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Hace años que los empresarios españoles se quejan de que no encuentran mano de obra suficiente, que pese a la elevada tasa de paro, en muchas ocasiones no consiguen personas dispuestas a trabajar. Tras escuchar esas protestas, el Gobierno accedió en 2023 a la histórica petición patronal de ampliar el catálogo de ocupaciones de difícil cobertura, la lista de oficios que permite a las empresas reclutar en el extranjero. Son profesiones en las que se concluye que no hay mano de obra suficiente y por ello el Ejecutivo autoriza contratar en origen. Una de ellas es la construcción, pero el resultado ha sido escaso: el año pasado apenas se alcanzaron 1.500 contrataciones en el sector por esta vía. La patronal dice que apenas se recurre a ella porque es “muy lenta” y exige “mucha burocracia”, mientras que los sindicatos echan en cara a los empresarios que no la utilicen tras tanto insistir en ella. De fondo, está la pelea en el seno del Gobierno al respecto, con visiones enfrentadas de la ministra de Seguridad Social, Elma Saiz, y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz.
La milicia libanesa Hezbolá ha encontrado una grieta en el muro defensivo israelí para la que el Estado judío todavía no tiene una solución definitiva. Tras más de dos años de conflicto en los que la Cúpula de Hierro, el sistema de defensa antiaéreo israelí, ha frenado la mayoría de cohetes del grupo proiraní, Hezbolá ha puesto en práctica durante la última escalada un tipo de dron que burla ese sistema tradicional. Estos aparatos no tripulados, empleados ya desde tiempo atrás por rusos y ucranios, se manufacturan por pocos centenares de euros con productos disponibles en el mercado civil y han causado ya, al menos, cuatro muertos -el último, anunciado el lunes- y varios heridos graves entre los soldados y los contratistas israelíes. “Su uso es incluso más fácil que un videojuego”, afirma Yehoshua Kalisky, investigador sénior del Instituto Nacional de Estudios de Seguridad de Israel (INSS).
En la garita del control de llegadas del aeropuerto de Ereván, capital de Armenia, el policía examina con cuidado la documentación. La aprueba y planta el sello en el pasaporte del recién llegado. En ese sello ya no está el monte Ararat, la montaña que tanto significa en la historia del pequeño país del sur del Cáucaso. Hace menos de un año aparecía. Lo eliminó hace unos meses el Gobierno del primer ministro, Nikol Pashinián, el mismo que siempre luce un pin bien visible en su solapa con el contorno geográfico del país sin incluir Nagorno Karabaj, el enclave por el que ha habido tres guerras con Azerbaiyán desde que cayó la Unión Soviética en 1991.
Los pasajeros del crucero MV Hondius van regresando a sus países de origen, donde les esperan semanas de cuarentena. Pero tanto el tiempo como la forma de aislamiento dependen en función del país. La Organización Mundial de la Salud recomienda 42 días de seguimiento y cuarentena domiciliaria o en alguna instalación sanitaria, algo que está sujeto a distintas interpretaciones: países como Canadá han establecido en principio 21 días de aislamiento que serán posteriormente evaluados; Países Bajos los permite en casa con paseos al aire libre, mientras Grecia impone 45 días en un hospital con condiciones especiales.
Entre la prensa que se amontonaba con cámaras de mil tamaños y chalecos amarillos en el muelle para cubrir el minuto a minuto del puerto de Granadilla, había periodistas internacionales preguntando por sus compatriotas: alemanes, holandeses, australianos... Pero la nacionalidad más numerosa del crucero polar MV Hondius no tiene quién pregunte por ellos: son los 38 de Filipinas. Ninguno es viajero, pajarero o explorador, ya que todos forman parte de la tripulación del buque. De ellos, 24 son camareros o trabajadores de hostelería y 14 son personal de cubierta y máquinas y, por lo tanto, necesarios para la navegación del buque en su rumbo hacia Países Bajos.

La única incongruencia del despacho de Paco Guarido, alcalde de Zamora por Izquierda Unida (IU) y de 68 años, es que hay un Astérix y un Obélix en un estante pese a que a él le aburre el tópico de “aldea gala de la izquierda”. Lo demás, coherente, empezando por el politono de La Internacional de su teléfono. Hay una bufanda de Palestina, un viejo transistor, máscaras zamoranas y un señor canoso, campechano, con ropa cómoda. “Le dais demasiada importancia al personaje, yo soy uno más del grupo”, regaña amablemente ante su tirón, carne de titular: alcalde comunista en una ciudad conservadora que mantiene el sueldo de conserje escolar y a quien los vecinos paran por la calle. Guarido encara su último año de mandato, no de militancia, pues ha decidido apartarse y que este domingo se eligiera en asamblea al nuevo candidato de IU, el concejal Pablo Novo. “La gente valora que somos honrados y trabajadores”, aprecia, prometiendo “barrer la sede” si hace falta “y mirar obras como los jubiletas”.

Parece que fue hace un siglo cuando Pedro Sánchez quiso iniciar su mandato presidencial con la acogida a un barco cargado de náufragos. El resto de países, con la Italia de Salvini entonces a la cabeza del giro autoritario, se negaban a aceptar el desembarco del Aquarius con sus emigrantes extenuados y hambrientos. El Gobierno español se marcó un guiño de humanidad. En un mundo cargado de gestos brutales contra los pobres y desfavorecidos cabe aplaudir cada guiño de humanidad porque nos va el prestigio de especie en ello. Esta última semana fue noticia otro barco marcado por el desprecio generalizado. El MV Hondius rozaba Cabo Verde cuando se desató la alarma por el contagio de hantavirus entre su pasaje. El pánico condujo de nuevo a una precipitada reacción de desprecio por los valores humanos. En lugar de idear la fórmula más razonable para rescatar a los pasajeros comenzó una carrera desalmada por quitárselos de encima. Daba un poco de pena oír, como si eso fuera lo capital, que entre los atrapados en el barco había 14 de nacionalidad española. La acogida del Gobierno nos salvó de entregarnos a la profunda debacle moral. Ya Groucho Marx preguntó hace un siglo: ¿que si somos personas o roedores? Tire un trozo de queso al suelo y se lo demostraremos.
Un bizcocho de más de 100 años, perteneciente a la expedición del capitán Robert Falcon Scott, fue hallado en 2017 en la Antártida en excelente estado. Tuvieron que morir el propio Scott, Evans, Wilson, Bowers y Oates para que nos enterásemos de que el budín es comida de supervivencia. La sintonía podría ser Héroes de la Antártida, de Mecano, pero también Con las manos en la masa, de Vainica Doble. Las catástrofes no avisan; por eso nos pillan sucumbiendo a vicios inconfesables. Tuvieron que morir 14,9 millones de personas para que viésemos que los andamiajes de nuestra economía los sostienen las personas peor pagadas y que, llegado el colapso, lo único que nos preocupa es tener un arsenal de cerveza y papel para limpiarnos el trasero. Han tenido que fallecer dos personas entradas en años a causa de un virus despiadado para que el vulgo se entere de que existen “buques de expedición” a los que se suben turistas con muchísima pasta que pagan para que les hagan sentir que son biólogos (sin renunciar a menús con langosta y buenos postres). Los pingüinos no dan crédito cuando les ven llegar. El ya célebre MV Hondius era este tipo de embarcación. En lugar de una piscina con animadores bailando Georgie Dann, tiene una sala de conferencias científicas que se imparten en varios idiomas. Lo que nos lleva a descubrir un nuevo oficio: conferenciante de crucero. Los dos muertos por hantavirus eran un hombre y una mujer casados. Primero falleció él. Le metieron en una nevera quince días. En ese tiempo, su mujer estuvo recluida en su camarote hecha polvo, pero como la ciencia solo era una coartada para ver la Antártida, los expedicionarios no se alarmaron: “La señora estaba tan afectada que pensamos en la idea romántica de se murió de pena”, dijo uno. Lo que me lleva a recordar las palabras de otro: “Esto, para la gente que tiene cierta sensibilidad con los animales, es el mejor viaje posible, te permite ver un mundo sin humanos”. Ni personas.
Sorprendió que el pasado 30 de abril, cuando se debatió en el pleno del Congreso la reforma constitucional para blindar el derecho al aborto, Vox eligiera para intervenir en el debate a Joaquín Robles, portavoz en la Comisión de Educación, y no a Lourdes Méndez Monasterio, de la Comisión Constitucional. El primero es licenciado en Filosofía y profesor de instituto: la segunda, doctora en Derecho y veterana activista contra la interrupción voluntaria del embarazo. Fue su radical rechazo a la misma lo que le hizo en 2015, cuando era diputada del PP, romper la disciplina de voto de su grupo para acabar años más tarde ocupando un escaño por Vox.
El viernes 1 de mayo, festivo, la Guardia Civil puso en marcha un complejo dispositivo para asaltar un buque mercante que, según la información recibida, podía transportar en sus bodegas un gigantesco alijo de cocaína. En esa tarde, plácida para muchos, ocho guardias civiles uniformados de oscuro, con cascos y chalecos antibalas, desembarcaron del buque Duque de Ahumada del instituto armado a bordo de una lancha que les llevó hasta el barco que supuestamente llevaba la droga. Fue una hora de travesía en la que el oleaje zarandeaba la lancha, según registró en un vídeo otra embarcación auxiliar que participaba en el operativo. Hasta que, por fin, se colocaron en el costado del barco sospechoso, bautizado Arconian. El carguero, con el casco pintado de verde y rojo, y de una longitud similar a la de un campo de fútbol, navegaba frente a las costas de Dajla, a antigua Villa Cisneros, en el Sáhara Occidental, y a 200 millas náuticas (370 kilómetros) al sur de las islas Canarias.