en Colombia; un tercero de acento andaluz que le recuerda a su primo episodios de juventud; otro más que se pone en la piel de Íñigo Errejón... Estos reos participan en el taller de literatura epistolar impartido en El Salto del Negro —nombre con el que se conoce popularmente esta cárcel—, una de las actividades con las que se trabaja para lograr la reinserción. “Yo leía cero”, asegura a su término Josué, mecánico y buzo de profesión. “Ahora he encontrado otro objetivo en la literatura. Leer abre otros mundos”, relata aferrado a un ejemplar de Paradero desconocido, de la estadounidense Kathrine Kressmann Taylor —una referencia del género epistolar—.




A un lado están las patronistas. Al otro, las costureras. Al fondo se sientan las técnicas. En femenino, porque de sus 70 empleados 63 son mujeres. Las paredes las recorren estanterías llenas de carpetas con figurines y rollos de tejidos. En las mesas se agolpan máquinas de coser, alfileteros, patrones cortados en papel y prototipos diseccionados en un estudio de costuras minucioso. En los talleres de Castor srl en Castellucchio, a 15 kilómetros de Mantua —uno de los vértices, junto con Verona y Brescia, del triángulo de la producción de moda del norte de Italia—, las creaciones de los diseñadores dejan el terreno de las ideas para materializarse en una realidad. “Me gusta decir que somos sus manos”, dice Angela Picozzi (Mantua, 51 años). “Interpretamos lo que tienen en la cabeza”.
El agua ha comenzado a rebosar por la presa de Puente Navarro este jueves, una señal inequívoca de que el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel ha alcanzado su máxima capacidad. No ocurría desde hace una década, en 2016. Este humedal, una llanura de inundación única en Europa situada en Castilla-La Mancha, cuenta con 1.750 hectáreas inundables, en las que descansan, se alimentan y reproducen miles de aves migratorias.
El Ejecutivo catalán ha aprobado un suplemento de crédito por 5.998,65 millones después de haber retirado los Presupuestos del Parlamento para darse más margen de negociación con ERC. El Gobierno de Salvador Illa deberá reabrir ahora unas cuentas que preveían un gasto récord de 49.162 millones de euros, el 10,3% más que el año pasado y el 22,8% más que en los últimos Presupuestos. Estas son las claves de lo que viene a partir de ahora:
Han pasado diez años desde que Bad Gyal decidió poner de moda el autotune versionando en catalán Work de Rihannna. Fue en 2016 (cuando empezaban a sonar palabras como viralidad o trap) que una joven de tan solo 19 años de Vilassar de Mar empezó a enamorar a los más jóvenes y a escandalizar a sus padres. Desde su habitación salieron temas como Mercadona o Fiebre, ahora considerados auténticos himnos por fans que recitan sus letras como otros recitan la Biblia. Y todo, con unos looks y una puesta en escena que se podrían resumir en una de sus frases más repetidas: “no hay nada más feminista que hacer lo que te dé la gana”.
De los 65 países que criminalizan la homosexualidad en el mundo, 33 se encuentran en África, según datos de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales (ILGA). En los últimos años, el continente ha vivido una ola regresiva, alimentada con financiación de organizaciones extremistas occidentales, que han extendido sus tentáculos para diseminar la agenda anti-LGTBIQ+ más allá de las fronteras de sus países. Mientras, políticos e iglesias africanas apelan a la identidad y al sentimiento anticolonial, al defender que la homosexualidad es una imposición occidental.
La peor pesadilla de un banquero central que se precie de independiente es una escalada sin control de los precios. Es lo que sucedió en la zona euro a partir de 2022, cuando el estallido de la guerra en Ucrania disparó el precio de la energía y aceleró la espiral alcista de precios que ya se había iniciado con el fin de la pandemia. El descorche de la actividad provocó el colapso de las cadenas de suministro, una amenaza que se cierne de nuevo ante la economía global con el bloqueo del estrecho de Ormuz, una arteria marítima que tiene en vilo el consumo de petróleo y de gas en todo el mundo y que está encareciendo de forma alarmante el coste de la energía. El BCE está preparado para afrontar los estragos de una posible crisis energética y asegura haber aprendido de 2022. Entonces, tanto el BCE como la Reserva Federal valoraron el alza de precios como un fenómeno transitorio, un error de cálculo que provocó después un traumático encarecimiento del precio del dinero que casi termina en una recesión.