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“No me acuerdo de cuándo fue la primera vez, sería en tercero o cuarto de primaria”, dice Lucía, de Cádiz y de 17 años, sobre su primer acceso a contenido pornográfico. “Hace muchísimos años que nos enteramos, a mí me mandarían un sticker o algo así”, dice Carolina, también de 17 años y de Cádiz. Ambas recuerdan un momento que no les ha quedado grabado, pero que con toda probabilidad fue en la pantalla de un móvil, propio o ajeno, y en una app de mensajería.
La nutrición está de moda. Más que nunca, en la calle se habla de superalimentos, de real food, de dietas detox o de ayuno intermitente. La cultura del bienestar gana terreno y, aunque eso a priori puede ser favorable en términos de salud, la avalancha de información (y desinformación) nutricional que circula por las redes, con modas efímeras, gurús virales y dietas imposibles, corre el riesgo de distorsionar (y simplificar) la evidencia científica sobre una verdadera alimentación saludable.
Circulan estos días en redes sociales imágenes de perros y gatos abandonados en las calles de Dubái. Sus dueños los dejan porque quieren huir de la guerra y es complicado volar con ellos. Además, el paso a Omán prohíbe el ingreso con animales y los peludos a los que cuidaron como perrijos son ahora un lastre. Quienes los abandonan son propietarios con recursos que, en muchos casos, y según denuncian veterinarios locales, intentan sacrificar a sus mascotas sanas. Solo cuando no han podido matarlas en su doméstica solución final deciden atarlas a un poste de la luz o encerrarlas en la terraza de sus urbanizaciones de lujo y huir. No es un abandono desesperado entre el caos de la guerra, sino una profiláctica y despiadada solución para matar a un miembro de su familia. Lo más aterrador es que a sus propietarios les parecerá, estoy segura, un exterminio responsable. Después de todo, están dispuestos a pagar lo que sea necesario por sus seres queridos. Incluso para aniquilarlos.
Las Fallas llegan este 2026 precedidas de tiempo desapacible y un calendario en el que los días grandes de la fiesta caen entre semana. No obstante, València espera miles de visitantes desde este viernes, aprovechando el fin de semana y una tregua meteorológica que ha hecho salir el sol y permitir a los maestros artesanos y a las comisiones falleras alzar con grúas monumentos a 30 metros del suelo. La capital y decenas de municipios más con tradición fallera de la Comunidad Valenciana serán un año escenario de unas fiestas en las que arte, pólvora, música y fuego se entremezclan para despedir el invierno y dar las bienvenida a la primavera. La cantidad de eventos y actividades se multiplica durante estos días, así que dejamos aquí algunas claves para poder disfrutar mejor de unas fiestas que son Patrimonio Inmaterial de la Humanidad desde 2016.

La crisis de acceso a la vivienda se intensifica, creando dificultades para buena parte de la ciudadanía, particularmente para los jóvenes y los hogares más vulnerables. Se trata de uno de los grandes desafíos del momento actual, y por ello EL PAÍS lleva años siguiéndolo de cerca, con una cobertura que mezcla mirada local con global, y que involucra a numerosos periodistas para tratar de ofrecer una visión lo más completa posible sobre la materia. Siguiendo ese compromiso, el periódico ha rediseñado su espacio dedicado a la vivienda. El objetivo es que los lectores puedan encontrar más fácilmente las informaciones y que tengan un punto de referencia donde hallar las claves para comprender la situación. También para encontrar respuestas a sus inquietudes de todo tipo. En esa línea, EL PAÍS lanza un consultorio sobre vivienda en colaboración con Legálitas.
Cuando las sirenas resuenan por todo Dubái, Meron trata de no pensar en marcharse. Siente miedo de los misiles, pero esta empleada del hogar etíope sabe perfectamente por qué se queda: su sueldo paga la matrícula escolar de su hija y pone comida en la mesa para toda su familia en Adís Abeba. Para ella, abandonar el Golfo debido a la lluvia de misiles iraní en respuesta a los ataques de Estados Unidos e Israel no es una opción.
Las librerías independientes son de esos lugares en los que probablemente se enriquece más quien compra que quien vende, pero la pandemia abrió en el sector una etapa de cuento, con lectores que demostraron que están cuando se los necesita y crecimientos casi inauditos. El año pasado los números comenzaron a regresar a sus cauces naturales y la caída de un 5,9% en la venta de ejemplares cerró este capítulo dorado. Los libreros, sin embargo, coinciden en que el gremio atraviesa un momento favorable a pesar de la escalada de los alquileres, que ya se ha cobrado víctimas, las plataformas online y la sombra cada vez más alargada de las cadenas. Para hacerles frente, las librerías despliegan cercanía y experiencias que trascienden la compra.

En una suite de la última planta del hotel VP Plaza España Design, en Madrid, un grupo trabaja alrededor de una mesa, en silencio. Esperando está Manuel Turizo (Montería, 25 años), que tiene una jornada maratoniana por delante para promocionar su nuevo proyecto. El cantante colombiano recibe con gorra, que no se quita ni para la sesión de fotos ni para la entrevista. Se sienta en una silla y comienza la conversación con el Palacio Real, la catedral de La Almudena y la plaza España como telón de fondo, unas vistas de la capital que de vez en cuando le hacen desviar la mirada. “Me encanta estar aquí”, afirma el artista, que acaba de lanzar Apambichao junto a Maluma, la carta de presentación de su próximo disco que lleva el mismo nombre y se publicará el 9 de abril.

En 1893, dos años antes de la invención del cine, la casa ya estaba allí. Entonces Oslo no era Oslo, sino Cristianía. La capital estaba en plena expansión y el barrio de Frogner se acaba de integrar en la ciudad. Allí se construyó esta casa y su estilo se convirtió en el retrato de toda una época. Con la estructura medieval y las cuidadas vidrieras, mezclaba el detallismo del art nouveau con la reivindicación romántica de la arquitectura vikinga. Bajo sus techos, vivieron distintas generaciones familiares, y hace dos años, cuando parecía que sus paredes lo habían visto todo, llegó el cine y la convirtió en parte de la historia de Noruega.