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América, para los americanos (1): Panamá. En las últimas décadas, China ha ido afianzando su presencia en América Latina, desarrollando infraestructuras y mercados a través de la Franja y la Ruta. Al poco de tomar posesión, Trump lanzó el primer intento de arrebatar a las empresas chinas el control del canal de Panamá, arteria que conecta los océanos Atlántico y Pacífico. La presión dio sus frutos: a finales de enero la Corte Suprema panameña declaró inconstitucional el contrato de concesión otorgado en 1997 a una filial de la multinacional CK Hutchinson (con sede en Hong Kong) para operar los puertos de Balboa y Cristóbal. La ofensiva se inscribe en una lógica más amplia. Trump ha desempolvado y actualizado la doctrina Monroe: la Estrategia Nacional de Seguridad establece que Estados Unidos no tolerará potencias extranjeras en el hemisferio occidental —salvo países aliados—, y menos en su propio patio trasero. No será fácil. El Centro Brookings advierte de que la influencia económica de China sobre Sudamérica ha superado a la norteamericana; el último documento del Partido Comunista Chino sobre la región —publicado en 2025— pide además a los países latinoamericanos que apoyen la “reunificación nacional” —eufemismo para Taiwán— y se sumen al nuevo orden internacional de un “futuro compartido para la humanidad”. De modo paradójico, advierte el think tank, en la medida en que Washington se centre en el hemisferio occidental se arriesga a desviar los recursos que necesita en el escenario que realmente importa: el Indo-Pacífico.
En 1994 el matemático Peter Shor, hoy catedrático del MIT, anticipó un problema que no existía y eso lo hizo mundialmente famoso… entre los físicos. El algoritmo de Shor explicaba cómo un futuro ordenador cuántico podría romper varias de las técnicas criptográficas más utilizadas en la actualidad, como la de curvas elípticas o la factorización de grandes cifras en números primos. Esta última la explicaba la investigadora Alba Cervera a este periódico: “Multiplicar dos números primos es muy sencillo. Pero si nos dan el producto de esa multiplicación y tenemos que averiguar qué dos números primos multiplicados dan ese resultado, la operación puede resultar realmente compleja: una tarea que a un superordenador común, y dependiendo de lo grande que sea el número dado, le puede tomar miles de años resolver”. Shor mostró que un computador cuántico nos podía desnudar, rompiendo los sistemas de cifrado aún inexpugnables bajo los que operan las firmas digitales, Whatsapp, Bitcoin o buena parte del sistema financiero, y a ese momento en el que una tecnología fuera capaz de dejar los secretos del mundo al descubierto se le llamó el Día Q, por quantum (cuántico).
El programa nuclear iraní había sido destruido, según la Casa Blanca, en junio de 2025. Había que intervenir en Irán en febrero de 2026 porque estaba a punto de alcanzar la capacidad nuclear. La operación estaba siendo un éxito asombroso. No se sabía quién iba a ser el siguiente líder porque había algunos candidatos pero resulta que los habíamos matado. Había otros, pero quizá los habíamos matado también. ¿Quién iba a pensar que Irán iba a cerrar el estrecho de Ormuz si, como recuerda Ángeles Espinosa, la doctrina de guerra naval asimétrica de la Guardia Revolucionaria incluye desde hace 30 años la advertencia de que “si Irán es atacado, el estrecho no será seguro”? ¿Quién podría pensar que fuera imposible provocar un cambio de régimen con bombardeos aéreos cuando ese cambio había resultado imposible cada vez que se había intentado? ¿Y menos cuando llevaba tiempo preparándose para algo así? ¿Quién podía concebir que un ejército menos poderoso pudiera detener a uno más capacitado? ¿Cuándo había pasado en la historia? Desde luego nadie podía imaginar, después de unos años de guerra en Ucrania, que drones baratos fueran capaces de causar problemas a una potente máquina de guerra. Y mucho menos que una intervención tuviera consecuencias inesperadas. ¿Cuáles eran los objetivos de la guerra? Pues ninguno, uno, muchos, quién sabe. Pero ahora uno de los objetivos de la guerra era conseguir abrir el estrecho de Ormuz, que estaba abierto antes de iniciar la guerra. El broker del secretario de Defensa intentó invertir en defensa poco antes del ataque a Irán, según el Financial Times. El posible uso de información privilegiada le llevó a escoger un fondo que perdió dinero: tiene mérito. “No habría ningún problema en el estrecho si no fuera porque Irán dispara”, argumentó el secretario de Defensa, en modo Trampa 22. Una de las consecuencias de la guerra sería el aumento del precio de productos que vendían adversarios y enemigos. Otro de los efectos de la contienda era levantar las sanciones sobre el petróleo del país contra el que se estaba combatiendo. El presidente apuntaba “mejor digo operación militar”, porque una guerra requeriría la aprobación del Congreso. Estábamos a punto del pacto o del apocalipsis (para el enemigo). A punto del acuerdo o de bombardear las desalinizadoras. Cuando un periodista preguntó si anunciaban crímenes de guerra, la secretaria de Prensa le reprochó que sus preguntas se las pasaran “expertos”. Uno de los objetivos de la guerra ahora es salir como sea, aunque el estrecho de Ormuz siga cerrado.
En el primer episodio de Mad Men, el publicista Roger Sterling está reunido con los dueños de Lucky Strike, que empiezan a temer las injerencias del Gobierno. “Comprenda que debido a la manipulación de los medios”, dice Sterling, “el público tiene la impresión de que sus cigarrillos provocan ciertas enfermedades mortales”.
Mohamed Reda es un egipcio de mediana edad casado y con dos hijos adolescentes con los que se le cae la baba a chorro. Reda tiene dos carreras: Egiptología y Filología Hispánica, aunque chapurrea más idiomas que Duolingo, y trabaja 18 horas al día siete días a la semana pastoreando a turistas en un viaje de ensueño: cuatro noches de crucero por el Nilo y tres en un hotelazo de El Cairo descubriendo las maravillas de Egipto con los pulmones sin resuello ante tanta belleza y el corazón en un puño ante los niños descalzos, los ancianos paupérrimos y las montañas de basura que los rodean. A primera vista, Reda parece inmunizado ante una cosa y la otra. Callo le sobra. Gasta verbo de seda y voluntad de hierro. Hace un par de semanas, en pleno Ramadán, sin comer ni beber hasta las seis de la tarde habiéndose levantado a las dos de la mañana, llevaba derechos como a velas a un grupo de 25 españoles, cada uno de su padre, su madre y su hecho diferencial autonómico a cuestas, llamándolos a cada uno por su nombre y un genérico "habibi" (cariño) como si fueran de su familia. Lo sé porque yo era una de ellas.

Llevamos varias décadas nombrando, señalando y tratando de abordar el complejo fenómeno del acoso escolar. Campañas de sensibilización, charlas, protocolos de actuación. Sin embargo, cada curso volvemos a ser testigos de historias que muestran que la problemática sigue produciéndose con una intensidad preocupantemente similar. Quizá esto pueda tener que ver con que seguimos abordando el fenómeno desde algunas premisas que generan tranquilidad social, pero que resultan profundamente engañosas.
Los médicos que atendían a Mila Magnani (26 años, Ciudad de México) le decían que era imposible que tuviera síndrome de ovario poliquístico (SOP) porque era delgada. “Me explicaban que alguien con SOP debía tener sobrepeso y verse mal”, recuerda. Ni la fatiga, ni el acné, ni el vello visible en su cara o el retraso constante de su periodo encendieron las alertas necesarias para que alguien sospechara que tenía esta afección hormonal que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a una de cada siete mujeres, aunque se estima que el 70% de las que lo padecen no ha recibido un diagnóstico correcto. Magnani fue de las primeras personas en hablar al respecto en internet y “sin querer”, dice, se convirtió en un referente para miles de mujeres que se identificaron con su contenido. Hoy cuenta con más de medio millón de seguidores en TikTok y cerca de 200.000 en Instagram.
La gasolina sigue más cara que antes del inicio de la guerra en Oriente Próximo en cuatro de cada cinco gasolineras españolas. El diésel, en todas. Los españoles que han repostado durante la Semana Santa, la mayor Operación Salida del año, se han encontrado con los carburantes más caros que antes del conflicto: la gasolina costaba este miércoles un 5% más que el 27 de febrero y el diésel, un 30% más. No son los precios más altos del último mes: la gasolina llegó a subir un 23% y el diésel hasta un 37%, y solo se contuvieron con la rebaja fiscal que aprobó el Gobierno mediante decreto-ley el pasado 20 de marzo, que redujo el IVA de los combustibles del 21% al 10%.

Más vale tarde que nunca. Es lo que piensan Mari Carmen, Isabel y Eufrasia María, convertidas en las tres primeras mujeres que han entrado en los órganos de gobierno de la cofradía de la Santa Capilla de San Andrés de Jaén, una institución benéfico-religiosa creada allá por el año 1515 para el culto, la caridad y la enseñanza aunque en sus estatutos también se habla de “dotar a las doncellas para el matrimonio”.

