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Todavía no había amanecido y Moha y su grupo ya tenían una misión: tratar de que nadie en el pueblo se diera cuenta de que en dos baños públicos habían orinado 1.500 musulmanes. Y echaban cubetazos en los aseos con otra complicación extra: que sus padres no vieran una mancha en sus túnicas blancas recién estrenadas para el rezo del fin del Ramadán. Como si nunca hubieran estado allí, porque no saben si podrán volver a hacerlo.

No sé quién se inventa determinados términos, ni a qué intereses sirven, pero consiguen que todo dios (exagero; algunas personas sentimos alergia hacia ellos) los utilicen continuamente para explicar lo humano y lo divino. Especialmente la casta política. Y una parte notable de los medios de comunicación. Son expresiones como “el relato” y “la resiliencia”. Y respecto a los géneros artísticos, ahora se ha puesto de moda la autoficción.
Dirección: Pedro Almodóvar.
Intérpretes: Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Victoria Luengo, Patrick Criado, Milena Smit.
Género: drama. España, 2026.
Duración: 111 minutos.
Estreno: 20 de marzo.

Benita Castejón cita a primera hora de la mañana en El Templo del Maestro Joao, su tienda de esoterismo y consultorio de tarot en un popular barrio de Madrid aún no del todo engullido por la gentrificación. Un enorme local a pie de calle, atiborrado de anaqueles a rebosar de aceites esenciales, amuletos y sortilegios, y con varios retratos enmarcados de la propietaria cuando tenía nombre y aspecto de varón, realizados antes de que emprendiera su transición de género y tuviera DNI de mujer. Hablamos en el cuartito interior donde lee las cartas, aún más sobrecargado de atrezo para hechizos varios, a la luz de una vela led. No sabe una adónde mirar. Bueno, sí. Gasta un verbo tan hipnótico como su rostro, uno de esos de los que no puedes apartar la vista por la perfección quirúrgica de sus rasgos. Benita es, nunca mejor dicho, una mujer hecha a sí misma. Hace pocos meses que se ha sometido, además, a una mamoplastia, una vaginoplastia y otras operaciones para completar su transición de género. Se la ve a la vez hiperactiva y exhausta.

Benita Castejón (Madrid, 62 años) no tuvo ninguna duda cuando eligió nombre para su nuevo DNI con nombre y sexo de mujer en el Registro. Quiso llamarse Benita, como la madre que la parió y que la sacó adelante, a ella y a sus cuatro hermanos, en una chabola de las que aún quedaban barrios enteros en Madrid cuando ella era pequeña. Camarero, peluquero y transformista antes que tarotista, Benita alcanzó celebridad como polemista y vidente en un programa de televisión y, luego, como concursante de realities. Fue en 'Top chef' donde anunció a sus compañeros y a la audiencia, que había decidido emprender su transición de género hormonal y quirúrgica pasados los 60 años. Pudo morir, dice, pero volvería a hacerlo.
Los últimos beneficiarios de la clemencia de Donald Trump fueron cinco jugadores retirados de fútbol americano. Condenados por delitos de narcotráfico y perjurio, ingresaron el 12 de febrero en el abarrotado club de los indultados por el presidente de Estados Unidos tras su regreso a la Casa Blanca. En esa lista ya había milmillonarios de las criptomonedas, políticos republicanos, estrellas de la telerrealidad y hasta el expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años por complicidad en el contrabando de cientos de toneladas de cocaína a Estados Unidos.
Tras un alegato por “la unión”, “la paz” y “la libertad” del pueblo español, Santiago Abascal cerró su discurso con dos vivas, cada uno acompañado de un golpe de cabeza.
El consejo que acabó llevándose los titulares fue el del viernes, el extraordinario para aprobar las medidas frente a la guerra, que estuvo bloqueado más de dos horas por un plante de Sumar. Pero el que tuvo más carga política fue el del martes. Como estaba previsto, Carlos Cuerpo hizo un análisis de la situación económica y las consecuencias de la guerra. Y fue muy suave. Vino a decir que serían leves si la guerra es corta. No puso ningún dramatismo. Cuerpo es un técnico que ha dado el salto a la política, habla pausado, y evita hacer aspavientos. Después habló Yolanda Díaz, en tono más político, y pidió ponerle “alma” al mensaje hacia los ciudadanos que sufren las consecuencias. Y ahí Sánchez, que cerró el debate, lanzó, según varios de los presentes, unos de los discursos con más contenido político de fondo de los que le han escuchado sus ministros en estos casi ocho años.
Que Shakira encuentre un hueco en su agenda no es tarea fácil. Sentarse a hablar con la cantante colombiana, de 49 años, lleva meses de negociaciones. Desde hace un año, y le quedan meses por delante, está inmersa en una gira global que la ha llevado por medio planeta con un centenar de conciertos, hasta recaudar 420 millones de dólares (el tour más taquillero, aseguran, de la historia de un artista en español). Durante la entrevista cara a cara se muestra parlanchina, risueña, contenta. Su equipo marca como condición para la cita que la conversación gire en torno a esta etapa profesional y a sus tres décadas de carrera.




Cuatro décadas de trayectoria avalan a Suzanne Vega (Nueva York, Estados Unidos, 66 años), aunque sorprende ver que solo ha publicado 10 álbumes en estos 40 años. “De joven tuve una familia, dediqué mucho tiempo a criar a mi hija, y durante los últimos 10 años trabajé en el teatro, con un espectáculo basado en la vida de la escritora Carson McCullers. A finales de 2019 pensé que era hora de grabar un nuevo disco, y entonces llegó la covid”, afirma desde la habitación de un hotel en Francia. En la pantalla se la ve afable, con una camiseta de listas horizontales, su inconfundible flequillo rubio y unas gafas de pasta. El coronavirus es el tema que más sacará durante la charla: para explicar que su ciudad, Nueva York, ha cambiado a peor desde entonces; que llevó fatal los conciertos online durante el confinamiento y que ahora ya no firma discos después de cada actuación porque fue así como se contagió del virus dos veces. “Ahora lo hago antes”, afirma una artista a la que sigue encantando actuar en vivo. “Siempre he querido estar en un escenario desde niña, y siento que mi razón de existir es tocar para un público, pequeño o grande, da igual”.
Hace 20 años, todas las tardes después de la escuela en Latinoamérica o los fines de semana en España, los chicos sintonizaban Disney Channel para seguir la historia de Miley Stewart, una adolescente con una vida normal y una carrera oculta como estrella pop. Fueron miles quienes crecieron a su lado, de 2006 a 2011, con decenas de conciertos y éxitos musicales, merchandising con su rostro y dos películas de éxito en taquilla. La actriz detrás de ese personaje, Miley Cyrus (Tennessee, 33 años), se convirtió en la principal estrella Disney, símbolo de una industria hoy extinta, que tuvo su época dorada en las primeras décadas de este siglo.
En un tiempo donde el periodismo atraviesa una encrucijada que determinará tanto su propia supervivencia como la de las libertades y las democracias, los Premios Ortega y Gasset de Periodismo celebran a tres referentes globales de “honestidad, valentía, ética y oficio”. Mediante una edición extraordinaria con motivo de los primeros 50 años de vida de EL PAÍS, que se cumplirán el próximo 4 de mayo, los galardones que otorga anualmente este periódico desde 1984 y son los más prestigiosos del periodismo en español honrarán las trayectorias de Svetlana Alexiévich, Sergio Ramírez y Martin Baron.
