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Puede que Inglaterra le robara la pelota durante una hora, pero lo que nunca perdió Argentina fue la identidad. Primero, la resistencia a la derrota desde el primer minuto cuando Paredes con su entrada a Bellingham inició la estratagema colectiva de dejar un recado a cualquier inglés que fuera a una disputa. Luego vino la negativa a doblar la rodilla con un acoso y derribo liderado por Messi que le dio el 88% de posesión desde que Gordon estableció el 1-0 en el minuto 54. El zurdo Messi es hoy el máximo exponente del grueso cordón umbilical que une al fútbol argentino y al español desde principios del siglo XX. Llegó a España con 13 años y creció y se expandió al mundo desde el Barcelona. Cuatro generaciones de españoles le han visto en su esplendor y ahora contemplan sus emocionantes últimos coletazos en este Mundial.
Si existiera una ciudad en la que hubiera 300 días de sol al año, temperaturas invernales que oscilan entre los 10 y los 20 grados, playas infinitas de arena dorada, un centro histórico milenario, la posibilidad de hacer todas sus compras y gestiones sin tener que coger el coche y, todo ello, mirando siempre al mar porque el mar encuadra todos los horizontes, ¿no le gustaría vivir en ella? Pues bien, esa ciudad existe, se llama Cádiz y es la capital de provincia que más población ha perdido de todo el territorio nacional en las últimas décadas. De 2000 a hoy, un 20% de los habitantes de Cádiz se ha ido a vivir fuera de Cádiz. Solo de 2024 a 2025, la ciudad perdió 1.057 residentes, situándose en un total de 110.123. En todas las estadísticas poblacionales del INE, ocupa el primer lugar en España en sangría demográfica. El paraíso existe, pero se está quedando vacío.

Cuando a Javier del Río le preguntan a qué se ha dedicado en la vida, no responde con un oficio. “A vivir”, dice. “A vivir todo el rato, todo el rato muy fuerte”. Después vienen los trabajos, los viajes, los cambios de rumbo: estudió cámara de televisión y reporterismo gráfico, grabó partidos de fútbol y conciertos, se fue a Inglaterra, luego a Australia con tres amigos y una furgoneta, pasó temporadas en Ibiza, se rapó las rastas para que le dejaran trabajar como profesor de golf en un campo de Murcia y acabó viviendo de ese deporte en Madrid.

Todo un ritual doméstico ha desaparecido en un par de décadas: el ring del teléfono fijo, la carrera hasta contestar y, finalmente, el acto de hablar enredando el cable en el dedo. Mientras hubo cable, claro. Dependiendo de la gestualidad y el tono, la conversación podía acaparar la atención de todos los presentes. La privacidad era un asunto menor. Al terminar se colgaba y la vida seguía. No se llevaba uno en el bolsillo la conversación con infinita posibilidad de réplica. La charla, con principio y fin, casi siempre transcurría en un rinconcito equipado con algo de confort para asentar las ideas.

En 2018, la plataforma change.org recogió 21.734 firmas reclamando la creación de un monumento a los Tercios de la Monarquía Hispánica “para inmortalizar la figura de los soldados que, de forma anónima, cambiaron el devenir de los hechos” en los siglos XVI y XVII. Ocho años después, cumplido el objetivo de recaudar buena parte del dinero necesario, la gigantesca escultura de bronce ―rozará los seis metros altura con el pedestal― está terminada, pero guardada en un almacén de Arganda del Rey (Madrid), porque las cuatro asociaciones que la promovieron no se ponen de acuerdo sobre dónde colocarla: en la Castellana madrileña, cerca del Bernabéu, o enfrente al monasterio de San Lorenzo de El Escorial, en su lonja.





Pregunta. Voy a comprar una vivienda en pésimo estado por 100.000 euros y realizar una reforma total (sin ampliar la zona habitable) con un coste de 150.000 euros para venderla por 300.000. Según la Agencia Tributaria, la ganancia patrimonial sería de 200.000. He escuchado que existe la posibilidad de realizar algún acto ante notario en el que incluir el valor de la reforma como coste. Me gustaría saber si esto es legal. F. Villalba
Hemos venido a dormir en un hotel cinco estrellas cuando aún no están puestas todas las alfombras y no se han terminado de desembalar los muebles, las cuberterías y las porcelanas. Todo está casi a punto, pero en el universo del lujo el casi no se tolera. Así que continuamente el personal del hotel pide disculpas mientras hace sus labores habituales y otras que les van cayendo. El concierge puede reservar una cena al tiempo que limpia una mesa o atornilla el mobiliario de la terraza, y el sumiller, maridar los menús mientras supervisa el estado de las cortinas.

El pan de pita cuenta con la maravillosa versatilidad de actuar como recipiente para múltiples rellenos (y otras cosas). Ya lo vimos con el de cordero, con el de falafel y con los arayes de carne. La opción que traemos hoy es mucho más simple y socorrida para días en los que cocinar se hace un poco cuesta arriba –algo frecuente en estos días de derretimiento.

En EGB tenía un amigo con el que quedábamos las tardes de julio para jugar al MarioKart y al HeroQuest. Decía que de mayor quería ser diseñador de montañas rusas. En su casa tenían dinero, y cada verano sus padres lo llevaban a Eurodisney, a Disney World o a Japón. Con mi familia nos íbamos a pescar a un pantano de Huesca, que también estaba superbién, pero no era lo mismo. Hoy especula con trufas y hace surf entre tiburones en Australia. Me desvío. El caso es que siempre fue un fanático de las emociones fuertes.